Descubren una gran masa ferrosa en la cara oculta de la Luna

Una misteriosa y enorme masa con alto contenido metálico acaba de ser descubierta bajo la superficie de la Luna, enterrada bajo el mayor cráter de impacto del Sistema Solar, la cuenca Aitken, en el polo sur de nuestro satélite, que tiene un diámetro de 2.500 km y 12 km de profundidad.

El increíble hallazgo, publicado esta misma semana en la revista Geophysical Research Letters, ha sido realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Baylor, en Tejas.

«Imagine que cogemos una pila de metal cinco veces mayor que Isla Grande (la mayor del archipiélago de Hawaii, con una superficie de 10.430 km cuadrados) y la enterramos bajo tierra -dice Peter B. James, profesor de geofísica planetaria y autor principal del estudio-. Esa es, aproximadamente, la cantidad de masa inesperada que hemos encontrado».

El enorme cráter, que tiene forma ovalada, no es visible desde la Tierra porque se encuentra en la cara oculta de la Luna. Los investigadores consiguieron localizar la misteriosa masa metálica midiendo los sutiles cambios de la fuerza gravitatoria de la Luna, que cambia de región a región. Para ello utilizaron datos de las naves que la NASA utiliza en su misión GRAIL (Gravity Recovery and Interior Laboratory).

«Cuando combinamos eso con los datos de la topografía de la Luna del Lunar Reconnaissance Orbiter -prosigue el investigador- descubrimos una cantidad de masa inesperadamente grande a cientos de km bajo la cuenca Aitken. Una de las posibles explicaciones para esta masa adicional es que el metal que contenía el asteroide que formó el cráter sigue ahí, incrustado en el manto de la Luna».

¿El núcleo de un asteroide?

«Sea lo que sea y venga de donde venga», esa enorme y densa masa ha hundido la base de la cuenca más de 800 metros, afirma James. Las simulaciones informáticas de grandes impactos de asteroides sugieren que, si se dan las condiciones adecuadas, el núcleo de hierro y níquel de un asteroide puede dispersarse en el manto superior (la capa entre la corteza y el núcleo lunar) durante un impacto.

«Hicimos los cálculos y mostramos también que si el núcleo metálico del asteroide que hizo impacto está lo suficientemente disperso, podría permanecer suspendido en el manto de la Luna hasta el día de hoy, en lugar de hundirse hasta su núcleo».

Sin embargo, también existe la posibilidad de que la misteriosa masa metálica se deba a una concentración de óxidos asociada a la última etapa de solidificación del océano de magma lunar. Según James, la cuenca Aitken, que se formó hace unos 4.000 millones de años es el mayor de los cráteres que existen en el Sistema Solar. Si los ha habido mayores en alguna parte, incluída la Tierra, sus rastros se han borrado, perdidos en la noche de los tiempos.

Para este investigador, la gran cuenca selenita es «uno de los mejores laboratorios naturales que existen para estudiar eventos de impacto catastrófico, un proceso antiguo que dio forma a todos los planetas rocosos y lunas que podemos ver en la actualidad».

Fuente ABC

Adios al Telescopio Splitzer

Lanzado el 25 de agosto de 2003 el telescopio espacial Spitzer fue el último de los grandes observatorios de la NASA en ser lanzado, tras el telescopio espacial Hubble (1990), el Observatorio de Rayos Gamma Compton (1991) y el Observatorio Chandra de Rayos X (1999).

Estaba diseñado para una misión de dos años y medio, aunque se esperaba que pudiera durar más mientras el el helio líquido que llevaba a bordo para refrigerar sus instrumentos no se acabara. Y de hecho el helio duró hasta el 15 de mayo de 2009, con lo que casi dobló las previsiones iniciales. Pero aún así el Spitzer sigue en servicio, ya que dos de los sensores de su cámara de infrarrojos son capaces de funcionar sin refrigeración. Así que aunque ya no tiene la sensibilidad original de cuando trabajaba refrigerado el Spitzer sigue produciendo datos.

A lo largo de su carrera ha acumulado cerca de 110.000 horas de observaciones y ha sido citado expresamente en más de 8.000 trabajos científicos. Sus logros incluyen la observación de uno de los planetas extrasolares más lejanos que hayamos encontrado hasta la fecha, a unos 13.000 años luz de nosotros, la primera imagen directa de un planeta extrasolar, o el anillo más grande de Saturno.

Quince años de logros


Quince años de logros del Spitzer, celebrados en 2018 – NASA

Pero ya en 2017 la NASA decía que el coste de mantenerlo en funcionamiento –unos 11 millones de dólares en 2018– estaba empezando a no compensarle. Así que pidió propuestas de instituciones que quisieran hacerse cargo del Spitzer.

Lamentablemente ninguna de ellas ha dado frutos, con lo que la agencia anunciaba hace poco que el 30 de enero de 2020 el Spitzer será apagado. Eso sí, como el Spitzer quedará en órbita siempre es posible –aunque poco probable– que en el futuro pueda ser puesto de nuevo en marcha.

