Contaminacion interplanetaria, un tema que preocupa la los científicos

Algunas políticas para proteger la luna, Marte y otros lugares del sistema solar de la contaminación por las visitas de las misiones pueden ser demasiado estrictas.

Esa es la conclusión de un panel de 12 expertos encargado por la NASA para revisar las directrices internacionales voluntarias para evitar que las misiones espaciales contaminen otros mundos con vida terrenal, y viceversa. Estas pautas son recomendaciones de la organización científica internacional COSPAR, que durante décadas ha establecido y revisado políticas para las naciones con capacidad espacial (SN: 1/10/18).

Con la NASA enviando una misión de recolección de muestras a Marte el próximo año (SN: 19/11/18), y otras agencias gubernamentales y compañías privadas que también se preparan para viajes a la luna (SN: 11/11/18), pautas de protección planetaria » necesitan urgentemente una actualización «, dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misión Científica de la NASA, en una teleconferencia que coincidió con el lanzamiento de la revisión el 18 de octubre. «Queremos respetar la integridad de los lugares a los que vamos y proteger nuestro planeta» de cualquier contaminante que pueda ser devuelto, dice. Pero el informe encontró que las reglas actuales podrían hacer que las futuras misiones sean innecesariamente complejas o costosas.

Por ejemplo, las pautas actuales tratan a la luna entera como un sitio potencialmente interesante para investigar los orígenes de la vida. Eso significa que cada misión de aterrizaje debe presentar documentación a COSPAR detallando dónde fue y qué hizo. Pero, aparte de algunas regiones, como el polo sur lunar que puede tener depósitos de hielo de agua (SN: 22/7/19), la luna tiene poco interés por investigar la evolución química de la vida, dijo el presidente del panel y científico planetario Alan Stern de Southwest Research Institute en Boulder, Colorado, durante la teleconferencia. Muchos lugares pueden no necesitar protección.

Al menos un astrobiólogo advirtió, sin embargo, que no relaje demasiado las pautas actuales. El aterrizaje de naves espaciales en áreas consideradas estériles aún podría contaminar áreas potencialmente interesantes para la astrobiología, dice John Rummel del Instituto SETI en Mountain View, California. Si una sonda lunar se estrella en la superficie de la luna, «terminas con material que es llevado a atmósfera lunar y depositada en las trampas frías en el sur y el norte de todos modos «, dice. «Ni siquiera tiene que aterrizar en el polo sur para afectarlo».

En su informe, el panel de revisión también recomendó reevaluar los riesgos de contaminación en Marte. Las misiones al Planeta Rojo se han diseñado para cumplir con estándares rigurosos de esterilización que a menudo implican exponer los componentes de la nave espacial al calor, a los productos químicos o a la radiación fuerte. Pero los experimentos han sugerido que los microbios de la Tierra probablemente tendrían dificultades para sobrevivir y extenderse en muchas partes de Marte. Por lo tanto, tal limpieza profunda puede no ser necesaria, según el informe.

El informe sugiere que áreas específicas de Marte deben identificarse como zonas de alta prioridad para buscar vidas pasadas o presentes. Otras áreas podrían designarse como zonas de exploración humana, donde los microbios traídos por los astronautas no plantearían tal problema. «Si bien algunos lugares en Marte tienen un gran interés por comprender el potencial de la vida pasada en Marte, o incluso el desarrollo prebiótico de la vida … no todos los lugares en Marte tienen ese potencial», dijo Stern.

El astrobiólogo Alberto Fairén de la Universidad de Cornell agradece la posibilidad de agregar matices a las pautas de protección «extremadamente restrictivas» para Marte. Él y sus colegas recomendaron algunas zonas de astrobiología de alta prioridad en Advances in Space Research en marzo, incluidos lagos de agua líquida posiblemente ocultos debajo de las capas de hielo (SN: 17/12/18).

Rummel, del Instituto SETI, tiene una visión más conservadora. «Indudablemente, hay lugares en Marte donde los microbios de la Tierra no van a crecer», dice. El problema es entender a Marte con suficiente detalle para saber dónde están esos puntos con total confianza. «No sabemos lo suficiente sobre Marte, en mi opinión».

