Sonda InSight en Marte

Después de una gran fiesta cuesta trabajo volver a la realidad. Que se lo digan al equipo de científicos e ingenieros de la NASA que ayer vivieron una jornada maratoniana e intensa para posar la sonda InSight sobre la superficie de Marte. Después del éxito total alcanzado ayer, y de las merecidas celebraciones, poco a poco han ido volviendo al trabajo Y, con ellos, el propio robot ya ha hecho sus deberes.

A las 05.30 de esta madrugada, el vetusto satélite marciano 2001 Mars Odissey recogió las tranquilizadoras señales emitidas por las antenas de la InSight y que indican que los paneles solares, que tenían que desplegarse 16 minutos después del aterrizaje, se han abierto y están recargando las baterías de la máquina. Además, el satélite ya ha fotografiado la zona de aterrizaje y está enviando los datos.

«El equipo de InSight puede descansar más fácilmente ahora que sabemos que los paneles solares están desplegados y recargando las baterías», dijo esta noche Tom Hoffman, director del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena (California). «Ha sido un largo día para el equipo. Pero mañana –es decir, esta la tarde de este martes– comienza un excitante nuevo capítulo para InSight: las operaciones de superficie y el comienzo de la fase de despliegue de los instrumentos».

Los ingenieros pueden respirar tranquilos ahora que el par de paneles solares de la sonda, cada uno de los cuales mide 2,2 metros de largo, están captando la lánguida luz solar que llega hasta Marte y que cargará las baterías hasta llegar a una potencia equiparable a la que necesita una batidora. Modesta pero suficiente para operar los instrumentos, incluso después de tormentas de polvo.

Próximos pasos

En los próximos días, despertará el brazo robótico de InSight. Este lleva acoplada una cámara con la que comenzará a examinar con gran detalle la porción de terreno marciano que queda bajo la sonda. A lo largo de semanas, los científicos tratarán de escoger el lugar más adecuado para colocar los instrumentos, lejos de la presencia de incordiosas piedras. Las primeras fotografías indican que no hay muchas rocas por los alrededores.

Una vez tomada la decisión, el brazo robótico cogerá el sismógrafo, un instrumento que se llama SEIS, y lo colocará en Tierra. Horas después, colocarán una protección frente al viento y la radiación sobre este. Más adelante, comenzarían las perforaciones con un taladro equipado con sensores de temperatura, y llamado HP3. Eso sí, todo este trabajo no finalizará hasta dentro de dos o tres meses.

Fotografía captada por InSight minutos después de posarse en Marte
Fotografía captada por InSight minutos después de posarse en Marte – JPL/NASA

Mientras tanto, trabajará el instrumento español TWINS, una estación meteorológica que medirá presiones y vientos, y un magnetómetro. Ambos permitirán trazar con detalle una radiografía de Elisium Planitia, que será el hogar de Insight durante los dos años que durará la misión.

La importancia de TWINS, el instrumento español

Además, tal como explicó a ABC Alberto González-Fairén, científico del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC) implicado en TWINS, este instrumento será crucial en las posteriores mediciones: «Los vientos en Marte pueden ser muy violentos, y aunque la atmósfera es muy fina y en ningún caso podrían llegar a desestabilizar un lander, sí que podrían provocar vibraciones significativas por ejemplo en los paneles solares. Estas vibraciones podrían ser interpretadas por el sismógrafo como indicios de martemotos. El cruce de los datos del sismógrafo con los que obtengamos con TWINS es por lo tanto esencial para la interpretación correcta de la información de InSight».

Durante los dos años de misión, InSight investigará el interior de Marte. Con el sismómetro detectará unos temblores conocidos como «martemotos», y que son el equivalente, mucho más débil, de los terremotos de nuestro planeta. La sonda medirá su frecuencia y sus peculiaridades y, con esa información, tratará de averiguar cómo es el interior de Marte, qué grosor tiene la corteza, cuál es el tamaño del manto y cómo es el núcleo.

Además, la sonda perforará entre tres y cinco metros del subsuelo marciano para medir las temperaturas. Con esa información, se deducirá cuánto se está enfriando y cómo es su estructura. Todo lo aprendido servirá para comprender la historia de planetas rocosos, como la Tierra. Dado que Marte carece de tectónica de placas, su estructura es un fósil con miles de millones de años de edad.

Aparte de la NASA, el proyecto InSight ha sido posible gracias al Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES), el Instituto de Física del Globo de París (IPGP), el Centro Aerospacial de Alemania (DLR), el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar en Alemania (MPS), el Instituto Tecnológico de Suiza (ETH), el Imperial College y la Universidad de Oxford (Reino Unido), el Centro de Investigación Espacial (CBK) de la Academia de Ciencias de y el Astronika de Polonia y el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC), en España.

Todo este trabajo permitirá avanzar en el conocimiento del Sistema Solar y los exoplanetas, en el estudio de la geología de la Tierra y en la tecnología de satélites, naves espaciales, comunicaciones y materiales, entre otras cosas. También es un paso clave antes de enviar una misión tripulada a Marte.

Fuente ABC

 

Una gran Explosion de Rayos Gama proxima a la Tierra

Un equipo internacional de astrónomos ha encontrado un sistema estelar sin precedentes en nuestra propia galaxia. Los científicos creen que una de sus estrellas, «tan solo» a unos 8.000 años luz de la Tierra, es la primera en la Vía Láctea que puede producir una peligrosa explosión de rayos gamma, uno los eventos más energéticos y peligrosos del Universo, cuando explote como supernova masiva y muera. Y eso sucederá «pronto» en términos astronómicos, desde hoy mismo a dentro de 100.000 años. Por fortuna, el bombazo no apunta a la Tierra. Si lo hiciera, una ráfaga tan poderosa a esa proximidad podría barrer la atmósfera y dejarnos indefensos ante los rayos ultravioletas del Sol.

«No esperábamos encontrar un sistema como este en nuestro propio vecindario», reconoce Joe Callingham, del Instituto Holandés de Radioastronomía y autor principal del estudio, publicado este lunes en la revista «Nature Astronomy». Sin embargo, el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (ESO) lo capturó en la constelación de Norma en el hemisferio sur, justo debajo de la cola de Escorpio.

Ubicación de Apep, en la constelación de Norma (la escuadra del carpintero). El mapa muestra la mayor parte de las estrellas visibles a simple vista bajo buenas condiciones

Ubicación de Apep, en la constelación de Norma (la escuadra del carpintero). El mapa muestra la mayor parte de las estrellas visibles a simple vista bajo buenas condicionesESO, IAU and Sky & Telescope

Apodado Apep (Apofis) en honor al dios egipcio del caos, que se representa en forma de una gigantesca y poderosa serpiente, este sistema en espiral de singular belleza guarda en su corazón un par de estrellas calientes y luminosas, además de una tercera compañera solitaria unidas por la gravedad. Conocidas por los astrónomos como Wolf-Rayets, la pareja de gigantes cósmicos se orbita entre sí cada cien años aproximadamente. Esta danza orbital dura apenas unos cientos de miles de años, un abrir y cerrar de ojos en términos cosmológicos. Mientras ocurre, las estrellas lanzan enormes cantidades de material en forma de viento estelar que fluye a la asombrosa velocidad de 12 millones de kilómetros por hora, 100.000 veces más rápido que un huracán en la Tierra. Estos vientos estelares en colisión han creado los preciosos penachos que rodean al sistema estelar triple.