La Gran Mancha Roja desaparece

Cada vez conocemos mejor el espacio y a nuestros vecinos planetarios, aunque a veces los hallazgos tienen un sabor más bien melancólico (o directamente se trata de cosas que ya ni existen). Y lo último que se está apuntando es que la desaparición de la Gran Macha Roja de Júpiter se puede producir antes de lo que se esperaba.

Sobre ella hablamos en detalle, siendo una de sus características precisamente su larga vida, dado que llevamos observándola más de 300 años (si fuese Robert Hooke el primero como se cree, 354 años). Pero las últimas estimaciones apuntan a que estaríamos viviendo los últimos años de esta monstruosa tormenta que ha sido un característico broche rojo del gigante de nuestro vecindario.

Gracias a la sonda Juno que orbita el Gigante Gaseoso tenemos impresionantes imágenes de Júpiter y también información muy valiosa. De hecho, hace unas semanas conocíamos mejor a esta Gran Mancha gracias a los instrumentos de la sonda, sabiendo que su tamaño es 50 y 100 veces más profunda que los océanos terrestres y que las temperaturas en ella son mucho más altas en la base que en la superficie.

Mancha Roja Capas

Esquema de la detección a seis niveles de los sensores de microondas de Juno en la mancha. (Crédito: NASA/JPL-Caltech/SwRI)

Se ha estudidado cuál era el posible mecanismo de formación de la misma, hablando de un trabajo que se publicaba en Nature que explicaba de la interacción entre las dos atmósferas del planeta (superior e inferior). Concretamente, la permanencia de la tormenta se debe a que hay dos corrientes enormes que se mueven en direcciones opuestas y la mantienen estable.

Glenn Orton, investigador principal en el proyecto Juno, comenta que todas las tormentas acaban desapareciendo y que ésta lleva atenuándose desde hace un tiempo.

Habla de la disminución del tamaño de la Mancha concretamente desde que se pudo calcular su tamaño por primera vez (en el siglo XIX), cuando su diámetro era unas cuatro veces el de Tierra, estando ahora en torno a 1,3 veces. Además, los investigadores concluyen que la Gran Mancha Roja desaparecerá en unos 20 años, lo cual Orton resume de manera bastante peculiar.

La Gran Mancha Roja será en una década el Gran Círculo Rojo. Quizás algún tiempo después sea el Gran Recuerdo Rojo.

Investigando a contrarreloj

Cuando hablamos del espacio, estamos acostumbrados a que nos digan distancias que nos cuesta asimilar (con años luz o unidades astronómicas) o plazos que directamente son tan largos que asumimos al instante que no estaremos como espectadores. Pero en este caso los científicos de la NASA hablan de tan sólo 20 años, por lo que si seguimos escrutando Júpiter conforme lo hacemos ahora quizás podamos asistir al ocaso de esta tormenta que durante siglos ha caracterizado el exterior del gigante gaseoso.

De momento seguiremos disfrutando de las fascinantes imágenes que nos envía Juno y el resto de observatorios espaciales, que como vemos sirven para conocer y predecir (teóricamente) lo que acontecerá en nuestros alrededores.

Detectan por primera vez una ECM en otra Estela

Un grupo de investigadores ha identificado y caracterizado por primera vez de manera completa una erupción poderosa en la atmósfera de la estrella activa HR 9024, marcada por un intenso destello de rayos X seguido de la emisión de una burbuja gigante de plasma, es decir, Gas caliente que contiene partículas cargadas.

Esta es la primera vez que se observa una eyección de masa coronal (ECM sus siglas en castellano o CME en inglés), en una estrella que no sea nuestro Sol. La corona es la atmósfera exterior de una estrella.

El trabajo, que aparece en un artículo en el último número de la revista Nature Astronomy, utiliza datos recopilados por el observatorio de rayos X Chandra de la NASA. Los resultados confirman que las CME se producen en estrellas activas magnéticamente y son relevantes para la física estelar, y también brindan la oportunidad de estudiar sistemáticamente eventos tan dramáticos en otras estrellas además del Sol.

«La técnica que utilizamos se basa en el monitoreo de la velocidad de los plasmas durante un estallido estelar», dijo Costanza Argiroffi (Universidad de Palermo en Italia e investigadora asociada del Instituto Nacional de Astrofísica en Italia) que dirigió el estudio.

«Esto se debe a que, en analogía con el entorno solar, se espera que, durante una erupción, el plasma confinado en el bucle coronal donde tiene lugar la erupción, se mueva primero hacia arriba y luego hacia abajo, llegando a las capas inferiores de la atmósfera estelar. Además, , también se espera que haya un movimiento adicional, siempre dirigido hacia arriba, debido a la CME asociada con el destello «.

