Confirman que la Posición de los planetas estan cambiando el clima en la Tierra

Geólogos han constatado el acortamiento de un ciclo orbital que influyó en el clima del planeta y han propuesto un Planetario Geológico, un gran modelo para poder viajar atrás en el tiempo y averiguar cómo se movían los planetas

ABC Ciencia@abc_cienciaMADRIDActualizado:05/03/2019 09:17h32

Hace años que los expertos han detectado un alarmante calentamiento global que no se corresponde con ningún ciclo natural y que está provocado por la quema de combustibles fósiles. Está causando un aumento tan rápido de las temperaturas, que hay serios temores de que dañe algunos ecosistemas naturales esenciales para nuestro sustento y el de muchos seres vivos. Pero, al margen de este hecho, lo cierto es que el clima de la Tierra siempre ha sido un fenómeno en constante cambio y que depende de multitud de factores naturales, como la actividad del Sol, las erupciones volcánicas o la actividad de los seres vivos. Además, resulta extremadamente difícil comprenderlo y predecirlo, porque se comporta de forma caótica y compleja, y porque nuestro registro del pasado solo nos permite reconstruir cómo fue de una forma muy gruesa.

El año pasado, una investigación constató que, al menos desde hace 205 millones de años, el tirón gravitacional de los planetas Venus y Júpiter ha alargado la órbita de la Tierra en un cinco por ciento cada 405.000 años, lo que ha tenido su repercusión sobre el clima. Ahora, los mismos investigadores han publicado un estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences que ha identificado aspectos claves para explicar la influencia de los movimientos de los planetas sobre la órbita y la orientación de la Tierra, así como la inclinación de su eje, en los últimos 200 millones de años. Entre otras cosas, han averiguado que un ciclo que antes duraba 1,75 millones de años, ahora actúa cada 2,4 millones de años. Estos conocimientos permitirían averiguar cómo serán los cambios a largo plazo en las órbitas de Júpiter, Mercurio, Venus y Marte, que son las que más peso tienen en la órbita y el clima de la Tierra.

Además, han propuesto crear un «Planetario Geológico», un refinado modelo de los movimientos de los planetas para tratar de «viajar hacia atrás en el tiempo», reconstruir el clima de la Tierra y de otros planetas, así como entender cómo fueron sus órbitas en el pasado.

«El Planetario Geológico es lo opuesto a una ecuación o a un modelo», ha explicado en un comunicado Paul Olsen, director del estudio e investigador en la Universidad de Columbia (EE.UU.). «Está diseñado para proporcionar una historia exacta y meticulosa del Sistema Solar».

Pintura de Paul Olsen, mostrando los dos planetas que más influyen en la órbita de la Tierra. De abajo a arriba, Júpiter, Marte y la Luna
Pintura de Paul Olsen, mostrando los dos planetas que más influyen en la órbita de la Tierra. De abajo a arriba, Júpiter, Marte y la Luna – Paul Olsen

La idea recuerda a lo que sería crear un Sistema Solar en miniatura, tan perfectamente sincronizado como un reloj o como el mecanismo de Anticitera, y rebobinar el tiempo para ver cómo interaccionaban los planetas en el pasado, y cómo influían sobre el clima. Es más o menos lo que propuso Pierre-Simon de Laplace, a comienzos del siglo XIX, cuando sugirió crear una ecuación para modelizar todo el Universo.

Un reloj… caótico

«Pero ya sabemos que el Sistema Solar no es un reloj», ha reconocido Olsen. «De hecho es muy caótico a largas escalas (…). Esto significa que no puedes reconstruir la historia a partir de cálculos o modelos, por mucho que sean muy precisos, porque los movimientos del Sistema Solar son increíblemente sensibles».

Como ocurre en otros sistemas complejos, como el propio clima de la Tierra, cambiar un factor incluso levemente puede tener profundas consecuencias, o tener resultados completamente distintos después de millones de años.

Por ello, los modelos tienen un alcance muy limitado: «Uno de mis coautores, Jacques Laskar, ha mostrado que las computaciones pueden adelantar o hacer retroceder el tiempo en 60 millones de años. Más allá de eso, las predicciones se hacen dudosas». La principal consecuencia, dado que la Tierra tiene 4.500 millones de años de edad, es que los científicos solo pueden predecir el clima, a grandes rasgos, durante el 1,6 por ciento de su historia.

En busca de eventos terroríficos

Además, cuando tratan de predecir el futuro, los modelos revelan muchos eventos terroríficos, como la colisión o expulsión de planetas. «Quizás incluso la Tierra podría chocar contra Venus algún día. No podemos decir si podría ocurrir en el futuro. Así que necesitamos algún método para limitar las posibilidades», ha dicho el investigador.

El Planetario Geológico pretende cambiar esta realidad. «Lo que es nuevo aquí es nuestra aproximación sistemática de extraer testigos de roca abarcando decenas de millones de años, observando el registro cíclico de sedimentos y datando, de forma precisa, todos esos cambios en múltiples lugares», ha resumido Paul Olsen. «Esto nos permite capturar un amplio rango de deformaciones de la órbita y eje terrestres durante periodos largos de tiempo». De esta forma, según este investigador, sería más fácil comprender la influencia de los cambios de las órbitas sobre el clima y cómo variaron los ciclos climáticos.