En comparación con la extraordinaria velocidad de los vientos de Apep, el propio remolino de polvo que rodea las estrellas gira a un ritmo pausado, sepenteando a menos de 2 millones de kilómetros por hora. Los investigadores creen que esta discrepancia es consecuencia de la acción de una de las estrellas del sistema binario, que lanzaría tanto un viento rápido como uno lento en diferentes direcciones. «Es algo asombroso. Como encontrar una pluma a la deriva atrapada en un huracán», dice Peter Tuthill, de la Universidad de Sídney.

Tanta energía como el Sol en toda su vida

Esto implicaría que la estrella se encuentra en rotación casi crítica, es decir, «que gira tan rápidamente que podría estar cerca de la destrucción», dice Benjamin Pope, coautor de la Universidad de Nueva York. Estas estrellas Wolf-Rayet podrían lanzar un estallido de rayos gamma, el evento más extremo en el Universo después del Big Bang, la gran explosión que dio origen a todo. «La estrella masiva, en la última fase de su vida, estallará en cualquier momento desde ahora y en unos 100.000 años. Sé que parece mucho tiempo, pero para una estrella este es el último minuto de su vida», explica Callingham a ABC.

Estos estallidos duran entre unas pocas milésimas de segundo y unas pocas horas, y pueden liberar tanta energía como la que producirá el Sol durante toda su vida. Se cree que los de larga duración, que duran más de 2 segundos, pueden ser causados por explosiones de supernova o por estrellas Wolf-Rayet de rotación rápida.

Afortunadamente, parece que Apep no apunta a la Tierra, porque una ráfaga de rayos gamma causada por esta proximidad podría eliminar el ozono de la atmósfera, aumentando nuestra exposición a la luz ultravioleta del Sol. «Una explosión semejante podría poner en peligro a la Tierra, aunque seríamos increíblemente desafortunados si nos alcanzara directamente. Eso sí, cuando explote, será la estrella más brillante del cielo durante algún tiempo», revela el científico.

En última instancia, los investigadores no pueden estar seguros de lo que el futuro tiene reservado para Apep, si realmente acabará como un estallido colosal. Como puntualiza Tuthill, «el sistema puede ralentizarse lo suficiente como para que explote como una supernova normal en lugar de una explosión de rayos gamma. Sin embargo, mientras tanto, está proporcionando a los astrónomos un asiento de primera fila en la bella y peligrosa física que no hemos visto antes en nuestra galaxia».

Fuente ABC

La Pequeña Nube de Magallanes se esta muriendo

Un equipo de astrónomos de la Australian National University ha conseguido observar, con un detalle sin precedentes, el lento proceso de la muerte de una pequeña galaxia satélite de nuestra Vía Láctea. A unos 200.000 años luz de distancia, en efecto, la Pequeña Nube de Magallanes está perdiendo gradualmente su capacidad para formar nuevas estrellas. Lo que significa que está irremediablemente condenada a la extinción.

La investigación, recién publicada en Nature Astronomy, se ha llevado a cabo utilizando imágenes del radiotelescopio SKA Pathfinder (ASKAP), en Australia.

Naomi McClure-Griffiths, investigadora principal del estudio, explica que las imágenes de radio utilizadas para este trabajo son tres veces más precisas que cualquiera de las anteriores, lo que permitió a su equipo observar con mucho más detalle la interacción de esta pequeña galaxia con su entorno. En palabras de la astrónoma «pudimos observar cómo un potente flujo de gas de hidrógeno salía de la Pequeña Nube de Magallanes», lo cual implica que la galaxia se está quedando sin la materia prima necesaria para crear nuevas estrellas.

Las galaxias que se pierden en el olvido

«La consecuencia -afirma la investigadora- es que la galaxia podría dejar de formar estrellas cuando pierda todo su gas. Y las galaxias que dejan de formar estrellas se desvanecen gradualmente hasta quedar en el olvido. Es una muerte lenta, pero inevitable para una galaxia que se ha quedado sin gas».

El hallazgo forma parte de un proyecto que investiga la evolución de las galaxias, y esta es la primera vez que se consigue una clara medición de la cantidad de gas perdido por una galaxia enana.

«Alimento» para la Vía Láctea

«Los resultados – añade McClure-Griffiths- también son importantes porque proporcionan una posible fuente de gas para la enorme Corriente de Magallanes, que rodea toda la Vía Láctea. Al final, es muy probable que la Pequeña Nube de Magallanes sea engullida por nuestra Vía Láctea».

El proceso no deja de tener cierta similitud con otros que podemos observar en la Naturaleza: cuando un animal muere, otros se alimentan de sus restos para crecer y seguir viviendo. Es la primera vez que algo así se observa en una escala galáctica.

Según David McConnell, coautor de la investigación, el telescopio ASKAP no tiene rival en todo el mundo a la hora de llevar a cabo esta clase de investigaciones, debido a que sus receptores de radio son los únicos que son capaces de ofrecer una vista panorámica del cielo.

«El telescopio -explica el científico- abarca por completo toda la Pequeña Nube de Magallanes en una sola imagen, y es capaz de fotografiar su hidrógeno con un detalle sen precedentes». Como se sabe, el hidrógeno es el elemento más abundante de todo el Universo, y constituye la principal materia prima a partir de la cual se forman las nuevas estrellas.

«ASKAP -añade McConnell- continuará obteniendo imágenes de vanguardia del gas hidrógeno en nuestra Vía Láctea y en las Nubes de Magallanes, y proporcionando una comprensión completa de cómo este sistema se está fusionando con nuestra propia galaxia».

 

Hallan dos nubes de polvo orbitando con la Tierra

Un equipo de astrónomos y físicos húngaros ha confirmado la presencia de dos esquivas nubes de polvo que orbitan la Tierra en puntos semiestables a solo 400.000 kilómetros de distancia, casi tan cerca como la Luna. Las nubes, descubiertas en 1961 por el astrónomo polaco Kazimierz Kordylewski, son excepcionalmente débiles, por lo que su existencia es controvertida. El nuevo trabajo aparece en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

El sistema Tierra-Luna tiene cinco puntos de estabilidad donde las fuerzas gravitacionales mantienen la posición relativa de los objetos ubicados allí. Dos de estos llamados puntos de Lagrange, L4 y L5, forman un triángulo de lados iguales con la Tierra y la Luna, y se mueven alrededor de nuestro planeta a medida que la Luna se mueve a lo largo de su órbita.

L4 y L5 no son completamente estables, ya que son perturbados por la fuerza gravitatoria del Sol. Sin embargo, se piensa que son lugares donde el polvo interplanetario podría acumularse, al menos temporalmente. Kordylewski observó dos grupos de polvo cercanos en L5 en 1961, con varios informes desde entonces, pero su extrema debilidad los hace difíciles de detectar y muchos científicos dudaron de su existencia.

Patrón de mosaico del ángulo de polarización alrededor del punto L5 (punto blanco) del sistema Tierra-Luna
Patrón de mosaico del ángulo de polarización alrededor del punto L5 (punto blanco) del sistema Tierra-Luna – J. Slíz-Balogh

En un documento a principios de este año, el equipo húngaro, dirigido por Gábor Horváth de la Universidad Eötvös Loránd, modeló las nubes de Kordylewski para evaluar cómo se forman y cómo podrían detectarse. Los investigadores utilizaron filtros polarizadores, que transmiten luz con una dirección particular de oscilación, similares a las que se encuentran en algunos tipos de gafas de sol. La luz dispersada o reflejada siempre está más o menos polarizada, dependiendo del ángulo de dispersión o reflexión.