El equipo analizó un destello particularmente favorable, que tuvo lugar en la estrella activa HR 9024, a unos 450 años luz de distancia. El espectrómetro de rejilla de transmisión de alta energía (HETGS, por sus siglas en inglés) a bordo de Chandra es el único instrumento que permite medir los movimientos de los plasmas coronales con velocidades de unas pocas decenas de miles de millas por hora. Los resultados de esta observación muestran claramente que, durante la bengala, el material muy caliente (entre 10 y 25 millones de grados Celcius) primero aumenta y luego cae con velocidades entre 360.000 y 1.450.000 km por hora. Esto está en excelente acuerdo con el comportamiento esperado para el material vinculado a la llamarada estelar. «Este resultado, nunca antes alcanzado, confirma que nuestra comprensión de los principales fenómenos que ocurren en las erupciones es sólida», dijo Argiroffi. «No estábamos tan seguros de que nuestras predicciones pudieran coincidir de tal manera con las observaciones, porque nuestra comprensión de las llamaradas se basa casi por completo en las observaciones del entorno solar, donde las llamaradas más extremas son incluso cien mil veces menos intensas en la X -radiación emitida «.

«El punto más importante de nuestro trabajo, sin embargo, es otro: descubrimos, después de la bengala, que el plasma más frío, a una temperatura de ‘solo’ cuatro millones de grados Celcius, se levantó de la estrella, con una velocidad constante de aproximadamente 300 mil Km por hora «, dijo Argiroffi. «Y estos datos son exactamente lo que uno hubiera esperado para la CME asociada con el destello». 

Los datos de Chandra permitieron, además de la velocidad, obtener la masa de la CME estudiada, equivalente a más de 200 mil toneladas, aproximadamente diez mil veces más que las CME más masivas lanzadas al espacio interplanetario por el Sol, de acuerdo con el idea de que las CME en estrellas activas son versiones a gran escala de CME solares. La velocidad observada de la CME, sin embargo, es significativamente menor que la esperada. Esto sugiere que el campo magnético en las estrellas activas es probablemente menos eficiente para acelerar las CME que el campo magnético solar. 

Estos resultados han sido publicados en el último número de Nature Astronomy y también están disponibles en arXiv.

Los coautores del artículo son Fabio Reale de la Universidad de Palermo en Palermo, Italia, Jeremy Drake del Centro de Astrofísica | Harvard y Smithsonian (CfA), Angela Ciaravella del Instituto Nacional de Astrofísica (INAF) en Palermo, Paola Testa de CfA, Rosaria Bonito de INAF en Palermo, Marco Miceli de la Universidad de Palermo, Salvatore Orlando de INAF en Palermo y Giovanni Peres de la universidad de palermo.

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Evidencias de Amoniaco y Agua en Pluton

Los científicos que estudian los datos de la misión espacial New Horizons de la NASA encontraron evidencia de amoníaco en la superficie de Plutón.

Es un hallazgo emocionante, dice Cristina Dalle Ore, científica planetaria del Instituto de Inteligencia Extraterrestre (SETI) y del Centro de Investigación Ames de la NASA, California, porque según los estándares geológicos, el amoníaco no puede sobrevivir mucho tiempo en la superficie de Plutón sin ser destruido por luz ultravioleta, rayos cósmicos u otra radiación.

«Es realmente frágil», dice ella. «Cuando tienes amoníaco en la superficie, eso significa que llegó recientemente».

También es un fuerte indicio de que Plutón no solo tuvo un océano subterráneo, sino que lo sigue teniendo, ya que el agua que contiene amoníaco que se derrama de ese océano es la fuente más probable del compuesto.

Más evidencia de esto proviene del hecho de que el amoníaco se detectó a lo largo de una depresión profunda en la superficie de Plutón, llamada Virgil Fossae.

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El canal no solo parece ser una grieta en la superficie de Plutón donde podría permitir una ruta para que los líquidos subterráneos lleguen a la superficie, sino que también parece ser el sitio de las erupciones volcánicas, donde se pulverizó algún tipo de líquido, y luego se congeló rápidamente.

En la Tierra, los lugares donde se desprenden tales líquidos son los volcanes, en forma de roca fundida. Pero Plutón es frío: tan frío que las temperaturas de su superficie rondan los menos-233 grados Celsius, y el hielo de agua tiene la consistencia de la roca madre. A estas temperaturas, incluso el agua más fría que se escapa de un océano subterráneo haría un excelente sustituto para la lava.

El descubrimiento de amoníaco, dice Dalle Ore, hace que sea más probable que exista un océano subterráneo de este tipo. Esto se debe a que el amoníaco es un anticongelante excelente, ya que permite que las mezclas de agua y amoníaco permanezcan líquidas a temperaturas de menos de 90 grados Celsius, temperaturas que podrían generarse más fácilmente por el calor radioactivo que se escapa lentamente del núcleo de Plutón.

No es la única evidencia de que tal océano pueda existir.

Los modelos computarizados encuentran que los exoplanetas acuáticos se mantienen estables el tiempo suficiente para que la vida se afiance.

Espacio

La cuenca gigante de Sputnik Planitia, el lóbulo occidental del famoso «corazón» de Plutón, no está lejos de Virgil Fossae, y está asociada con una anomalía de gravedad que puede explicarse mejor por el agua subyacente.

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imagen de la planicie Sputnik – hacia la izq. y debajo se encuentra Virgil Fossae

Recientemente, los científicos calcularon que las condiciones en la base de la corteza helada de Plutón son adecuadas para la formación de una capa aislante de un tipo exótico de hielo llamado hidratos de gas, que Dalle Ore compara con un cubrecamas de plumas o una chaqueta de invierno.