Más allá de reevaluar los riesgos de contaminar la superficie marciana, el informe de la NASA también considera las reglas para devolver las muestras a la Tierra. Las pautas actuales estipulan que las rocas del planeta rojo deben esterilizarse o someterse a pruebas de riesgo biológico antes de que puedan entregarse para su análisis. Dichas precauciones «carecen de una base completamente racional», considerando cuánto material marciano ha aterrizado ya en la Tierra, dice el informe. «La Tierra y Marte han estado intercambiando meteoritos durante miles de millones de años sin absolutamente ninguna protección planetaria», señaló Stern.

La NASA ahora considerará el informe al actualizar sus propios estándares de práctica para la protección planetaria, pero el proceso para incorporar estas sugerencias en las pautas de COSPAR «no está bien definidas», dice el informe.

El Firmamento

Una nueva hipotesis sobre la Expansion de la Vida en el Universo

Durante más de un siglo, los defensores de la teoría de la Panspermia han argumentado que la vida podría extenderse por nuestra galaxia a través de cometas, asteroides, planetoides e incluso polvo espacial. Más recientemente, sin embargo, los científicos han empezado a pensar que este «método de distribución» podría no limitarse solo a los diferentes sistemas estelares de nuestra Vía Láctea, sino que podría extenderse mucho más allá, incluso a una escala intergaláctica.

Según la visión más extendida, los escombros lanzados al espacio por el impacto de cometas y asteroides contra un mundo habitado podrían viajar, en una suerte de carambola cósmica, hasta otros planetas y establecerse allí, extendiendo así la vida. Según muchos, esa habría podido ser, precisamente, la forma en que los primeros organismos vivientes llegaron a la Tierra.

Pero ahora, los astrónomos de la Universidad de Harvard Amir Siraj y Abraham Loeb examinan, en un estudio recién publicado en arXiv.org, los desafíos que ese sistema representa, y proponen una alternativa: objetos interestelares parecidos a Oumuamua o al más reciente 2I/ Borisov, que en vez de chocar pasaran «rozando» la Tierra, se impregnaran de microbios terrestres en su atmósfera y se los llevaran después al espacio profundo, a otros sistemas estelares de la Vía Láctea o incluso más allá, hasta galaxias distantes.

Basta con rozar

Según los dos investigadores, la versión tradicional de la Panspermia requiere que los impactos proporcionen a las rocas que salen despedidas (con su preciosa carga biológica a bordo) la energía suficiente para escapar primero del campo gravitacional de la Tierra, y después de la atracción gravitatoria del propio Sistema Solar. Algo que no resulta fácil. La roca en cuestión, en efecto, solo podría salir de nuestro planeta si fuera lanzada a una velocidad superior a los 11,2 km/s (que es la velocidad de escape de la Tierra), y necesitaría moverse mucho más rápido, a más de 42,1 km/s, para conseguir escapar del Sistema Solar.

Además, según explicó Siraj a la revista Universe Today «estos desechos a menudo son bastante pequeños y proporcionan escasa protección contra la letal radiación a la que se vería expuesto cualquier microbio durante su largo viaje espacial».

Por eso, Siraj y Loeb decidieron averiguar si sería posible que cometas de largo periodo u objetos interestelares (del tipo de Oumuamua o 2I/ Borisov) propagaran la vida sin necesidad de tener que superar estos problemas. Para ello, bastaría con que estos objetos «rozaran» la Tierra, atravesando su atmósfera y recogiendo microbios, para salir despedidos después con su preciada carga a toda velocidad debido al efecto de «honda gravitacional», una maniobra de aceleración muy utilizada por las naves terrestres de exploración desde hace décadas y que permitiría a esas rocas salir fácilmente del Sistema Solar.

Otra ventaja de estos objetos, mucho más grandes que las rocas que salen volando tras un impacto es, según explica Siraj, que su tamaño «permitiría que los microbios queden atrapados en las grietas y rincones y consigan así una protección sustancial contra la radiación, de forma que puedan estar vivos cuando encuentren otro sistema planetario».

A 77 km de altitud

Ahora bien, ¿cuál es la probabilidad de que un objeto así roce realmente la Tierra?

Para responder a esa pregunta, los investigadores se basaron en las tasas observadas de cometas de largo periodo y objetos interestelares para calcular la cantidad de veces que algo así habría podido suceder en los cerca de 4.500 millones de años que tiene la vida terrestre. Y llegaron a la conclusión de que en todo ese tiempo aproximadamente entre uno y 10 cometas de periodo largo y entre uno y 50 objetos interestelares habrían podido acercarse lo suficiente como para «exportar» a otros lugares vida microbiana recolectada directamente de la atmósfera terrestre.