Con un sistema de filtro de polarización lineal conectado a una lente de cámara en el observatorio privado de la investigadora Judit Slíz-Balogh en Hungría (en la localidad de Badacsonytördemic), los científicos expusieron la ubicación supuesta de la nube de Kordylewski en el punto L5.

La posición del punto L5 se muestra con un punto blanco
La posición del punto L5 se muestra con un punto blancoJ.S.B.

Las imágenes que obtuvieron muestran la luz polarizada reflejada en el polvo, extendiéndose fuera del campo de visión de la lente de la cámara. El patrón observado coincide con las predicciones hechas por el mismo grupo de investigadores en un artículo anterior y es consistente con las observaciones más tempranas de las nubes hace seis décadas. El grupo de Horváth pudo descartar artefactos ópticos y otros efectos, lo que significa que, si están equivocados, confirma la presencia de la nube de polvo.

«Las nubes de Kordylewski son dos de los objetos más difíciles de encontrar, y aunque están tan cerca de la Tierra como la Luna son ignoradas por los investigadores. Es interesante confirmar que nuestro planeta tiene pseudo satélites polvorientos en órbita junto a nuestro vecino lunar», comenta Slíz-Balogh.

Dada su estabilidad, los puntos L4 y L5 son vistos como sitios potenciales para sondas espaciales en órbita, y como estaciones de transferencia para misiones que explorarán el Sistema Solar. También hay propuestas para almacenar contaminantes en los dos puntos. Las investigaciones futuras analizarán L4 y L5, y las nubes de Kordylewski asociadas, para comprender cómo de estables son en realidad y si su polvo presenta algún tipo de amenaza para los futuros equipos y astronautas.

 

Fuente ABC

Adios al telescopio Kepler

Después de nueve años en el espacio profundo, recopilar datos que indican que nuestro cielo está lleno de miles de millones de planetas ocultos, más planetas incluso que estrellas: el telescopio espacial Kepler de la NASA se ha quedado sin combustible para otras operaciones científicas. La NASA ha decidido retirar la nave espacial dentro de su órbita segura y actual, lejos de la Tierra. Kepler deja un legado de más de 2,600 descubrimientos de planetas fuera de nuestro Sistema Solar, muchos de los cuales podrían ser lugares prometedores para la vida.

“Como la primera misión de caza de planetas de la NASA, Kepler ha superado todas nuestras expectativas y allanó el camino para nuestra exploración y búsqueda de vida en el sistema solar y más allá”, dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA en Washington. “No solo nos mostró cuántos planetas podrían estar ahí afuera, sino que generó un campo de investigación completamente nuevo y sólido que ha tomado por asalto a la comunidad científica. Sus descubrimientos han arrojado una nueva luz sobre nuestro lugar en el universo e iluminado Los tentadores misterios y posibilidades entre las estrellas “.

Kepler ha abierto nuestros ojos a la diversidad de planetas que existen en nuestra galaxia. El análisis más reciente de los descubrimientos de Kepler concluye que es probable que entre el 20 y el 50 por ciento de las estrellas visibles en el cielo nocturno tengan planetas pequeños, posiblemente rocosos, similares en tamaño a la Tierra y ubicados dentro de la zona habitable de sus estrellas progenitoras. Eso significa que están ubicadas a distancias de sus estrellas progenitoras donde el agua líquida, un ingrediente vital para la vida tal como la conocemos, podría acumularse en la superficie del planeta.

El tamaño más común del planeta que Kepler descubrió no existe en nuestro sistema solar, un mundo entre el tamaño de la Tierra y Neptuno, y tenemos mucho que aprender sobre estos planetas. Kepler también descubrió que la naturaleza a menudo produce sistemas planetarios repletos, en algunos casos con tantos planetas orbitando cerca de sus estrellas progenitoras que nuestro propio sistema solar interior parece escaso en comparación.

“Cuando comenzamos a concebir esta misión hace 35 años, no sabíamos de un solo planeta fuera de nuestro sistema solar”, dijo el investigador principal fundador de la misión Kepler, William Borucki, ahora retirado del Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley, California. “Ahora que sabemos que los planetas están en todas partes, Kepler nos ha puesto en un nuevo curso lleno de promesas para que las generaciones futuras exploren nuestra galaxia”.

Lanzado el 6 de marzo de 2009, el telescopio espacial Kepler combinó técnicas de vanguardia para medir el brillo estelar con la cámara digital más grande equipada para las observaciones del espacio exterior en ese momento. Kepler realizó el primer reconocimiento de los planetas en nuestra galaxia y se convirtió en la primera misión de la agencia para detectar planetas del tamaño de la Tierra en las zonas habitables de sus estrellas.

“La misión Kepler se basó en un diseño muy innovador. Fue un enfoque extremadamente inteligente para hacer este tipo de ciencia”, dijo Leslie Livesay, directora de astronomía y física del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, quien se desempeñó como gerente del proyecto Kepler durante el desarrollo de la misión. . “Definitivamente hubo desafíos, pero Kepler tenía un equipo extremadamente talentoso de científicos e ingenieros que los superaron”.

Cuatro años después de haber cumplido los objetivos principales de la misión, las fallas mecánicas detuvieron temporalmente las observaciones. El equipo de la misión pudo idear una solución, cambiando el campo de visión de la nave espacial aproximadamente cada tres meses. Esto permitió una misión extendida para la nave espacial, apodada K2, que duró tanto como la primera misión y elevó el número de estrellas inspeccionadas de Kepler hasta más de 500,000.

La observación de tantas estrellas ha permitido a los científicos comprender mejor los comportamientos y propiedades estelares, que es información crítica en el estudio de los planetas que los orbitan. La nueva investigación sobre estrellas con datos de Kepler también está promoviendo otras áreas de la astronomía, como la historia de nuestra galaxia la Vía Láctea y las etapas iniciales de las estrellas en explosión llamadas supernovas que se utilizan para estudiar qué tan rápido se está expandiendo el universo. Los datos de la misión extendida también se pusieron a disposición del público y de la comunidad científica inmediatamente, lo que permitió realizar descubrimientos a un ritmo increíble y establecer un alto nivel para otras misiones. Se espera que los científicos pasen una década o más en búsqueda de nuevos descubrimientos en el tesoro de datos que Kepler proporcionó.

“Sabemos que el retiro del telescopio no es el final de los descubrimientos de Kepler”, dijo Jessie Dotson, científica del proyecto de Kepler en el Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley, California. “Estoy entusiasmado con los diversos descubrimientos que aún están por venir de nuestros datos y cómo las futuras misiones se basarán en los resultados de Kepler”.