«Entre esto, que lo mantiene más caliente, y el amoníaco que permite que el agua sea líquida a bajas temperaturas, tenemos más evidencia de que exista un océano», dice ella.

El amoníaco también es emocionante, agrega, porque es un importante precursor de la química prebiótica, incluida la formación de aminoácidos y una cascada de otros productos químicos de interés biológico. «No estamos hablando de extraterrestres», agrega. «No estamos hablando de la vida. Pero estamos hablando de la posibilidad de un entorno que pueda favorecerlo.

Esa es una de las principales razones por las que el amoníaco es tan interesante «.

Francis Nimmo, un científico planetario de la Universidad de California, Santa Cruz, EE. UU., que no formó parte del equipo de Dalle Ore, dice que la mayor advertencia sobre el estudio es que no está 100% convencido de que el mismo haya encontrado realmente amoníaco. «Es una característica espectral bastante sutil, por lo que no está del todo claro para mí que realmente está ahí», dice.

Pero si el hallazgo es correcto, dice, la geología de Virgil Fossae lo hace particularmente interesante. «Virgil Fossae tiene bordes afilados y corta cráteres, por lo que podría tener solo unos cientos de millones de años», dice. «Esa temprana edad es consistente con la detección de amoníaco, que se destruye con bastante rapidez en la superficie». El hallazgo también es consistente con la forma en que los científicos planetarios piensan que Plutón está evolucionando, con un océano subsuperficial que se está congelando lentamente, dice. Eso pondría el agua del océano bajo presión a medida que el hielo se expande, posiblemente causando que el agua a presión salga a la superficie a través de grietas.

Él también cree que la existencia de un océano en Plutón, si está realmente allí, es emocionante.

«Si Plutón tiene un océano, como parece probable», dice, «eso significa que incluso las franjas más externas del sistema solar son posibles regiones habitables».

Y si de hecho tienen criovolcanes, dice, eso significa que estas erupciones pueden haber traído muestras de ese océano a la superficie, donde, en principio, podrían ser estudiadas por futuras misiones de rover, comparables a las que han estado explorando durante mucho tiempo. Marte.

El estudio fue publicado en la revista Science Advances.

El Firmamento

Conoce más sobre el Planeta Enano Plutón en nuestra sección Noticias de Plutón (planeta enano)

SAOCOM 1B en la recta final

Ya está casi todo listo. Restan sólo los detalles finales. Los nervios del cierre de todo proceso se hacen notar en las instalaciones de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), en tierras cordobesas.

En el paraje Falda del Cañete, a poco más de 30 kilómetros de la capital provincial, se le dan los últimos ajustes a la antena radar del satélite de observación Saocom 1B, que será lanzado al espacio a fines de este año desde la mítica estación de Cabo Cañaveral, en Estados Unidos.

Los ingenieros del Laboratorio de Integración y Ensayos (LIE) del Centro Espacial Teófilo Tabanera de la Conae construyeron un similar instrumento para el satélite gemelo Saocom 1A, cuyo lanzamiento se vivió como una verdadera proeza de la ciencia argentina en octubre del año pasado.

La antena radar es el instrumento principal que se ensamblará al satélite de observación que servirá para complementar las tareas de su gemelo, ya en órbita. Entre ambos, generarán mapas diarios de humedad de los suelos, se identificarán áreas de riesgo de inundaciones, se detectarán suelos secos con propensión a la producción de incendios y se elaboran mapas de riesgo de enfermedades en los cultivos, entre otras aplicaciones prácticas. Publicidad

Saocom es el acrónimo de Satélite Argentino de Observación con Microondas.

Hecho en Córdoba

La pata cordobesa de esta operación de altísima tecnología termina esta semana. En la próxima, la antena radar comenzará su viaje hacia Bariloche, donde será ensamblada en la también estatal Invap con las demás partes del satélite, para luego proceder a las pruebas previas a su lanzamiento.

“Es idéntico al Saocom 1A”, explicó ayer Jorge Medina, jefe del proyecto en la Conae. “Se fabricó en menos tiempo porque se nutrió de lecciones aprendidas. En menos tiempo y con resultados excelentes”, apuntó Medina.

El jefe del proyecto explicitó los beneficios que tendrá para tareas de investigación el hecho de que Argentina tenga dos satélites del mismo tipo orbitando la Tierra. Publicidad

“Con dos satélites idénticos orbitando siempre en oposición se permite duplicar la posibilidad de revisita”, detalló. “Si con uno teníamos una repetición de 16 días, con este tendremos una repetición de ocho días y revisitas más frecuentes. Un punto cualquiera de la Tierra, dependiendo de la latitud, lo podremos ver cada dos días, cada tres días”, citó.

En la Conae. Trabajos finales, ayer, sobre la sofisticada antena radar, que se acoplará al cuerpo del satélite. (La Voz)

En la Conae. Trabajos finales, ayer, sobre la sofisticada antena radar, que se acoplará al cuerpo del satélite. (La Voz) Publicidad

Paso a paso

Álvaro Garbiglia es el responsable del Laboratorio de Integración y Ensayos (LIE) y quien dirigió el proceso de construcción de la antena, paso a paso.