Testigos geológicos

Por el momento, los científicos han realizado dos grandes experimentos con testigos geológicos. Estos les han permitido averiguar que los cambios en climas tropicales, entre los 252 y los 199 millones de años de antigüedad, estuvieron marcados por ciclos orbitales de 20.000, 100.000 o 400.000 años. Por otro lado, la danza entre Marte y la Tierra alargó el gran ciclo de 1,75 millones de años hasta los 2,4.

A continuación, los investigadores combinarán los dos experimentos realizados con los datos de testigos extraídos a elevadas latitudes, en las actuales China y Australia, con la finalidad de obtener nuevos datos sobre las órbitas pasadas de los planetas. También tratarán de extender el registro otros 20 millones de años, y de tomar muestras en bajas latitudes. «Con todo eso, podremos determinar qué cambios, si los ha habido, han tenido lugar a causa del baile gravitacional de Marte y la Tierra», ha dicho Paul Olsen. «Esto sería toda una demostración de concepto del Planetario Geológico».

Si esto fuera posible, Olsen ha dicho que podrán usar este Planetario Geológico para el tiempo comprendido entre los 60 y los 190 millones de años. Esto sería caro, en su opinión, pero permitiría producir modelos climáticos de alta calidad para la Tierra y para planetas como Marte. Incluso, tendría implicaciones en la búsqueda de exopanetas habitables o para contrastar teorías controvertidas, como aquellas que sugieren que la Tierra atraviesa un plano de materia oscura en la galaxia de forma periódica.

Según ha concluido el investigador, los datos muestran que la Tierra está entrando en un tiempo en el que los niveles de CO2 en la atmósfera son tan altos como los que había 200 millones de años, cuando existían los primeros dinosaurios. «Esto –refiriéndose al Planetario Geológico– nos da una potencial forma de observar cómo interaccionan todos los factores».

Fuente ABC

Temor por una posible Megatormenta Solar

Nuestro planeta sufre un bombardeo constante de partículas cósmicas. Procedentes en gran medida del Sol y también de las estrellas o de los más violentos y lejanos eventos del Universo, no sería exagerado decir que cada centímetro cuadrado de nuestro mundo recibe, a cada segundo que pasa, el impacto de millones de estas partículas de alta energía.

Afortunadamente, contamos con un escudo natural que nos defiende de esta agresión constante: el campo magnético que rodea la Tierra y que desvía, o convierte en una lluvia inofensiva, la mayor parte de esas partículas letales. Sin él, es muy probable que la vida se hubiera extinguido hace mucho tiempo, o incluso que ni siquiera hubiera llegado a formarse.

Sin embargo, en ocasiones, la agresión resulta tan violenta que ni siquiera el escudo magnético es capaz de contenerla. En esos momentos, nuestras defensas se ven ampliamente superadas y las partículas de alta energía atraviesan la atmósfera como millones de «balas microscópicas» que impactan sobre la superficie del planeta y contra todo lo que hay en ella.

Las «megatormentas»

Es el caso de lo que los expertos conocen como «tormentas solares masivas», provocadas por enormes explosiones en la superficie del Sol y ante las cuales no existe defensa posible. Sabemos que esas «megatormentas» se producen, pero llevamos demasiado poco tiempo observando sistemáticamente el Sol como para ser capaces de prededir sus ciclos con exactitud.

No olvidemos que hace apenas 70 años que los investigadores disponen de instrumentos para estudiar y medir la intensidad de las tormentas solares. Un tiempo muy corto pero que sin embargo ha bastado para darse cuenta del riesgo que esas tormentas pueden suponer para las redes eléctricas, los sistemas de comunicaciones, los satélites, el tráfico aéreo y, en definitiva, para todo aquello que hace posible la vida cotidiana de miles de millones de personas en todo el mundo.

El Sol, liberando una llamarada
El Sol, liberando una llamarada – ABC

Dos ejemplos recientes de tormentas solares severas en tiempos modernos y que causaron grandes cortes de energía tuvieron lugar en Quebec, Canadá, en 1989 y en Malmö, Suecia, en 2003. Fueron solo «fenómenos locales», pero los expertos tienden a considerarlos más bien como «avisos» de lo que una de esas tormentas sería capaz de hacer a escala global.

El evento Carrington

En la actualidad, en efecto, un creciente número de investigaciones nos está indicando que las tormentas solares que han afectado a la Tierra pueden llegar a ser incluso mucho más poderosas de lo que las mediciones directas han demostrado hasta el momento. Ahí está el ejemplo del llamado «evento Carrington» de 1859, considerada como la tormenta solar más potente de la historia. A finales de agosto de ese año, la superficie solar emitió una tremenda llamarada, una nube de partículas ardientes varias veces más grande que la Tierra. Y lo hizo justo en nuestra dirección.