Antes de retirar el telescopio, los científicos llevaron a Kepler a su máximo potencial, completando con éxito múltiples campañas de observación y descargando datos científicos valiosos incluso después de las advertencias iniciales de bajo nivel de combustible. 

statistics about Kepler

Mision a Mercurio – BepiColombo

Mercurio es el planeta más cercano al Sol y el que menos tarda en completar una vuelta a su alrededor. Como es tan veloz, los babilonios le bautizaron como Nabu, en honor al mensajero de los dioses de su mitología, y después los griegos y los romanos le conocieron como Hermes y Mercurius, respectivamente. Pero lo cierto es que este emisario de los dioses aún no ha transmitido su mensaje. Hasta ahora solo han volado hasta Mercurio dos naves espaciales, la Mariner 10 y la MESSENGER, ambas de la NASA, pero estas abrieron más interrogantes de los que resolvieron. De hecho, este mundo sigue siendo hoy una asignatura pendiente para entender cómo se formó el Sistema Solar, cómo funcionan los planetas y si la Relatividad de Einstein es válida.

Por estos motivos, la Agencia Espacial Europea (ESA), junto a La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) y otras instituciones, han invertido 1.650 millones de euros en BepiColombo, una sofisticada misión para explorar el planeta Mercurio. Más de 2.000 científicos e ingenieros de instituciones de ocho países han trabajado durante 20 años para que, a las 06.45 del próximo 20 de octubre, la sonda BepiColombo se lance desde el puerto espacial de Kurú, en Guayana Francesa. Se convertirá en la tercera nave en explorar Mercurio y será la culminación de la misión más compleja emprendida por la ESA en toda su historia. Además, BepiColombo tendrá un interés especial porque explorará uno de los planetas más desconocidos del Sistema Solar.

Aspecto que tendrá la nave BepiColombo en su viaje hasta Mercurio
Aspecto que tendrá la nave BepiColombo en su viaje hasta Mercurio – ESA/ATG medialab

«Mercurio es el planeta de los misterios», explicó Mauro Casale, astrofísico de la ESA implicado en la misión, en una rueda de prensa celebrada esta semana en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC), en Madrid. «Es el planeta más desconocido del Sistema Solar, así que es muy interesante volver allí porque todavía tenemos muchas cosas que investigar».

Mercurio solo ha sido explorado en dos misiones de la NASA, así que es el mundo rocoso menos estudiado. En marzo de 1974, la Mariner 10 se puso en la órbita del Sol y sobrevoló el planeta en tres ocasiones, revelando una superficie repleta de cráteres y, para sorpresa de los astrónomos, la existencia de un campo magnético. Ya entre 2008 y 2015, la sonda MESSENGER logró ponerse en órbita alrededor de Mercurio. Encontró indicios de agua y compuestos orgánicos en los cráteres en sombra del polo norte, y trazó un detallado mapa topográfico y fotográfico de la superficie.

Una misión doble para radiografiar Mercurio

BepiColombo será la encargada de coger el testigo de estas dos misiones. Está compuesta por dos sondas distintas: una nave diseñada por la ESA y llamada «Orbitador Planetario de Mercurio» (MPO, por sus siglas en inglés) y una parte diseñada por la JAXA y llamada «Orbitador Magnetosférico de Mercurio» (MMO). Por eso, Sara de la Fuente, ingeniera de la ESA, dijo que, en realidad, «BepiColombo son dos misiones en una».

Las dos sondas volarán juntas hasta Mercurio ensambladas a un segmento de la nave que funcionará como impulsor y que se llama «Módulo de Transferencia a Mercurio» (MTM). Este va equipado con unos paneles solares que tienen una envergadura de 30 metros y con un sistema de propulsión. Cuando estén allí, estos tres bloques se separarán y los dos orbitadores comenzarán sus trabajos en distintas zonas del planeta. Los dos se pondrán en una órbita que las hará pasar por los polos y barrer todo el planeta a medida que Mercurio gira sobre sí mismo.

Los distintos módulos de la nave BepiColombo. De abajo a arriba: módulo de transferencia, orbitador europeo, escudo protector y orbitador japonés
Los distintos módulos de la nave BepiColombo. De abajo a arriba: módulo de transferencia, orbitador europeo, escudo protector y orbitador japonés – ESA

Las dos naves tienen tres grandes objetivos: estudiar el origen y la evolución de Mercurio, analizar las propiedades de su superficie y su interior y aprender sobre su campo magnético y su atmósfera.

Pero las dos sondas no tienen las mismas características. El orbitador europeo (MPO), va equipado con 11 instrumentos y pesa 1.230 kilogramos, como un automóvil. Cartografiará la superficie de Mercurio, tomará imágenes de alta resolución, analizará la composición de los materiales del suelo (cosa desconodida por el momento) y analizará el campo magnético de este planeta.

El orbitador japonés (MMO), por su parte, solo pesa 255 kilogramos y transporta cuatro instrumentos científicos. Tiene forma de octógono y está recubierto por espejos. Su objetivo será estudiar el campo magnético, la presencia de partículas de polvo y la naturaleza de la tenue atmósfera de Mercurio.

Ariane 5 que lanzará la BepiColombo el próximo 20 de octubre. Aún falta por ensamblar la «nariz» del cohete, donde está la sonda
Ariane 5 que lanzará la BepiColombo el próximo 20 de octubre. Aún falta por ensamblar la «nariz» del cohete, donde está la sonda – ESA

Además, la proximidad de Mercurio al Sol será aprovechada por los científicos para hacer un experimento que tratará de verificar un efecto predicho por la Relatividad de Einstein: la lente gravitacional. Este ocurre cuando una gran masa, como el Sol, deforma el espacio-tiempo y produce un desplazamiento aparente el fondo de estrellas. El efecto sería parecido al de desplazar una lupa por un texto, y ver como las letras se van deformando.

La odisea hasta Mercurio

Otra de las cosas más interesantes de esta misión es que el viaje hasta Mercurio será una auténtica odisea. El principal problema es que la nave debe viajar a la misma velocidad que este planeta y evitar ser acelerada por la inmensa masa del Sol. Está previsto que el viaje comience el próximo 20 de octubre, cuando se lance desde Guayana Francesa. Aunque la sonda solo necesitaría cinco meses para volar al planeta directamente, su velocidad impediría que entrase en la órbita de este mundo. Por eso, tendrá que tomar una ruta más indirecta, apoyarse en la gravedad de otros planetas y recorrer 9.000 millones de kilómetros. En total, su travesía durará más de siete años y dos meses.

La nave hará varias maniobras de «asistencia gravitacional», a través de las cuales la sonda aprovecha la gravedad de los planetas para moverse de la forma deseada. Por este motivo, por cierto, la misión se llama BepiColombo: su nombre hace honor al matemático Giuseppe (Bepi) Colombo (1924-1984), quien propuso aprovechar la gravedad de Venus para llegar hasta Mercurio.

Órbitas del satélite BepiColombo. A la izquierda la sonda japonesa (MMO) y a la derecha la europea (MPO)
Órbitas del satélite BepiColombo. A la izquierda la sonda japonesa (MMO) y a la derecha la europea (MPO) – ESA/ATG medialab

En total, la BepiColombo sobrevolará la Tierra una vez, Venus en dos ocasiones y Mercurio en seis antes de entrar en la órbita de su planeta destino, el 5 de diciembre de 2025. Aprovechará estos encuentros con los planetas para tomar algunas medidas de Venus y Mercurio y para calibrar los instrumentos, pero fundamentalmente los hará por necesidades de la órbita.

Ya en marzo de 2026 comenzarán las operaciones científicas. Está previsto que duren un año entero (más de cuatro años en Mercurio), y que se extiendan otro más. Después de eso, la degradación de los instrumentos a causa del viento solar hará imposible continuar con los trabajos. La órbita de la BepiColombo decaerá de forma natural y perderá su altitud. La sonda japonesa tardará unos tres años en estrellarse contra Mercurio. El componente europeo lo hará en seis años.