“La antena es una de las partes de este instrumento, del radar de apertura sintética. Otra parte la constituye la electrónica central que está en la plataforma de servicio y la tercera parte que forma el instrumento es la que está en Tierra y donde se analizan los datos (que envía el satélite) y se construye la imagen”, indicó Garbiglia.

El científico se mostró orgulloso del personal que trabaja en el área que dirige: en total, son 90 personas en el LIE y en la empresa Veng que, además, reciben el aporte de todo el personal de la Conae.

Los resultados

El viaje de la gran y sofisticada antena a Bariloche será toda una maniobra de logística para el personal del centro espacial. En la ciudad patagónica se unirá con la plataforma de servicios y la electrónica central del SAR construidas por el Invap y los paneles solares fabricados por la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea).

Después, se iniciará la “exhaustiva campaña” de ensayos ambientales previa al envío a la base de lanzamiento, en Estados Unidos.

El desafío es llegar con los tiempos para que ese proceso se realice durante 2019 o, a más tardar, a principios de 2020.

En la sede de la Conae cordobesa ya se percibe una nostalgia por adelantado. Se prefiguran las imágenes que se verán la semana que viene cuando se pliegue la antena para su envío a Bariloche. Y será una despedida a meses de intenso trabajo y dedicación.

Junto al Saocom 1A, son los satélites más relevantes de la historia argentina. Implican una sinergia de la ciencia nacional, ya que integran varios organismos estatales, para un proyecto que lleva más de una década de continuidad.

La antena radar, una parte clave del satéliteSe sumará al cuerpo principal, hecho en Bariloche.Como la de su gemelo Saocom 1A, la antena diseñada y ensamblada en la sede de Conae en Córdoba tiene 10 metros de largo y 35 metros cuadrados de superficie, y un peso de tres toneladas.A 650 kilómetros de la TierraPara los científicos y los técnicos de la Conae, el proceso de construcción de la antena radar del Saocom 1B representa un nuevo hito que pone en alto el nivel tecnológico adquirido por sus recursos humanos.Tanto en el Saocom 1A –puesto en órbita exitosamente en octubre pasado– como en el 1B –que está en su etapa final de construcción–, las antenas radar SAR de banda L (que es el elemento diseñado y ensamblado en Córdoba) están compuestas por una matriz de 140 módulos radiantes, distribuidos en siete paneles, con 20 módulos por panel. Cada uno es comandado de forma independiente en fase y en amplitud por sus módulos de transmisión-recepción, lo que hace posible que se pueda variar el apuntamiento de su haz de forma electrónica desde el espacio hacia la Tierra y que esta matriz funcione como una sola gran antena.El Saocom 1B se unirá a su gemelo 1A en el espacio a fines de este año, ambos a 650 kilómetros de distancia de la Tierra, para sumarse a los cuatro satélites Cosmo-SkyMed de radar SAR de la Agencia Espacial Italiana (ASI).Ambas constelaciones forman el Sistema de Satélites Ítalo-Argentino para Gestión de Emergencias (Siasge).Este sistema, a partir de un convenio entre las agencias espaciales de Argentina y de Italia, será el primero en ofrecer productos radar en su espacialidad de investigación, con una configuración única en el mundo.Para Argentina, se trata del quinto satélite científico que pondrá en órbita Conae. Los anteriores fueron SAC-B (misión fallida), SAC-A, SAC-C y SAC-D. Luego, la empresa Arsat lanzó otros dos de telecomunicaciones (Arsat 1 y 2).

Fuente La Voz

Envía tu nombre en Marte

Aunque pasarán años antes de que los primeros humanos pongan un pie en Marte, la NASA le está dando al público la oportunidad de enviar sus nombres (impresos en fichas) al Planeta Rojo con el rover Marte 2020 de la NASA, que representa el tramo inicial del primer viaje de ida y vuelta de la humanidad a otro planeta. El rover está programado para ser lanzado desde julio de 2020, y se espera que la nave aterrice en Marte en febrero de 2021.

El rover, un robót científico que pesa más de 1.000 kilogramos, buscará signos de vida microbiana pasada, caracterizará el clima y la geología del planeta, recolectará muestras para el futuro retorno a la Tierra y allanará el camino para la exploración humana del Planeta Rojo.

«Mientras nos preparamos para lanzar esta histórica misión a Marte, queremos que todos compartan este viaje de exploración», dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas (SMD) de la NASA en Washington. «Es un momento emocionante para la NASA, ya que nos embarcamos en este viaje para responder preguntas profundas sobre nuestro planeta vecino, e incluso los orígenes de la vida en sí».

Al enviar tu nombre a Marte, la NASA te entrega como certificado una tarjeta de embarque.

Desde ahora hasta el 30 de septiembre de 2019, puede agregar su nombre a la lista y obtener una tarjeta de embarque de recuerdo para Marte aquí:
https://go.nasa.gov/Mars2020Pass

El llenado de datos es muy simple, ingresa tu nombre y apellido, país, código postal y mail.