Durante esos días, y a medida que la enorme tormenta envolvía nuestro planeta, las auroras boreales (provocadas por las partículas solares que son desviadas hacia los polos por el campo magnético) llegaron hasta los trópicos (incluso se avistaron auroras boreales desde Madrid), y varios días después, entre el 1 y 2 de septiembre, los sistemas de telégrafos fallaron o se incendiaron de forma espontánea a lo largo de toda Europa y América del Norte debido a la oleada de energía que recibieron.

Por suerte, en aquellos momentos la energía eléctrica apenas si estaba empezando a cambiar la vida en las grandes ciudades. Si un evento similar se produjera ahora, las consecuencias serían inimaginables para nuestra especie, los muertos se contarían por millones y retrocederíamos, en apenas unas horas, cientos de años en cuanto a progreso se refiere.

Las otras grandes tormentas del pasado

El evento Carrington fue observado por el astrónomo del que tomó su nombre (Richard Carrington), que a pesar de la falta de medios de la época consiguió recopilar numerosos datos. ¿Pero qué hay de las «otras» grandes tormentas solares del pasado, esas que nadie lo suficientemente preparado observó y de las que no existe registro alguno? ¿Cuántas ha habido? ¿Cómo de potentes? ¿Cada cuánto tiempo se producen?

Durante las últimas dos décadas, los científicos se esfuerzan por buscar signos de grandes tormentas solares más atrás en el tiempo, con la esperanza de desentrañar sus ciclos y conocer, por lo tanto, qué nos depara el futuro.

El último de esos trabajos ha sido llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, y acaba de ser publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. En él, los científicos han utilizado núcleos de hielo para encontrar pistas de tormentas solares anteriores.

Una poderosa tormneta en el siglo VII a.C.

Los núcleos de hielo conservan, en forma de estratos superpuestos, auténticas «instantáneas» que permiten extraer información sobre la composición atmosférica, el clima o la biología de momentos concretos del pasado. En esta ocasión, los núcleos estudiados procedían de Groenlandia y contenían hielo formado durante los últimos 100.000 años. Y en ese material se incluían evidencias de una poderosa y hasta ahora desconocida tormenta solar que alcanzó la Tierra en el año 660 antes de Cristo.

«Si esa tormenta solar hubiera ocurrido hoy -asegura Raimund Muscheler, profesor de Geología de la Universidad de Lund y autor principal de la investigación- habría tenido graves efectos en nuestra sociedad tecnológica».

El estudio ha traido a la luz el tercer caso conocido de una tormenta solar masiva descubierta gracias a observaciones indirectas. Es decir, estudiando los «archivos» de la propia Naturaleza, en forma de núcleos de hielo o anillos de los árboles. Con anterioridad, Muscheler también participó en una investigación que confirmó la existencia de otras dos «megatormentas» solares sucedidas en los años 775 y 994 (después de Cristo) respectivamente.

«Hechos naturales recurrentes»

En su artículo, Muscheler y sus colegas destacan que, aunque las tormentas solares masivas son raras, los datos indican que podrían ser «hechos naturales recurrentes» en la actividad solar. Es decir, un tipo de ciclo solar que nos resulta tan peligroso como desconocido. «Es justamente por eso -indica el investigador- que debemos aumentar las medidas de protección de la sociedad ante las tormentas solares».

Por desgracia, la mayor parte de las evaluaciones de riesgo actuales se basan en las observaciones directas llevadas a cabo durante los últimos setenta años. Pero Muscheler insiste en que es necesario reconsiderar esas evaluaciones a la luz de las tres tormentas solares masivas descubiertas hasta ahora. Para el investigador, debemos ser plenamente conscientes de que la probabilidad de que vuelvan a producirse tormentas de esa intensidad es muy alta, y nuestra sociedad es enormemente vulnerable ante ellas.

No sabemos exactamente cuándo, pero la próxima gran tormenta solar llegará. «Nuestra investigación -concluye el científico- sugiere que actualmente estamos subestimando los riesgos. Necesitamos estar mejor preparados».

Fuente ABC

Cientifico Argentino descubre el tercer planeta extrasolar más cercano a nosotros

Un equipo internacional de astrónomos a cargo del Astrónomo Rodrigo Díaz, miembro del Conicet, acaba de hacer público el descubrimiento de una nueva “supertierra” a solo 8 años luz de distancia de nosotros, lo que la convierte en el tercer planeta más próximo al Sistema Solar descubierto hasta el momento. El trabajo se acaba de publicar en la revista Astronomy & Astrophysics.

Una investigación que llevó al Astrónomo y miebro del Conicet 8 años.

El hallazgo se llevó a cabo con el espectrógrafo SOPHIE, instalado en el telescopio de 1,93 metros del Observatorio de Haute-Provence, en Francia (el mismo que permitió el descubrimiento, en 1995, del primer planeta extrasolar). En una nota hecha pública por el CNRS francés (Centro Nacional para la Investigación Científica), se explica que el nuevo planeta tiene una masa tres veces superior a la de la Tierra y orbita alrededor de la estrella GI411, situada en la constelación de la Osa Mayor.