Estas cifras, sin embargo, son muy conservadoras, ya que solo tienen en cuenta a los objetos que hayan podido atravesar la atmósfera a una altura máxima de 77 km, que es el límite en el que los científicos han encontrado organismos vivos. Pero si la vida terrestre aún pudiera darse a una altura atmosférica un poco mayor, unos 100 km, entonces el número de posibles «eventos de exportación» se elevaría a más de 100.000.

Hasta otras galaxias

«Un aspecto emocionante de nuestro estudio -explica Siraj- es que proporciona un proceso concreto para expulsar del Sistema Solar grandes rocas cargadas de microbios de la Tierra. Los procesos dinámicos de estas rocas que quedan atrapados en otros sistemas planetarios han sido descritos anteriormente, por lo que este trabajo cierra el ciclo, en cierto sentido, para un proceso concreto por el cual la vida podría haber sido transferida de la Tierra a otros planetas».

A partir de ahora, cuando un nuevo objeto interestelar como Oumamua o 21/ Borisov cruce a toda velocidad nuestro sistema solar, nos preguntaremos si está transportando vida a algún lejano planeta y si, de la misma forma, la vida de la Tierra puede haber llegado ya hasta otras estrellas, o incluso hasta otras galaxias. Desde luego, resultaría cuando menos irónico que, después de haber buscado vida extraterrestre durante tanto tiempo, termináramos descubriendo que esa vida procede del mismo mundo en que nacimos…

Fuente ABC

Hallan en la Tierra evidencias de vida de hace 3500 millones de años

Aunque la ciencia ha avanzado mucho, la pregunta «¿de dónde venimos exactamente?» todavía no ha podido ser contestada del todo. Cómo fueron esos primeros seres con vida es una cuestión a la que los investigadores Raphael Baumgartner, del Centro Australiano de Astrobiología y Martin Van Kranendonk, Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), llevan años dedicados. Ahora, según explican en un estudio recientemente publicado en la revista «Geology», tienen una nueva pista y un método pionero para saber qué ocurrió en la Tierra durante sus primeros pasos biológicos.

Los científicos han encontrado restos microbianos excepcionalmente conservados en algunas de las rocas más antiguas del planeta, concretamente en Australia Occidental. Los investigadores de la UNSW descubrieron la materia orgánica en los estromatolitos (estructuras microbianas fosilizadas) de la antigua Formación Dresser, en la región de Pilbara. Aunque muchos han apuntado al origen biológico de esos estromatolitos desde su descubrimiento en la década de 1980, esta teoría no ha podido ser probada hasta hoy.

«Este es un descubrimiento emocionante: por primera vez, podemos mostrar al mundo que estos estromatolitos son la evidencia definitiva de la vida más temprana en la Tierra», afirma en un comunicado Baumgartner. Su colega y coautor, Van Kranendonk, asegura que el descubrimiento es el intento más certero para demostrar la existencia de una vida tan antigua. «Esto representa un avance importante en nuestro conocimiento de estas rocas, en la ciencia de las investigaciones de la vida temprana en general y, más específicamente, en la búsqueda de vida en Marte. Ahora tenemos un nuevo objetivo y una nueva metodología para buscar rastros de vida antiguos», continúa Van Kranendonk.

La dificultad del estudio

Los estromatolitos en la Formación Dresser generalmente se obtienen de la superficie de la roca y, por lo tanto, están muy degradados. Para este estudio, los científicos trabajaron con muestras que se tomaron bajo el perfil de meteorización, donde las huellas biológicas están excepcionalmente bien conservados. «Observar las muestras del núcleo de perforación nos permitió ver una instantánea perfecta de la vida microbiana antigua», afirma Baumgartner.

Utilizando una variedad de herramientas y técnicas microanalíticas de vanguardia, que incluyen microscopía electrónica de alta potencia, espectroscopía y análisis de isótopos, el equipo descubrió que los estromatolitos están compuestos esencialmente de pirita, un mineral que a menudo se confunde con el oro aunque no tiene apenas valor. Sin embargo, lo que sí contiene es materia orgánica.