El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, utilizará un haz de electrones para colocar los nombres presentados en un chip de silicona con líneas de texto menores a una milésima del ancho de un cabello humano (75 nanómetros). En ese tamaño, se pueden escribir más de un millón de nombres en un solo microchip del tamaño de una moneda de diez centavos. El chip (o chips) viajará en el rover bajo una cubierta de vidrio.

El Programa de Servicios de Lanzamiento de la NASA, con base en el Centro Espacial Kennedy de la agencia en Florida, es responsable de la administración del lanzamiento. Mars 2020 se lanzará desde la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral en Florida.

Para más información sobre Marte 2020, visite:
https://www.nasa.gov/mars2020 y https://mars.nasa.gov/mars2020

Para más información sobre los planes de la Luna de Marte a Marte, visite:
https://www.nasa.gov/topics/moon-to-mars

El Firmamento

El agua de la Tierra pudo provenir de la Luna

La Tierra es única en nuestro sistema solar: es el único planeta terrestre con una gran cantidad de agua y una luna relativamente grande, que estabiliza el eje de la Tierra. Ambos eran esenciales para que la Tierra desarrollara la vida. Los planetólogos de la Universidad de Münster ahora han podido demostrar, por primera vez, que el agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna hace unos 4.400 millones de años. La Luna se formó cuando la Tierra fue golpeada por un cuerpo del tamaño de Marte, también llamado Theia. Hasta ahora, los científicos habían asumido que Theia se originó en el sistema solar interior cerca de la Tierra. Sin embargo, los investigadores de Münster ahora pueden demostrar que Theia proviene del sistema solar exterior y que entregó grandes cantidades de agua a la Tierra. Los resultados se publican en la edición actual de «Nature Astronomy».

Del exterior al sistema solar interior.

La Tierra se formó en el sistema solar interior «seco», por lo que es algo sorprendente que haya agua en la Tierra. Para entender por qué este es el caso, tenemos que retroceder en el tiempo cuando el sistema solar se formó hace unos 4.500 millones de años. De estudios anteriores, sabemos que el sistema solar se estructuró de tal manera que los materiales «secos» se separaron de los materiales «húmedos»: los meteoritos llamados «carbonosos», que son relativamente ricos en agua, provienen del sistema solar exterior , mientras que los meteoritos ‘no carbonosos’ más secos provienen del sistema solar interior. Si bien los estudios anteriores han demostrado que los materiales carbonosos probablemente fueron los responsables de entregar el agua a la Tierra, se desconocía cuándo y cómo este material carbonoso, y por lo tanto el agua, llegó a la Tierra. «Hemos utilizado isótopos de molibdeno para responder a esta pregunta. Los isótopos de molibdeno nos permiten distinguir claramente el material carbonoso y el no carbonoso, y como tal representan una ‘huella genética’ del material del sistema solar exterior e interior», explica el Dr. Gerrit Budde del Instituto de Planetología en Münster y autor principal del estudio.

Las mediciones realizadas por los investigadores de Münster muestran que la composición isotópica del molibdeno de la Tierra se encuentra entre las de los meteoritos carbonosos y no carbonosos, lo que demuestra que parte del molibdeno de la Tierra se originó en el sistema solar exterior. En este contexto, las propiedades químicas del molibdeno desempeñan un papel clave porque, como es un elemento amante del hierro, la mayor parte del molibdeno de la Tierra se encuentra en el núcleo. «El molibdeno, al que se puede acceder hoy en día en el manto de la Tierra, se origina en las últimas etapas de la formación de la Tierra, mientras que el molibdeno de las fases anteriores está completamente en el núcleo», explica el Dr. Christoph Burkhardt, segundo autor del estudio. Los resultados de los científicos, por lo tanto, muestran, por primera vez, que el material carbonoso del sistema solar exterior llegó tarde a la Tierra.

Pero los científicos van un paso más allá. Muestran que la mayor parte del molibdeno en el manto de la Tierra fue suministrada por el protoplaneta Theia, cuya colisión con la Tierra hace 4.400 millones de años llevó a la formación de la Luna. Sin embargo, dado que una gran parte del molibdeno en el manto de la Tierra se origina en el sistema solar exterior, esto significa que Theia también se originó en el sistema solar exterior. Según los científicos, la colisión proporcionó material carbonoso suficiente para dar cuenta de la cantidad total de agua en la Tierra. «Nuestro enfoque es único porque, por primera vez, nos permite asociar el origen del agua en la Tierra con la formación de la Luna. En pocas palabras, sin la Luna probablemente no habría vida en la Tierra», dice Thorsten. Kleine, profesora de planetología en la Universidad de Münster.

El trabajo se llevó a cabo en el marco del «Collaborative Research Center / Transregio (TRR) 170» Acreción tardía en planetas terrestres «y contó con el apoyo de la Fundación Alemana de Investigación (DFG) y el Consejo Europeo de Investigación (ERC).

Porque las dos caras de la Luna son tan distintas

El 7 de octubre de 1959 la humanidad se llevaba una gran sorpresa: la fotografía del lado oculto de nuestro satélite tomada por la sonda soviética Luna 3 revelaba una realidad muy diferente a la esperada. Al contrario del lado visible desde la Tierra, en el que existen grandes planicies (llamadas «mares») que fueron océanos de lava, la parte que no podemos observar desde nuestra superficie está llena de cráteres y montañas. Y no solo eso: tiempo después, las siguientes misiones descubrieron que la corteza era también distinta en ambos lados, con el lado oculto mucho más grueso que el visible y con una misteriosa capa adicional.