Los investigadores están convencidos de que se trata de un mundo rocoso, como el nuestro, lo que le coloca en la reducida lista de mundos muy cercanos y similares a la Tierra, como es el caso, por ejemplo, de Próxima b.

El telescopio de 1,93 m del Observatorio de Haute-Provence, en el que se monta el espectrógrafo SOPHIE, que permitió el descubrimiento del exoplaneta Gl411b
El telescopio de 1,93 m del Observatorio de Haute-Provence, en el que se monta el espectrógrafo SOPHIE, que permitió el descubrimiento del exoplaneta Gl411b – CNRS/OHP

Los astrónomos, dirigidos por Xavier Delfosse, del Instituto de Planetología y de Astrofísica de Grenoble, se centraron en la búsqueda de planetas alrededor de “enanas rojas”, un tipo de estrellas mucho más pequeñas y menos luminosas que el Sol. Las enanas rojas constituyen cerca del 80 por ciento de las estrellas que hay en nuestra galaxia, y por lo tanto son también las más numerosas alrededor del Sistema Solar.

Además, la reducida masa de las enanas rojas, junto a su baja luminosidad, facilitan mucho la tarea de localizar a su alrededor planetas del tipo terrestre (sólidos, y no gaseosos), especialmente los que podrían estar orbitándolas en sus zonas de habitabilidad (la distancia a la estrella que permite la existencia de agua en estado líquido). Planetas en los que, por lo menos potencialmente, sería posible la vida.

“Entre las estrellas que observamos a lo largo de los años -asegura Melissa Hobson (también científica argentina junto con Nicolás Unger que conformaron parte del equipo investigador), uno de los miembros del equipo- acumulamos hasta 155 mediciones de GI411, el cuarto sistema estelar más cercano a nosotros, que se encuentra a solo 8 años luz. Al analizar detalladamente todos esos datos, nos quedó claro que había un planeta en la órbita de esa estrella”.

De hecho, al medir con gran precisión la velocidad de la estrella, el instrumento SOPHIE detectó en ella una serie de movimientos muy pequeños, causados por la masa del planeta orbitando a su alrededor. Y eso fue lo que permitió descubrir la existencia del nuevo mundo, llamado GI411b. El planeta tiene tres veces la masa de la Tierra y completa una órbita alrededor de su estrella cada 13 días. El exoplaneta, además, se encuentra extraordinariamente cerca de su estrella madre, apenas a 0,08 Unidades astronómicas, unas cinco veces más cerca de lo que Mercurio está del Sol.

Sin embargo, y debido a que la estrella GI411 es mucho más fría que el Sol (su temperatura superficial es de 3.000 grados frente a los 6.000 que reinan en la superficie solar), el planeta solo recibe 3,5 veces más calor que la Tierra. No demasiado, pero sí suficiente como para comprometer su posible habitabilidad. Los investigadores, de hecho, creen que GI411b podría tener más cosas en común con Venus que con la Tierra.

El más cercano y pequeño

Hasta el momento, el Observatorio de Haute-Provence ha conseguido descubrir ya cerca de 200 exoplanetas, pero GI411b es el más cercano y pequeño de todos ellos. Se trata, de hecho, del tercer exoplaneta más cercano a la Tierra. En palabras de Rodrigo Díaz, de la Universidad de Buenos Aires y primer firmante del estudio, “su proximidad y luminosidad lo convierten en un objetivo ideal para futuros trabajos destinados, en particular, a estudiar su ambiente”.

Esos estudios, entre ellos la caracterización de atmósferas, hoy por hoy algo casi imposible de hacer, estarán al alcance de los nuevos instrumentos que se instalarán en la próxima generación de telescopios, que está en plena construcción.

GI411b será entonces -prosigue el investigador-, junto a Próxima b, descubierto en 2016, uno de los dos objetivos más adecuados para la caracterización directa de imágenes. Algo que nos ayudará a comprender mucho mejor el comportamiento de los planetas justo por debajo de la zona habitable”.

Los tres planetas más cercanos, en orden a proximidad son: Próxima b, Barnard b y GI411b.

Fuente ABC

Adios al Opportunity

La NASA ha dado por completada la misión del Rover de Exploración de Marte (MER) Opportunity, un artefacto de 185 kilogramos de masa y valorado en 400 millones de dólares con el que se perdió el contacto el pasado 10 de junio después de que una intensa y prolongada tormenta de polvo inutilizase sus paneles solares. La agencia espacial ha puesto fin así a 15 años de misión que han permitido, entre otras muchas cosas, confirmar que en el pasado Marte fue un planeta cubierto de agua y que pudo ser habitable.

A pesar de todo, el abrupto final de la misión no será considerado un fracaso. El rover, que aterrizó en Marte el 24 de enero de 2004, estaba diseñado para recorrer una distancia de 1.006 metros y permanecer operativo durante 90 días marcianos (poco más de 90 días terrestres). Desde entonces, sin embargo, ha batido el récord de distancia recorrida sobre la superficie de un mundo distinto a la Tierra, alcanzando los 45,16 kilómetros, y ha funcionado durante 5.111 días marcianos. Una auténtica maratón.