Los investigadores dicen que tales restos nunca antes se habían observado en la Formación Dresser, y que ver la evidencia al microscopio fue increíblemente emocionante. «Me sorprendió bastante: nunca esperamos encontrar todas estas pruebas al principio del proyecto. Recuerdo la noche en el microscopio electrónico donde finalmente descubrí que estaba mirando restos de biopelículas. Creo que fue alrededor de las once de la noche cuando tuve ese momento ‘eureka’, y me quedé hasta las tres o las cuatro de la madrugada, solo tomando imágenes e imágenes, porque estaba muy emocionado. Perdí totalmente la noción del tiempo», explica Baumgartner.

Pistas para buscar vida en Marte

Hace poco más de dos años, la colega de Baumgartner, Tara Djokic, candidata a doctorado de la UNSW, encontró estromatolitos en depósitos de aguas termales en la misma región, retrasando la existencia de vida microbiana en la Tierra en 580 millones de años, hasta los 3.480 millones de años. «Nuestro descubrimiento no solo aumenta la antigüedad de la vida de las aguas termales, además indica que la vida estaba presente sobre la superficie terrestre mucho antes de lo que se pensaba», explicaba Djokic. De hecho, hasta ahora los restos más antiguos de vida en tierra firme eran los que están en Sudáfrica y tienen entre 2.700 y 2.900 millones de años.

«Los principales hallazgos de Tara fueron estos depósitos excepcionales de geyserita que indican que ha habido géiseres en esta área y, por lo tanto, expulsiones de fluidos en la superficie expuesta de la tierra», afirma Baumgartner.

Su estudio se centró en el entorno geológico más amplio del paleoambiente, apoyando la teoría de que la vida se originó en tierra, en lugar de en el océano, mientras que el estudio de Baumgartner profundizó en los detalles más finos de las estructuras de estromatolitos del área. Sin embargo, ambos sirven para responder la misma pregunta que el hombre se plantea desde que tiene conciencia: «¿ De dónde viene la humanidad?».

«Comprender dónde podría haber surgido la vida es realmente importante para entender nuestra ascendencia. Y a partir de ahí, podría ayudarnos a asimilar dónde más podría haber ocurrido la vida, por ejemplo, dónde se inició en otros planetas». De hecho, en agosto, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) pasaron una semana en la zona con Van Kranendonk para recibir capacitación especializada en la identificación de signos de vida en estas mismas rocas antiguas.

Fue la primera vez que el geólogo compartió las ideas de la región con un equipo dedicado de especialistas en Marte, un grupo que incluye a los jefes de la NASA y las misiones ESA Mars 2020. «Es profundamente satisfactorio que las rocas antiguas de Australia y nuestro conocimiento científico estén haciendo una contribución tan significativa a nuestra búsqueda de vida extraterrestre y descubriendo los secretos de Marte», señala Van Kranendonk.

Fuente ABC

A que velocidad de expande el Universo?

Los astrónomos han sabido durante casi un siglo que el universo se está expandiendo, lo que significa que la distancia entre las galaxias en todo el universo es cada vez más vasta. Pero exactamente a qué velocidad se está estirando el espacio, un valor conocido como «constante de Hubble», se ha mantenido esquivo.

Ahora, la profesora de la Universidad de Chicago Wendy Freedman y sus colegas tienen una nueva medida de la tasa de expansión en el universo moderno, lo que sugiere que el espacio entre las galaxias se está extendiendo más rápido de lo que los científicos podrían esperar.

Es uno de varios estudios recientes que apuntan a una discrepancia entre las mediciones de la expansión moderna y las predicciones basadas en el universo como lo fue hace más de 13 mil millones de años, según lo medido por el satélite Planck de la Agencia Espacial Europea.

A medida que más investigaciones apuntan a una discrepancia entre las predicciones y las observaciones, los científicos están considerando si pueden necesitar un nuevo modelo para la física subyacente del universo para explicarlo.

En un nuevo artículo aceptado para su publicación en The Astrophysical Journal, Freedman y su equipo anunciaron una nueva medición de la constante de Hubble utilizando una especie de estrella conocida como gigante roja. Sus nuevas observaciones, realizadas utilizando el telescopio espacial Hubble, indican que la tasa de expansión para el universo cercano es de poco menos de 70 kilómetros por segundo por megaparsec. Un parsec es equivalente a 3.26 años luz de distancia.

Esta medida es ligeramente más pequeña que el valor de 74 km/s/Mpc recientemente informado por el equipo del Hubble SH0ES (Supernovae H0 para la Ecuación del Estado) que utiliza variables Cefeidas, que son estrellas que pulsan a intervalos regulares que corresponden a su brillo máximo.