En el lado izquierdo, la cara visible de la Luna; en el derecho, la cara oculta
En el lado izquierdo, la cara visible de la Luna; en el derecho, la cara oculta – NASA

Muchas teorías se han lanzado durante estas décadas para explicar la diferencia, la última hace tan solo unas semanas en la revista «Journal of Geophysical Research: Planets». En esta nueva investigación, los investigadores Meng Hua Zhu, Kai Wünnemann, Ross W.K. Potter, Thorsten Kleine y Alessandro Morbidelli proponen que estas diferencias fueron causadas por un planeta enano que colisionó con la Luna al principio de la vida del Sistema Solar.

Simulaciones por ordenador

El equipo internacional de expertos utilizó los datos revelados por la misión GRAIL (dentro del programa Discovery de la NASA) que se desarrolló en 2012 y que realizó una cartografía de alta calidad del campo gravitatorio de la Luna para determinar su estructura interior. Basándose en estos datos, los investigadores probaron varias hipótesis en simulaciones creadas por ordenador. La primera fue la tesis que apunta a que hubo dos lunas orbitando alrededor de la Tierra que finalmente acabaron fusionadas en una; la segunda, que un cuerpo grande, tal vez un planeta enano joven, entró en la trayectoria de la Luna y chocó contra esta.

«Esta última idea de impacto gigante habría ocurrido algo más tarde que en un escenario de lunas de fusión y después de que en la Luna se hubiera formado una corteza sólida», explica en un comunicado el autor principal del estudio, Meng Hua Zhu, del Instituto de Ciencia Espacial de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao (China). Los signos de tal impacto deberían ser visibles en la estructura de la corteza lunar de hoy.

No pudo ser una antigua Luna

Los autores del estudio realizaron simulaciones 360 para ver cuál de los dos escenarios se ajustaba más a la actual superficie lunar y observaron que un cuerpo grande, de aproximadamente 780 kilómetros de diámetro, habría chocado contra el lado cercano de la Luna a 22.500 kilómetros por hora. Eso equivaldría a un objeto un poco más pequeño que el planeta enano Ceres. Pero no sería la única situación que encaja en el puzle: también podría haber golpeado la Luna un mundo de unos 720 kilómetros a unos 24.500 kilómetros por hora.

Esquema del posible impacto de un cuerpo y las consecuencias del mismo
Esquema del posible impacto de un cuerpo y las consecuencias del mismo – JGR: Planets / Zhu et al. 2019 / AGU.

Bajo estos dos escenarios, el modelo muestra que el impacto hubiera arrojado grandes cantidades de material que caería sobre la superficie de la Luna, enterrando la corteza primordial en el lado oculto entre 5 y 10 kilómetros de escombros. Esa es la capa adicional de corteza detectada en el lado oscuro por GRAIL, según Zhu.

El nuevo estudio sugiere que el objeto que chocó contra nuestro satélite probablemente no era una segunda luna temprana de la Tierra: «Cualquiera que fuera el colisionador, un asteroide o un planeta enano, probablemente estaba en su propia órbita alrededor del Sol cuando se encontró con la Luna», afirma Zhu.

La explicación para la misteriosa capa adicional

La distribución topográfica (A), el grosor de la corteza (B) y el torio de la Luna muestran una diferencia dramática entre el lado cercano y el lado no visible. La estrella en el lado cercano a la Tierra representa el centro de la cuenca de impacto propuesta
La distribución topográfica (A), el grosor de la corteza (B) y el torio de la Luna muestran una diferencia dramática entre el lado cercano y el lado no visible. La estrella en el lado cercano a la Tierra representa el centro de la cuenca de impacto propuesta- JGR: Planets / Zhu et al. 2019 / AGU.

El modelo de impacto gigante también proporciona una buena explicación para las misteriosa capa adicional: las diferencias inexplicables en los isótopos de potasio, fósforo y elementos de tierras raras como el tungsteno-182 entre las superficies de la Tierra y la Luna. Estos elementos podrían haber provenido del impacto gigante, que habría agregado ese material a la Luna después de su formación, según los autores del estudio. «Nuestro modelo puede explicar esta anomalía isotópica en el contexto del escenario de impacto gigante del origen de la Luna», escriben los investigadores.

La investigación no solo sugiere una respuesta a una de las preguntas que más desconciertan a los científicos, sino que también puede proporcionar información sobre la estructura de otros mundos asimétricos que también existen en nuestro Sistema Solar, como Marte.

«Es un estudio muy provocativo», afirma Steve Hauck, profesor de geodinámica planetaria en la Universidad Case Western Reserve y editor jefe de JGR: Planets. «Comprender el origen de las diferencias entre el lado cercano y el lado oscuro de la Luna es un tema fundamental en la ciencia lunar. De hecho, varios planetas tienen dicotomías hemisféricas, pero para la Luna tenemos muchos datos con los que poder probar modelos e hipótesis, por lo que las implicaciones del trabajo probablemente vayan más allá de nuestro satélite».