«15 años sobre la superficie de Marte es el legado no solo de una magnífica máquina de exploración sino también del dedicado y talentoso trabajo del equipo detrás de él, que nos ha permitido expandir nuestro conocimiento sobre el planeta rojo», dijo en un comunicado de la NASA John Callas, director de la misión MER.

El rover Opportunity, también llamado MER-2, en 2003, poco antes de su lanzamiento
El rover Opportunity, también llamado MER-2, en 2003, poco antes de su lanzamiento – NASA

El destino del rover se truncó el pasado 10 de junio, cuando la NASA perdió contacto con el robot en medio de una tormenta global de polvo en Marte. Los científicos explicaron que el polvo depositado sobre los paneles y, sobre todo, el oscurecimiento de la atmósfera, disminuyeron el suministro de energía necesario para mantener los sistemas. Cuando las baterías alcanzaron un nivel de carga inferior a los 24 voltios, el robot entró de forma automática en modo de bajo consumo, en medio del Valle de la Perseverancia.

Desde entonces, el rover ha permanecido apagado por completo, con la excepción de un reloj programado para tratar de reactivarlo de vez en cuando. En todo este tiempo, el mayor temor ha sido que, al apagarse los sistemas de calefacción del rover, la temperatura cayera e inutilizase las baterías de forma permanente.

De hecho, se cree que fue el frío el que, en 2010, inutilizó el rover de exploración de Marte (MER) Spirit, un gemelo del Opportunity que quedó varado en la arena marciana.

Hay que recordar que el Spirit y el Oppurtunity fueron enviados a zonas opuestas de Marte para buscar huellas de agua pasada en Marte. El primero aterrizó en el cráter Gusev y el segundo en Meridiani Planum. Curiosamente, ambos se posaron rebotando y rodeados de una pelota compuesta por varias bolsas de aire.

Desde que la tormenta marciana clareó en septiembre del año pasado, los científicos del JPL han estado enviando instrucciones y escuchando señales para tratar de recuperar contacto, cada vez con menos esperanzas. Ayer, una de las científicas de la misión escribió un triste mensaje en Twitter después de un último intento: «Hubo lágrimas. Hubo abrazos. Hubo recuerdos y risas compartidas».

Los logros de Opportunity

La misión MER ha permitido confirmar que en el pasado Marte estuvo cubierto de agua y que pudo ser habitable. Además, en todo este tiempo, el Opportunity ha estado tomando muestras de rocas y suelos y tomando imágenes panorámicas, como si se tratara de un geólogo que hubiera viajado a Marte. Ha buscado pruebas de la pasada presencia de agua y huellas de procesos geológicos, ha analizado la naturaleza de los minerales marcianos y si las condiciones pasadas pudieron ser favorables para la vida. Opportunity fue también la primera en descubrir un meteorito fuera de la Tierra y el que pudo fotografiar los «diablos marcianos», remolinos de polvo que se forman en el planeta rojo.

Si se confirma la «muerte» de Opportunity, la superficie marciana quedará «vigilada» solo por las misiones Curiosity, en la que un enorme y sofisticado rover de exploración recorre el planeta para rastrear huellas minerales y químicas de que en el pasado Marte pudo ser un mundo habitable, y la Insight, que pretende perforar Marte y estudiar su estructura y temperatura interiores.

Fuente ABC

Un meteoroide podría impactar con la Tierra

Un asteroide de 40 metros de diámetro llamado 2006 QV89 podría chocar contra la Tierra el próximo mes de septiembre, con una probabilidad estimada en estos momentos en 1 entre 11.428. Pero no se preocupe demasiado. Al menos por el momento. Porque esta roca a la que los medios han prestado atención en los últimos días se encuentra todavía tan lejos de nosotros que considerarla una amenaza es practicar la quiromancia. Hasta julio, cuando se acerque lo suficiente para saber cuál será su trayectoria final, resulta una incógnita espacial a 44.000 kilómetros por hora.

«La incertidumbre es demasiado grande para poder evaluar el riesgo de impacto», explica por teléfono José María Madiedo, profesor de la Universidad de Huelva y miembro de la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoros. Según informa la web del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA, el asteroide 2006 QV89 vuela ahora a 1,46 UA (unidades astronómicas), unos 219 millones de kilómetros de la Tierra. Su ubicación actual está muy próxima a la órbita de Marte, pero en el lado opuesto a donde se encuentra el planeta.

Este esquema muestra la ubicación actual del asteroide 2006 QV89
Este esquema muestra la ubicación actual del asteroide 2006 QV89 – Jet Propulsion Laboratory (JPL) / NASA

«Los asteroides son objetos oscuros, algunos tanto como el carbón. No emiten luz propia, y eso hace que sean muy difíciles de estudiar», señala Madiedo. «A una distancia tan grande no se puede precisar su órbita, que además puede cambiar, ya que en su camino la roca se verá perturbada por la gravedad de otros planetas», añade. Por eso motivo, estos objetos deben ser «monitorizados constantemente».