Este equipo, liderado por Adam Riess de la Universidad Johns Hopkins y el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial de Baltimore, Maryland, informó recientemente que refinó sus observaciones con la mayor precisión hasta la fecha para su técnica de medición de la distancia de las Cefeidas.

Un desafío central en la medición de la tasa de expansión del universo es que es muy difícil calcular con precisión distancias a objetos extremadamente distantes.

En 2001, Freedman dirigió un equipo que usó estrellas distantes para realizar una medición histórica de la constante del Hubble. El equipo midió el valor utilizando variables Cefeidas como marcadores de distancia. Su programa concluyó que el valor de la constante de Hubble para nuestro universo era de 72 km por segundo por megaparsec.

Pero más recientemente, los científicos adoptaron un enfoque muy diferente: construir un modelo basado en la estructura ondulante de la luz que quedó del big bang, que se denomina Fondo Cósmico de Microondas. Las mediciones de Planck les permiten a los científicos predecir cómo el universo temprano probablemente se habría convertido en la tasa de expansión que los astrónomos pueden medir hoy.

Los científicos calcularon un valor de 67,4 km/s/Mpc, en desacuerdo significativo con la tasa de 74,0 km/seg/Mpc medida con estrellas Cefeidas.

El equipo de Freedman trató de verificar sus resultados estableciendo un camino nuevo y completamente independiente hacia la constante de Hubble utilizando un tipo de estrella completamente diferente.

Ciertas estrellas terminan sus vidas como una clase muy luminosa llamada gigante roja, una etapa de evolución en la que nuestro Sol experimentará miles de millones de años a partir de ahora. En cierto punto, la estrella sufre un evento catastrófico llamado flash de helio, en el que la temperatura aumenta a unos 100 millones de grados y la estructura de la estrella se reorganiza, lo que en última instancia disminuye dramáticamente su luminosidad.

Los astrónomos pueden medir el brillo aparente de las estrellas gigantes rojas en esta etapa en diferentes galaxias, y pueden usar esto como una forma de determinar su distancia.

La constante de Hubble se calcula comparando los valores de distancia con la velocidad recesiva aparente de las galaxias objetivo, es decir, a qué velocidad parecen alejarse las galaxias. Los cálculos del equipo dan una constante de Hubble de 69.8 km / seg / Mpc, que abarca los valores derivados de los equipos de Planck y Riess.

«Nuestra idea inicial fue que si hay un problema que resolver entre las Cefeidas y el Fondo de Microondas Cósmico, entonces el método de la gigante roja puede ser el factor de desempate», dijo Freedman.

Pero los resultados no parecen favorecer fuertemente una respuesta sobre la otra, dicen los investigadores, aunque se alinean más estrechamente con los resultados de Planck.

La próxima misión de la NASA, el Wide Field Infrared Survey Telescope (WFIRST), que se lanzará a mediados de la década de 2020, permitirá a los astrónomos explorar mejor el valor de la constante de Hubble a través del tiempo cósmico. WFIRST, con su resolución similar al Hubble y su vista del cielo 100 veces mayor, proporcionará una gran cantidad de nuevas supernovas de Tipo Ia, variables de Cefeidas y estrellas rojas gigantes para mejorar fundamentalmente las mediciones de distancia a galaxias cercanas y lejanas.

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Estas galaxias se seleccionaron de un programa del Telescopio Espacial Hubble para medir la tasa de expansión del universo, llamada la constante de Hubble.

El valor se calcula comparando las distancias de las galaxias con la tasa aparente de recesión (debido a los efectos relativistas de la expansión del espacio). Al comparar el brillo aparente de las estrellas gigantes rojas de las galaxias con los gigantes rojas cercanas, cuyas distancias se midieron con otros métodos, los astrónomos pueden determinar a qué distancia están cada una de las galaxias anfitrionas.

Esto es posible porque las gigantes rojas son marcadores de distancia confiables, porque todas alcanzan el mismo brillo máximo en su evolución tardía. Esto puede ser usado como una «vela estándar» para calcular la distancia. La exquisita nitidez y sensibilidad del Hubble permitió que se encontraran gigantes rojas en los halos de las galaxias anfitrionas. La fila central muestra el campo de visión completo del Hubble. La fila inferior se aleja aún más en los campos del Hubble. Las gigantes rojas son identificados por círculos amarillos.

Crédito: NASA, ESA, W. Freedman (Universidad de Chicago), ESO.