Fuente ABC

China consigue muestras del Manto de la Luna

La Luna es un pequeño planeta situado a tiro de piedra de la Tierra que, a causa del tirón gravitacional, siempre muestra la misma cara hacia nosotros. Su castigada superficie, arrasada por centenares de cráteres, es un testigo mudo del violento pasado del Sistema Solar. Y también es una valiosa fuente de información que habla sobre los procesos que permiten la formación de los planetas, como el nuestro, o el de todos los millones de exoplanetas que se esconden en nuestra galaxia. Parece ser que hace mucho tiempo la Luna fue una esfera de magma fundido que se fue enfriando y solidificando. Pero el satélite es pequeño y su enfriamiento fue muy rápido, lo que llevó a que su interior «muriera» y que no se activara una tectónica de placas, al igual que ocurrió en nuestro planeta. Por eso, hoy vemos una superficie detenida en el tiempo, como si fuera un fósil preservado en ámbar.

La Luna, un mundo menguante y repleto de agua, ha sido testigo de la pugna de la Guerra Fría y ahora está presenciando el nacimiento de una nueva carrera espacial. Pero, curiosamente, solo ha sido explorada in situ en 20 lugares. De hecho, hasta enero de este año, fecha en la que China se convirtió en el primer país en posar un robot de exploración en la cara oculta de la Luna con el rover Chang`e 4, nadie había tocado el lado lejano del satélite. Este miércoles, un estudio publicado en Nature y elaborado por científicos chinos ha anunciado la identificación de minerales que parecen provenir del manto de la Luna, precisamente en la cara oculta del satélite.

«Informamos de las primeras observaciones espectrales (…) que, según interpretamos, representan la evidencia de la presencia de (orto)piroxeno y olivino, materiales que podrían proceder del manto lunar», escriben los autores del estudio, encabezados por Chunlai Li, investigador de la Academia China de Ciencias.

La misión Chang´e 4

La misión Chang´e 4 (que hace honor a la diosa china de la Luna) está compuesta por un aterrizador, del mismo nombre, un satélite de enlace, llamado Queqiao, y un pequeño rover de exploración, designado como Yutu-2 (algo así como «conejo de jade»). Este robot, de apenas 140 kilogramos de masa y del tamaño de una mesita de noche, tiene la misión de estudiar la geofísica de la zona de aterrizaje de Chang´e 4.

Por ello, va equipado con un espectrómetro visible y de infrarrojo cercano (VNIS), capaz de analizar la composición de la luz rebotada desde diversas superficies, para estudiar la composición del suelo y detectar la presencia de trazas de gases.

El rover Yutu-2 ha hecho sus análisis en la zona de aterrizaje, situada en el cráter Von Karman, una formación de 180 kilómetros de diámetro. Según los científicos, los minerales encontrados ahí no proceden del impacto que creó este cráter, sino de una cuenca de impacto adyacente, el cráter Finsen. Por tanto, sostienen, el choque que creó este cráter fue el que expuso el manto y los minerales detectados ahora. Previamente, eso sí, habían sido expuestos por el inmenso impacto que creó la cuenca Aitken, en el polo sur, que alcanza los 2.500 kilómetros de diámetro.

¿Por qué esto es relevante? Según ha escrito Patrick Pinet, investigador en la Universidad de Tolouse (Francia), en un artículo de análisis publicado en Nature, hoy por hoy, se sabe que la Luna tiene una corteza, un manto y un núcleo, pero se desconoce con exactitud la composición y la estructura de este segundo. Sin embargo, según este investigador, los resultados recién publicados son «emocionantes y podrían tener considerables implicaciones a la hora de caracterizar la composición del manto superior de la Luna».

El nacimiento de la Luna

Esta estructura se formó porque la Luna, en un origen, estaba fundida y cubierta por un océano de magma. A medida que se fue enfriando y solidificando, ciertos minerales, como el piroxeno o el olivino, cristalizaron en el fondo del océano. Cuando la mayor parte del océano ya estaba solidificado, los minerales menos densos, como las plagioclasas, flotaron en la superficie, lo que llevó a la formación de una corteza rica en este material. Los distintos momentos de cristalización llevaron a la formación de una serie de capas en el interior de este mundo.

Las observaciones desde el espacio y las muestras recogidas en el satélite han permitido concluir que este fue el proceso clave en la formación de la Luna. Sin embargo, nunca hasta ahora se había podido recoger muestras del manto lunar.

En todo caso, Pinet ha destacado la necesidad de mejorar los modelos para poder reconstruir con mayor precisión el tamaño de los granos del suelo y su composición de minerales. Además, cree que será necesario examinar la composición de rocas más grandes y poder comprender el contexto geológico en el que se observan las muestras.

Toda esta información será muy útil en el campo de la ciencia planetaria. En primer lugar, se podrá comprender mejor cómo el océano de magma evolucionó en el pasado. Y, en segundo lugar, esto se podrá extrapolar a otros lugares para comprender los procesos de formación de otros mundos.

Fuente ABC