Trabajar bajo el bombardeo solar

Aparte de lo ya dicho, BepiColombo es una misión extraordinaria porque explorará un mundo desolado en una región abrasada por el Sol. Tendrá que trabajar bajo el bombardeo incesante del viento solar y conseguir que los instrumentos científicos funcionen cerca de una temperatura ambiente, aunque en el exterior haya temperaturas que irán desde los -180 a los 450 ºC. Esto ha requerido que el 85 % de toda la tecnología empleada en la misión sea de nueva creación.

Por ejemplo, la sonda va protegida con un recubrimiento multi-capa y con una pintura blanca especial para frenar el viento solar. Y los paneles solares están equipados con un circuito de refrigeración líquido, que ayudan a disipar el calor del Sol hacia un radiador.

Además, esta misión será el primer viaje interplanetario de la ESA que dependerá de motores de propulsión iónica. Estos aprovechan la energía captada en los paneles solares para robarle electrones al xenón, que la BepiColombo lleva almacenado en un tanque, y al hacerlo generan la propulsión deseada.

Sin embargo, esta novedosa propulsión es uno de los puntos de la misión donde es más probable que haya un error, porque los motores ya dieron problemas durante la fase de pruebas. Además de eso, existen los temores habituales de que algo falle durante el lanzamiento desde el puerto espacial, y de que la nave sufra errores en las múltiples etapas en los que dependerá de dispositivos mecánicos. Por ejemplo, la BepiColombo tendrá que desplegar los paneles solares y las antenas después del despegue, y sus cuatro módulos (las dos sondas, el módulo de transferencia y un escudo protector) se separarán cuando llegue a Mercurio. «Todo en esta misión es un punto crítico», bromeó Mauricio Casale.

Beneficios tecnológicos

Lo positivo de enfrentarse a una misión tan compleja es que permite perfeccionar la tecnología. Tal como explicó María del Pilar Román Fernández, miembro del departamento de Retorno espacial y Tecnológico del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), «BepiColombo ha sido un reto para todas las empresas que han participado: ha requerido cambiar diseños, probar materiales y poner a punto nuevas tecnologías».

Pero, la que ha sido una «misión tremendamente complicada y un auténtico dolor de cabeza», según Román Fernández, también ha traido «nuevas oportunidades para ampliar el mercado y abrir nuevas puertas». Muchos de los desarrollos, cuya historia se remonta a 20 años atrás, se están usando en dos misiones futuras de la ESA: la Solar Orbiter (al Sol) y la JUICE (a Júpiter). Otros proyectos están sirviendo para mejorar las antenas de tierra y otros servirán para diseñar nuevos y mejores sistemas de propulsión para futuros viajes espaciales.

Fuente ABC

 

Descubren un nuevo Planeta Enano en nuestro Sistema Solar

El Sistema Solar es un pequeño «átomo» en la inmensidad de la Vía Láctea, una galaxia formada por cientos de miles de millones de estrellas y de sistemas solares, puesto que se considera que la gran mayoría de las estrellas tienen sus propios sistemas planetarios, de hasta ocho integrantes. Nuestra estrella orbita alrededor de la Vía Láctea, completa una vuelta cada 225 millones de años, y arrastra consigo ocho planetas, cinco planetas enanos, 19 grandes lunas, 185 pequeños satélites, 4.000 cometas y del orden de 800.000 pequeños cuerpos, mayores que un asteroide o un cometa pero menores a un planeta enano. Aparte de eso está todo lo que aún no conocemos.

Precisamente, este martes, el Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional ha anunciado el descubrimiento de un nuevo miembro del Sistema Solar: un objeto llamado 2015 TG387 y apodado «El Duende». Se trata del planeta enano más lejano y se cree que alcanza un diámetro de 300 kilómetros. Su lejana posición y órbita le convierten, según los autores de un estudio que ha sido enviado para ser publicado en Astronomical Journal, en un indicio que avala la existencia de un planeta desconocido en los confines del Sistema Solar: el Planeta X.

Posición del planeta enano descubierto
Posición del planeta enano descubierto – Roberto Molar Candanosa/Scott Sheppard/Institución Carnegie para la Ciencia

El hallazgo ha sido fruto del trabajo de Scott Sheppard, Chad Trujillo y David Tholen, astrónomos en la Institución Carnegie para la Ciencia, la Universidad del Norte de Arizona y de la Universidad de Hawái, respectivamente, que están buscando activamente indicios del Planeta X. El descubrimiento también un golpe de suerte, dada la enorme dificultad de avistar un cuerpo tan pequeño y lejano.

«Creemos que podría haber miles de pequeños cuerpos como 2015 TG387 en los márgenes del Sistema Solar, pero la distancia hace muy difícil encontrarlos», ha dicho en un comunicado David Tholen. De hecho, «en este momento, solo somos capaces de detectar este cuerpo cuando está en su máxima aproximación al Sol. Durante el 99 por ciento restante de su órbita, que tarda en recorrer 40.000 años, sería demasiado tenue para poder ser observado».

Las afueras del Sistema Solar

Este nuevo planeta enano es el que más se aleja del Sol. Ahora está a una distancia de la estrella dos veces y media mayor a la que existe entre el Sol y Plutón, pero llegará a colocarse a 2.300 Unidades Astronómicas de él (cada Unidad Astronómica o UA es la separación media que existe entre la Tierra y el Sol). Esta separación es gigantesca, si se tiene en cuenta que, por término medio, Marte está a 1,52 UAs del Sol, Saturno a 9,6 y Plutón a unas 39,5 Unidades Astronómicas.

Órbita de «El Duende». Es extremadamente excéntrica, y se aleja mucho de la fracción conocida del Sistema Solar
Órbita de «El Duende». Es extremadamente excéntrica, y se aleja mucho de la fracción conocida del Sistema Solar – Roberto Molar Candanosa/Scott Sheppard/Institución Carnegie para la Ciencia

Además, 2015 TG387 o «El Duende» es de los pocos cuerpos que nunca se acercan al Sol. Su perihelio, el punto más cercano de la órbita, se encuentra a la enorme distancia de 65 Unidades Astronómicas. Solo hay dos cuerpos, 2012 VP113 y Sedna, cuyos perihelios son más lejanos, a una distancia de 80 y 76 UAs, respectivamente. Sin embargo, estos se alejan mucho menos de la estrella que «El Duende».

¿Qué está tirando de «El Duende»?

Esto le convierte en un cuerpo extremadamente interesante para los astrónomos: «Los llamados objetos interiores de la nube de Oort –esta es una región esférica que envuelve el Sistema Solar y que se extiende hasta los 1,87 años luz de distancia– como 2015 TG387, 2012 VP113 y Sedna, están aislados del resto del Sistema Solar», ha explicado Scott Sheppard. Por este motivo, «pueden ser usados como sondas para comprender qué está ocurriendo en los límites del Sistema Solar».

Una de las cosas que puede estar ocurriendo en las afueras del Sistema Solar es que exista un planeta de entidad nunca avistado por los astrónomos: se trataría del Planeta X.