Hay que vigilar, pero no alarmarse. «No hay una situación de emergencia, ni mucho menos», subraya el investigador. Los programas de seguimiento rastrearán la trayectoria del asteroide como lo hacen con otros objetos similares y en julio sabremos realmente a qué distancia visitará la Tierra. Los cuerpos de un tamaño similar a 2006 QV89 son bastante numerosos y deben ser monitorizados para descartar cualquier peligro.

Como en Chelyabinsk

2006 QV89 parece en el número 82 en la lista de riesgo de impacto de la NASAy no está considerado como potencialmente peligroso, una categoría en la que entran las rocas espaciales a partir de 140 metros de diámetro. Si impactara, probablemente explotaría en la atmósfera y su onda de choque causaría daños a nivel local. El resultado sería muy parecido a lo ocurrido en Chelyabinsk (Rusia) en 2013, cuando una roca de unos 20 metros provocó casi 1.500 personas heridas y causó daños en edificios e instalaciones. Solo los meteoritos de cientos de metros o más de un kilómetro pueden causar daños a escala planetaria, como el que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. Por fortuna, «no hay ninguna amenaza de ese calibre en los próximos cien años», recalca Madiedo.

En cuanto a 2006 QV89, «no hay que preocupase en absoluto». Como dice José María Madiedo, «el que esté pagando una hipoteca, tendrá que seguir pagándola después del 9 de septiembre. El mundo no se va a acabar ese día, al menos no por culpa de esta roca».

Fuente ABC

Eclipse de Luna en la Ciudad de Mendoza

Con motivo del eclipse total de Luna y la superluna, durante la noche del domingo, una gran cantidad de personas se acercaron al espacio verde, para contemplar el firmamento. La actividad contó con modernos telescopios, explicación astronómica y astrofotografía, entre diversas opciones que se sumaron para completar una velada inolvidable.

Vecinos y turistas disfrutaron de una nueva edición del evento que convoca a fanáticos de las constelaciones, estrellas, cuerpos celestes y los misterios que esconde nuestro universo: Astroturismo, una actividad para todo público que incluyó una explicación astronómica a cargo de guías especializados. Esa noche se produjo un eclipse total de Luna, que es cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y proyecta su sombra sobre el astro satélite. Este evento astronómico se pudo apreciar a simple vista, ya que la Luna se tornó de color rojo durante varios minutos.

Para poder visualizarlo de la mejor manera, la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza y “El Firmamento” organizaron un encuentro con food trucks, shows en vivo (homenaje a Soda Stereo por su canción “Luna Roja”), DJ  y explicaciones astronómicas desde las 22 hs. en el Nuevo Parque Cívico. Una vez comenzado el eclipse, se observó el mismo con telescopios especiales colocados para el disfrute de los espectadores. Además, se pudieron tomar astrofotografías con teléfonos celulares utilizando los mismos telescopios.

El Intendente de la Ciudad, Rodolfo Suarez, estuvo presente y manifestó: “Es una alegría poder compartir esta noche especial en el Parque Cívico. Ha superado todas las expectativas, es impresionante la cantidad de gente que se acercó a vivir el eclipse. Es una noche para disfrutar con la familia, los vecinos y gente de otros departamentos que nos visitan. Además, estos eventos se hacen para ocupar los espacios públicos con actividades novedosas, innovadoras. En esta oportunidad, lo realizamos en el Parque Cívico, lugar que el Gobierno provincial ha dejado a nuevo y hoy la Municipalidad de la Ciudad es la encargada de cuidarlo y mantenerlo para el disfrute de los vecinos”.

La gran cantidad de público presente en el evento vivió con entusiasmo y asombro una noche muy especial en la Ciudad de Mendoza. En este sentido, Claudia, una aficionada a los astros contó: “Me parece maravilloso poder descubrir el espacio a través de los telescopios y las explicaciones de los astrónomos. Estoy fascinada”. Por su parte, Agustín, un niño que observó la luna con los telescopios, comentó: “Creo que es una de las experiencias más buenas de mi vida. Voy a volver a la próxima edición de Astroturismo”.

Mirá a continuación las impactantes imágenes de cómo se vivió la “Luna Roja” en la Ciudad.

Fuente e imágenes corresp. a Ciudad de Mendoza

Detectan señales repetitivas procedentes del Espacio Exterior

Los estallidos rápidos de radio (FRB, por sus siglas en inglés) son uno de los fenómenos más misteriosos del Universo. En apenas unos pocos milisegundos, estas señales pueden generar la misma energía que el Sol en unos 80 años. Sin embargo, los científicos desconocen su origen. Qué tipo de fuente poderosa puede liberar semejantes ráfagas en el Universo sigue siendo un enigma, aunque los investigadores creen que debe de situarse mucho más allá de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Incluso se ha especulado con la fantástica posibilidad de que sean el producto de otra civilización tecnológicamente avanzada a miles de millones de años luz de distancia.