«Estos objetos distantes son como migas de pan que nos dirigen hasta el Planeta X», ha dicho Sheppard. «Cuantos más encontremos, mejor entenderemos el Sistema Solar interior y el posible planeta que está dando forma a sus órbitas», ha dicho el astrónomo.

En todo caso, ha hecho falta mucho trabajo para poder dar con «El Duende», porque este pequeño mundo se mueve muy despacio a lo largo de su órbita y su brillo es muy tenue. Fue observado por primera vez por el telescopio japonés Subaru, en Hawái, y luego fue seguido por el telescopio Magallanes y el Telescopio Discovery Chanel, en Chile y Arizona, respectivamente. Así, las observaciones tomadas desde 2015 y prolongadas durante cuatro años han permitido determinar la órbita de «El Duende».

El hecho de que tanto Sedna, como 2012VP113 y como «El Duende» estén tan lejos, más allá del cinturón de Kuiper, sugiere, según los firmantes de esta investigación, que estos objetos están recibiendo el tirón gravitacional de algo grande y distante.

Una posible supertierra

Las simulaciones realizadas por estos autores han propuesto que un hipotético Planeta X podría estirar la órbita de «El Duende», hasta esas 2.300 UAs a las que se llega a alejar. Este escenario sería compatible por lo propuesto en 2016 por los astrónomos Konstantin Batygin y Michael Brown, quienes propusieron la existencia de un planeta de tamaño supertierra (mayor que la Tierra pero menor que Neptuno), situado a cientos de UAs del Sol.

Representación artística del Planeta X
Representación artística del Planeta X – ABC

Aparte de las observaciones hechas con telescopios, las simulaciones han resultado ser compatibles con un escenario donde «El Duende» habría sido estable durante toda la vida del Sistema Solar y donde nunca se habría acercado al Planeta X, al igual que ocurre con Plutón, un pequeño mundo que nunca se acerca a Neptuno a pesar de las proximidad de sus respectivas órbitas.

«Lo que hace este resultado más interesante es que el Planeta X parece afectar a 2015 TG3878 igual que a los otros objetos lejanos del Sistema Solar», ha concluido Trujillo. «Estas simulaciones no prueban que haya otro planeta en el Sistema Solar, pero son una evidencia adicional de que algo grande podría estar ahí fuera».

¿Realmente existe el Planeta X?

¿Podría ser así? Conviene tener en cuenta que los autores de este estudio son precisamente los astrónomos más implicados en la búsqueda del Planeta X. Sus pesquisas giran alrededor del telescopio Subaru, que barre el cielo en las proximidades de la constelación de Orión en busca del sutil brillo de la supertierra que podría haber ahí.

En la actualidad, la mayor parte de los astrónomos consideran que este planeta no existe, porque, sencillamente, no se han encontrado evidencias suficientes como para afirmarlo. Sus partidarios, sin embargo, esgrimen su existencia como explicación para una anomalía estadística en la distribución de pequeños cuerpos en el cinturón de Kuiper y para la inclinación del eje de rotación solar. También consideran que esta supertierra podría alcanzar las diez masas terrestres.

Estos defensores explican que este mundo fue expulsado de su órbita por el gigantesco planeta Júpiter durante el nacimiento del Sistema Solar, o que pudo ser capturado por el Sol, cuando otro sistema solar pasó por sus cercanías. Fuera como fuera, y solo si el Planeta X existiera en las afueras del Sistema Solar, su larga órbita le estaría acercando inexorablemente al alcance de los telescopios terrestres.

Fuente ABC

 

Lanzamiento SAOCOM 1A

El Saocom 1A ya está en órbita. El satélite desarrollado en la sede que la Conae tiene en Córdoba, en Falda del Cañete, fue lanzado con éxito el domingo 07 de octubre a las 23:11hs local.

Algunos de los objetivos del Satélite Argentino de Observación con Microondas:

Identificar zonas en riesgo de inundación y emitir alertas tempranas, así como detectar suelos muy secos con riesgo de incendios.
Generar mapas de humedad del suelo con frecuencia diaria, producir mapas de riesgo de enfermedades de cultivos y evaluar escenarios para la toma de decisiones de siembra y fertilización.
Conocer la cantidad de agua disponible en nieve húmeda para riego, obtener mapas de desplazamiento de glaciares, mapas de desplazamiento del terreno y mapas de pendientes y alturas, entre otras aplicaciones.

De 3 toneladas de peso y fabricado íntegramente en el país, servirá para generar sistemas de alerta temprana de inundaciones elaborar mapas de riesgo de enfermedades de los cultivos, vigilancia del mar argentino frente a la pesca ilegal, y también para dar soporte a la gestión de emergencias ambientales.
El satélite más grande y complejo jamás construido íntegramente en Argentina.

Ese que alcanzará una vez que sea colocado en el espacio a unos 620 kilómetros de la Tierra y comience a brindar valiosos datos de suelo y agua.

 El cohete, un Falcon 9 Block 5 de la empresa SpaceX, perteneciente al multimillonario emprendedor Elon Musk, fue quien lo puso en óbrita desde la Base Vandenberg en California, que administra la Fuerza Aérea de los Estados Unidos,

Unos 30 argentinos estuvieron en la base militar, mientras otros cientos lo hicieron desde nuestro país. Pero hay muchos otros ojos pendientes de este lanzamiento y comienzo del trabajo concreto del primer satélite de radar argentino.

Esos ojos pertenecen a científicos, ingenieros y empresas de diversos países que no pueden creer que en Argentina se haya desarrollado esta capacidad tecnológica partiendo desde cero.

Su construcción real demandó 5 años, pero el proyecto data desde 1998. En estos 20 años su planificación, financiamiento y construcción atravesó 7 gobiernos (Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner, Fernández de Kirchner y Macri), con todas las crisis económicas y políticas que conocemos.

Es tan impresionante el desarrollo argentino que basta saber cuántos países lograron este hito. Sólo uno: Japón. La agencia espacial japonesa JAXA tiene en su haber dos satélites-radar en banda L, el Alos I y II que operan en forma plena y exitosa. Inclusive, la NASA está muy interesada hoy en tener este tipo de tecnología en el espacio y por eso se asoció a la India para construir una serie de satélites similares.

Las aplicaciones que tienen los aparatos japoneses y los beneficios que generan no paran de crecer, tanto en uso civil como militar (defensa). Ejemplos de su accionar indican que el satélite Alos detectó un posible deslave (desmoronamiento de tierra por acción del agua), lo que permitió evacuar a tiempo a los ciudadanos de una pequeña ciudad japonesa de montaña antes que el barro arrasara con las viviendas.

En tanto, el satélite Alos II monitorea el mar de Japón y la navegación china y norcoreana en aguas militarmente “calientes”, anticipando la ubicación de distintos barcos de guerra, ya sea por su fotografía, como también por la estela que deja en el agua.

“Los japoneses se han sorprendido muchísimo con este proyecto argentino. Como cada misión satelital compleja, el aparato es sometido a muchas instancias de revisión y prueba por ingenieros argentinos y de otras agencias espaciales que participan como jurado pertenecientes a varias agencias espaciales de EEUU, Japón, Canadá y Europa. Ellos no podían creer que estuviéramos haciendo este complejo satélite desde cero, sin ningún know how previo. No había experiencia en Argentina en la construcción de un instrumento de radar polarimétrico, con una antena muy grande y mucha sensibilidad en sus integraciones”, explicó a Infobae la Investigadora Principal de la Misión SAOCOM de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Laura Frulla.

“Sólo Japón dispone de satélites con banda L que permiten estudiar la superficie terrestre en general. Las aplicaciones del aparato se adaptan a múltiples necesidades. Los científicos japoneses lograron conocer el instrumento radar argentio al detalle y quieren verlo funcionar ya”, remarcó la doctora en Física egresada de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

Nicolás Renolfi, jefe del proyecto Saocom en Invap, la empresa que construyó el satélite, precisó a Infobae que el Saocom 1A es un satélite de órbita baja con fines científicos y llevará un radar de apertura sintética, que aportará imágenes en blanco y negro, con una resolución espacial de entre 10 y 100 metros, con diferentes ángulos de observación.

“La gran diferencia con las cámaras es que no necesita de la luz, la imagen podrá atravesar una tormenta e, incluso, penetrar el terreno en centímetros o metros, dependiendo de las características. Los objetivos principales son la medición de humedad desde el espacio y ayudar en emergencias”, explicó.

Las imágenes podrán ser tomadas independientemente de las condiciones meteorológicas y de la hora del día, de distintas zonas de la Tierra, en tiempo real, y se podrán hacer en 3D.

“Fotos tomadas de una misma montaña en verano y en invierno con nieve permitirán saber el caudal de agua previsto. En el caso de las zonas inundadas, permitirá tener un detalle de cada región. Además tendrá aplicaciones de defensa, ya que puede monitorear en tiempo real el mar argentino y divisar por ejemplo si se está cometiendo una pesca ilegal”, remarcó el ingeniero electrónico, que trabaja en Invap desde el año 2000.

“Este logro demuestra que en Argentina se puede, y que no hay que achicarse. Uno no sabe cómo lo va a hacer, pero sabe que lo puede hacer. Nosotros no sabíamos nada de radares. Y menos de colocar uno sobre un satélite”, afirmó el experto.

Un satélite único

Enmarcado en el Plan Espacial Nacional, el SAOCOM 1A (Satélite Argentino de Observación con Microondas) fue desarrollado y construido por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto con empresas y organismos como INVAP, VENG y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), con participación de unas 80 empresas de tecnología e instituciones del sistema científico-tecnológico del país y la colaboración de la Agencia Espacial Italiana (ASI).

El proyecto se inició en 2008, dando comienzo a la construcción del satélite concretamente en 2013, en distintos puntos del país: Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Río Negro. Después de 5 años, un récord para la construcción de un satélite tan complejo como este, el aparato se encuentra en cuenta regresiva para su lanzamiento y puesta en órbita.

La misión SAOCOM llevará al espacio una compleja tecnología de observación de la Tierra. Se trata de un instrumento activo que consiste en un Radar de Apertura Sintética (SAR, por sus siglas en inglés), que trabaja en la porción de las microondas del espectro electromagnético, particularmente la banda L.

Tiene tres paneles solares y una plataforma de servicio de 4,7 m de altura por 1,2 m de lado. Observará el planeta de día y de noche, con lluvia o nubes y podrá trasmitir gracias a su antena radar de siete paneles.

Una vez en el espacio, la antena radar del satélite emitirá hacia la Tierra pulsos en microondas que interactuarán con los elementos de la superficie. Esos pulsos volverán a la antena y brindarán información de los elementos que puedan encontrar en la Tierra (hielo, vegetación, suelo, agua, edificios, barcos, etc.). Allí el satélite recibirá esos pulsos y generará paquetes de datos que enviará al Centro de Control de la Misión, ubicado en Córdoba, Argentina.

El satélite, de 3 toneladas de peso, está específicamente diseñado para que pueda servir a la agricultura y a la hidrología, pero también, por ejemplo, permitirá la generación de modelos digitales de elevación del suelo, modelos hidrológicos, para generar pronósticos de inundaciones o sequías, entre otros muchas aplicaciones.

Se trata de un proyecto desarrollado en colaboración con la Agencia Espacial Italiana (ASI) e integra de manera operacional, junto con los satélites italianos COSMO-SkyMed, el SIASGE (Sistema Italo-Argentino de Satélites para Gestión de Emergencias).

El SIASGE estará integrado por dos satélites SAOCOM 1A y 1B, provistos por la CONAE y cuatro satélites de la Constelación Italiana COSMO-SkyMed, de la ASI. Este conjunto de satélites permitirán obtener información certera y actualizada de incendios, inundaciones, erupciones, terremotos, avalanchas, derrumbes y deslaves.

Los 6 satélites se encontrarán ubicados en órbitas polares a la misma altura, en distintos planos orbitales, de tal manera que el conjunto funcione como un instrumento con un enorme ancho de visión sobre la tierra. Esto permitirá un monitoreo en tiempo casi real, ya que se obtendrá actualización de la información cada 12 horas, especialmente necesario para el monitoreo y seguimiento de la evolución de catástrofes.

Las imágenes, unas 225 fotos por día, podrán ser tomadas independientemente de las condiciones meteorológicas y de la hora del día, de distintas zonas de la Tierra, en tiempo real, y se podrán hacer en 3D.

Uso civil y comercial

La utilidad de los satélites Saocom tienen un abanico de aplicaciones, tanto civiles como también comerciales. “La misión es parcialmente comercial. Es una situación espejo a los italianos Cosmo Skynet. Todo usuario que quiera la información para comercializarla, deberá pagarla. Pero quienes la quieran para uso acádémico, institucional o gubernamental, será gratuita. Para ello, deben previamente firmar una licencia de uso en el marco del convenio con Conae para que esos datos no terminen en manos privadas”, comentó Frulla.

Las antenas de Conae en Falda del Cármen, en Córdoba servirán para monitorear al satélite argentino

Las antenas de Conae en Falda del Cármen, en Córdoba servirán para monitorear al satélite argentino

En el ámbito comercial, será de mucha utilidad para el productor agropecuario, por ejemplo. Frulla comentó las instancias que van desde el satélite al productor: una vez obtenidas las imágenes, se envían a la estación receptora que la Conae tiene en la localidad cordobesa de Falda del Carmen, donde son procesadas para generar distintos niveles de información que se convertirán en los insumos para las diferentes aplicaciones para la agricultura y la hidrología.

“Una vez procesadas, el productor va a poder ingresar a nuestra web desde su dispositivo (tablet, celular o notebook) y le suministrará al programa las características de su campo y las condiciones meteorológicas, y un software le va a devolver el reporte en forma de texto o gráficos con una estimación de rinde, o el contenido de humedad en el suelo, o la posibilidad de fertilizar de acuerdo a la situación que desee conocer”, concluyó la especialista.

 

Estrellas de muy alta Presicion

Investigadores del ICATE desarrollaron el método espectroscópico más preciso hasta la fecha para determinar parámetros estelares.
Recientemente, un grupo de investigadores pertenecientes al ICATE (Instituto de Ciencias Astronómicas, de la Tierra y del Espacio, CONICET) dirijido por el Dr. Carlos Saffe Jameson, han logrado desarrollar el método espectroscópico más preciso que se conoce hasta el momento, que permite determinar los llamados “Parámetros Fundamentales” de distintos tipos de estrellas.