Hasta la fecha, los astrónomos habían detectado unas sesenta emisiones de este tipo. Pero solo una de ellas se había repetido (unas 200 veces desde que fue descubierta en 2015 por el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico), al parecer proveniente de un magnetar en una galaxia enana a 3.000 millones de años luz de la Tierra, según publicaba en enero de 2017 en la revista «Nature» un equipo holandés. Esa fuente fue bautizada como FRB 121102 y sus ráfagas intermitentes son tan brillantes que pueden verse en todo el Universo. Un año después, otro grupo de científicos canadienses ha dado a conocer en dos artículos en la misma publicación la existencia de otras trece señales rápidas. Y por segunda vez, una de ellas también se repite.

Las nuevas señales extragalácticas fueron descubiertas con el radiotelescopio CHIME, situado en el Valle de Okanagan en la Columbia Británica, durante un período de observación de solo tres semanas el pasado verano. «Hasta ahora, solo se conocía una FRB repetida. Saber que hay otra sugiere que es posible que haya más ahí fuera. Y con más repetidores y más fuentes disponibles para el estudio, podremos entender estos enigmas cósmicos, de dónde provienen y qué los causa», afirma Ingrid Stairs, miembro del equipo CHIME y astrofísica de la Universidad de la Columbia Británica.

A baja frecuencia

La señal repetida (llamada FRB 180814) tuvo seis pulsos que parecen originarse a una distancia de 1.500 millones de años luz, aproximadamente la mitad de la primera ráfaga de repetición. Las nuevas señales tiene otra característica importante. La mayoría de las detectadas anteriormente habían sido encontradas en frecuencias cercanas a los 1.400 MHz, muy por encima del rango del radio telescopio canadiense de 400 MHz a 800 MHz. Sin embargo, la mayoría de las trece nuevas ráfagas se registraron en las frecuencias más bajas de CHIME. En algunos casos, la señal en el extremo inferior de la banda era tan brillante que, según los investigadores, parece probable que se detecten otros FRB en frecuencias incluso más bajas que el mínimo de 400 MHz del instrumento. (La más baja detectada anteriormente se situaba en los 580 MHz).

El radiotelescopio CHIME, en la Columbia Británica (Canadá)
El radiotelescopio CHIME, en la Columbia Británica (Canadá) – Instituto Espacial McGill

Los investigadores creen que las FRB se generan en regiones densas y turbulentas de sus galaxias anfitrionas, lugares donde hay una gran cantidad de nubes de gas (nebulosas que forman estrellas) y explosiones estelares como supernovas. «Esto nos da pistas sobre qué tipo de objetos pueden generar las FRB. No sabemos exactamente de qué galaxias vienen, pero estimamos se encuentran hasta a mil millones de años luz de distancia», explica a ABC Shriharsh Tendulkar, del Instituto Espacial McGill en Montreal (Canadá).

La detección a frecuencias más bajas significa que algunas de las teorías hasta ahora expuestas sobre los orígenes de estas señales deberán ser reconsideradas. «Y el hecho de que las ráfagas se repitan descarta cualquier modelo catastrófico para la generación de las FRB (es decir, uno en el que la fuente se destruye al generar la ráfaga). Por ejemplo, una FRB emitida por una fusión de dos estrellas de neutrones o la de una estrella de neutrones y un agujero negro no se puede repetir», explica Tendulkar. Aún no está claro si las fuentes que generan las señales repetidas son diferentes de las que aparentemente solo generan una. Quizás ni siquiera sean individuales, sino que se repiten con muy poca frecuencia. «Es demasiado pronto para saberlo», dice el investigador.

¿Una inteligencia extraterrestre?

En cuanto a la posibilidad de que estas señales rápidas sean creadas por una inteligencia extraterrestre, «creo que es extremadamente poco probable», apunta Shriharsh Tendulkar. «Como científico, no puedo descartarlo al 100%, pero una afirmación extraordinaria debe estar respaldada por pruebas extraordinarias», subraya. El investigador recuerda que algo parecido ocurrió con los pulsos periódicos de radio emitidos por púlsares y detectados desde 1967. En un principio, también existió la tentación de atribuirlos a los «pequeños hombres verdes», pero la idea se disipó rápidamente cuando hubo una respuesta física lógica. «Los FRB son muy similares en estructura a estos pulsos (aunque casi un billón, es decir, 1000.000.000.000 veces más potentes), por lo que no hay razón para pensar que tienen que ser de una fuente inteligente», indica. Igualmente, puntualiza que no existe ninguna estructura «inteligente» o «que contenga información» en las explosiones. «Si viéramos una señal de teléfono celular, por ejemplo, a través de nuestro telescopio, aunque no sabría lo que se dice entendería que está pasando información. La vida inteligente no está en la mente de ningún astrónomo como fuente de estas FRB», concluye.

Fuente ABC

 

New Horizons llega a Ultima Thule

El pequeño y helado mundo conocido como Ultima Thule finalmente ha sido revelado.

Una nueva imagen proveniente de la nave espacial New Horizons de la Nasa muestra que se trata de dos objetos unidos, para dar una apariencia de “muñeco de nieve”.