Los parámetros de las estrellas juegan un rol fundamental para la comprensión de distintos problemas relacionados con la astrofísica estelar. Debido a la importancia de estos parámetros, existe un esfuerzo constante de distintos grupos de trabajo alrededor del mundo a fin de mejorar la precisión en la determinación de estos valores, tales como la temperatura efectiva (Teff) y la gravedad superficial (log g). Estos parámetros son, a su vez, posteriormente utilizados en un sin número de cálculos que permiten determinar otras cantidades no menos importantes, tales como la masa estelar, la edad, el radio estelar y la composición química detallada de las estrellas. Además, hoy en día sabemos que muchas de las estrellas presentan compañeros de menor masa llamados exoplanetas, de un modo análogo a los planetas de nuestro propio sistema solar. Y los parámetros que caracterizan a estos exoplanetas también dependen fuertemente de los valores adoptados para la estrella que los alberga. De allí entonces la gran importancia de los parámetros estelares.

Los parámetros de las estrellas juegan un rol fundamental para la comprensión de distintos problemas relacionados con la astrofísica estelar. Debido a la importancia de estos parámetros, existe un esfuerzo constante de distintos grupos de trabajo alrededor del mundo a fin de mejorar la precisión en la determinación de estos valores, tales como la temperatura efectiva (Teff) y la gravedad superficial (log g). Estos parámetros son, a su vez, posteriormente utilizados en un sin número de cálculos que permiten determinar otras cantidades no menos importantes, tales como la masa estelar, la edad, el radio estelar y la composición química detallada de las estrellas. Además, hoy en día sabemos que muchas de las estrellas presentan compañeros de menor masa llamados exoplanetas, de un modo análogo a los planetas de nuestro propio sistema solar. Y los parámetros que caracterizan a estos exoplanetas también dependen fuertemente de los valores adoptados para la estrella que los alberga. De allí entonces la gran importancia de los parámetros estelares.

Pero la historia no termina ahí. Recientemente, el grupo logró implementar una mejora significativa en el cálculo de los párametros estelares, la cual consiste en la utilización de opacidades especificas no-escaladas al patrón solar. El corazón del nuevo proceso consiste en una iteración doble, mediante la aplicación de una iteración interna para el cálculo de parámetros (tales como temperatura y gravedad), contenida dentro de una iteración externa (escalando el patrón químico de la estrella en cuestión). El proceso completo recibe el nombre de “calculo de párametros mediante el uso de opacidades no-escaladas al valor solar”. Cabe notar que es la primera vez que se logran calcular parámetros mediante la aplicación de esta técnica, y que esto permite obtener una precisión nunca antes alcanzada por métodos espectroscópicos para estrellas de tipos espectrales FGK, es decir para estrellas de tipo solar.

“Estamos contentos, ya que alcanzamos la mayor precisión posible para determinar parámetros espectroscópicos en estrellas de tipo solar”, explica el Dr. Saffe. El nuevo procedimiento fue implementado en las computadoras del ICATE, aunque los autores indican que el código es libre y se otorgará acceso a todos aquellos autores que así lo requieran. El trabajo mencionado ha sido recientemente aceptado para publicación en la revista Astronomy & Astrophysics.

Hallan agua en Jupiter

El 7 de diciembre de 1995, la sonda Galileo, de la NASA se precipitó en la atmósfera de Júpiter a más de 170.000 kilómetros por hora y logró enviar 58 minutos de datos a la Tierra antes de quedar pulverizada por las inmensas presiones del interior del planeta.

En parte, las mediciones de la sonda en sus minutos finales de existencia cumplieron con las expectativas de los científicos, pero hubo también varias sorpresas. La mayor y más desconcertante de todas fue que la región en la que penetró Galileo estaba casi completamente seca, desde luego mucho más de lo que los investigadores habían anticipado. Las 79 lunas del planeta gigante están hechas, en su mayor parte, de hielo, por lo que se suponía que la atmósfera de Júpiter debía contener una considerable cantidad de agua. Pero la sonda no encontró ni rastro de ella.

Hoy, casi un cuarto de siglo más tarde, los expertos siguen debatiendo la cuestión, y se preguntan cuánta agua podría estar ocultándose en el interior de la espesa atmósfera joviana. Y ahora, según se desprende del trabajo de un equipo de investigadores entre los que se encuentra Máté Ádámkovics, astrofísico de la Universidad de Clemson, la pregunta ha podido ser finalmente respondida. Y la respuesta es… mucha. La investigación acaba de publicarse en The Astronomical Journal.

«Al formular y analizar datos obtenidos utilizando telescopios terrestres -afirma Ádámkovics- nuestro equipo ha detectado las firmas químicas del agua en las profundidades de la Gran Mancha Roja del planeta. Júpiter es un gigante de gas que contiene más del doble de la masa de todos los demás planetas combinados. Y aunque el 99 por ciento de su atmósfera está compuesta por hidrógeno y helio, incluso una pequeña fracción de agua en un planeta tan grande supondría mucha cantidad, muchas veces más agua de la que tenemos aquí en la Tierra».

Durante sus observaciones, los investigadores centraron su atención en la Gran Mancha Roja de Júpiter, una descomunal tormenta dos veces mayor que la Tierra que lleva azotando el planeta desde hace más de 150 años. El equipo buscó agua allí utilizando los datos de radiación recogidos por dos instrumentos instalados en telescopios terrestres: iSHELL, en el Telescopio de Infrarrojos de la NASA; y el espectrógrafo de infrarrojo cercano del Telescopio Keck 2, ambos ubicados en la remota cumbre de Maunakea, en Hawái.

El equipo encontró evidencias de tres capas diferentes de nubes en la Gran Mancha Roja, la más profunda de ellas entre 5 y 7 bares. Un bar es una unidad métrica de presión que refleja la presión atmosférica media en la Tierra al nivel del mar. La altitud en Júpiter se mide en bares porque el planeta no tiene una superficie sólida parecida a la de la Tierra desde la cual medir la elevación. A unos 5-7 bares, o cerca de 160 kilómetros de profundidad, es donde los científicos creían que la temperatura alcanzaría el punto de congelación del agua. Y al parecer, la más profunda de las tres capas de nubes identificadas por los investigadores están, efectivamente, hechas de agua congelada.

«El hallazgo de agua en Júpiter utilizando nuestra técnica es importante por varias razones -explica Ádámkovics-. Nuestro estudio se centró en la mancha roja, pero futuros proyectos podrán estimar la cantidad de agua total que existe en el planeta. El agua, además, puede jugar un papel crítico en los patrones climáticos de Júpiter, así que esto ayudará a avanzar en nuestra comprensión de lo que hace que la atmósfera del planeta sea tan turbulenta. Y, finalmente, donde existe el potencial de agua líquida, la posibilidad de vida no puede descartarse por completo. Aunque parezca poco probable, la posibilidad de vida en Júpiter no está fuera del alcance de nuestra imaginación».

La sonda Juno, de la NASA, que llegó a Júpiter en 2016 y orbitará a su alrededor hasta 2021, ha revelado ya muchos secretos sobre un mundo tan grande que estuvo a punto de convertirse en estrella. Y, por supuesto, Juno también busca agua con su propio espectrómetro de infrarrojos. Si las observaciones de Juno coinciden con las llevadas a cabo desde tierra, entonces la nueva técnica se podrá aplicar no solo a la Gran Mancha Roja, sino a todo Júpiter. Y, por qué no, también a Saturno, Urano y Neptuno, los otros tres planetas gaseosos de nuestro sistema solar.

Fuente ABC