Las imágenes de la sonda de EE. UU. Adquiridas a medida que se acercaba a Ultima indicaban la posibilidad de un cuerpo doble, pero la primera imagen detallada del próximo sobrevuelo del martes lo confirma.

New Horizons encontró a Ultima a 6500 millones de kilómetros de la Tierra, esto equivale a aprox 43 UA (1 UA = 15o millones de quilómetros).
El evento estableció un registro para la exploración más lejana de un objeto del Sistema Solar. La marca anterior también fue establecida por New Horizons cuando sobrevoló el planeta enano Plutón en 2015.

Orbita alrededor del Sol en una región del Sistema Solar conocida como el cinturón de Kuiper, una colección de escombros y planetas enanos.

Hay cientos de miles de miembros de Kuiper como Ultima, y ​​al ser un cuerpo de seguro helado, dará con seguridad pistas de cómo se formaron todos los cuerpos planetarios hace unos 4.600 millones de años.
El equipo de la misión cree que las dos esferas que conforman este objeto en particular probablemente se unieron justo al principio, o muy poco después.
Los científicos han decidido llamar al lóbulo más grande “Ultima” y al lóbulo más pequeño “Thule”. La relación de volumen es de tres a uno.

Jeff Moore, un co-investigador de New Horizons del Centro de Investigación Ames de la NASA, dijo que dichos cuerpos se habrían unido a una velocidad muy baja, a unos 2-3 km / h.

Los nuevos datos de la nave espacial de la NASA también muestran cuán oscuro es el objeto. Sus áreas más brillantes reflejan solo el 13% de la luz que cae sobre ellas; El más oscuro, solo el 6%; eso es similar a la tierra alojada en las macetas de nuestro hogar, dijo Cathy Olkin, científica adjunta del proyecto de la misión del Southwest Research Institute (SwRI).

Sin embargo, tiene un tinte de color. “Tuvimos un color áspero en el Hubble, pero ahora podemos decir definitivamente que Ultima Thule es rojo”, agregó la colega Carly Howett, también de SwRI.
“Nuestra teoría actual de por qué Ultima Thule es roja es la irradiación de helados exóticos”. Esencialmente, su superficie ha sido “quemada” a través de los eones por los rayos cósmicos de alta energía y los rayos X que inundan el espacio.

El investigador principal, Alan Stern, rindió homenaje a la habilidad de su equipo para adquirir la imagen mientras New Horizons pasaba volando por el objeto, alcanzando los 3.500 km desde su superficie con el mayor acercamiento.

La sonda tenía que apuntar a Ultima con mucha precisión para asegurarse de obtenerla en la imagen central de la cámara y otros instrumentos a bordo.

La región denominada Ultima posee un tamaño similar a la ciudad de Washington DC, y es tan reflectante como la tierra de nuestro jardín, y está iluminado por un Sol que es 1.900 veces más débil que un día soleado en la Tierra.

Menos del 1% de todos los datos recopilados por New Horizons durante el sobrevuelo se han enviado a la Tierra. Al ser tan lento la llegada de datos desde el cinturón de Kuiper significa que pasarán 20 meses antes de recabar toda la información tomada por la nave espacial.

Las imágenes compartidas por el equipo el miércoles pasado fueron tomadas mientras la sonda aún estaba a 28,000 km de Ultima Thule y se distinguían algunos accidentes geológicos mayores a los 140 mts. Se esperan fotos en febrero que fueron capturadas en el momento de mayor acercamiento y éstas tendrán una resolución de aproximadamente 35 m por píxel.

¿Qué tiene de especial el cinturón de Kuiper?

Varios factores hacen que Ultima Thule y el dominio en el que se mueve sean tan interesantes para los científicos.

Una de ellas es que el Sol es tan tenue en esta región que las temperaturas bajan cerca de 30-40 grados por encima del cero absoluto: el extremo inferior de la escala de temperatura donde los átomos y moléculas alcanzan el punto más más frío. Como resultado, las reacciones químicas se han estancado esencialmente. Esto significa que Ultima se encuentra en una congelación tan profunda que probablemente esté perfectamente conservada en el estado en que se formó.

Otro factor es que Ultima es pequeño (unos 33 km en la dimensión más larga), y esto significa que no tiene el tipo de “motor geológico” que se encuentra en los cuerpos más grandes.

Y un tercer factor es la naturaleza del medio ambiente. Es muy tranquilo en el cinturón de Kuiper.
A diferencia del Sistema Solar interno, probablemente hay muy pocas colisiones entre objetos. El cinturón de Kuiper no ha sido removido.

El profesor Stern dijo: “Todo lo que vamos a aprender sobre Ultima, desde su composición hasta su geología, hasta cómo se montó originalmente, ya sea que tenga satélites y una atmósfera, y ese tipo de cosas, nos va a enseñar sobre las condiciones de formación originales en el Sistema Solar que todos los demás objetos que hemos ido orbitando, volando y aterrizando no nos pueden decir porque son grandes y ya evolucionaron o son cálidos. Ultima es único”.

¿Cuáles son los siguientes pasos de la  New Horizons?

Primero, los científicos deben trabajar en los datos de Ultima, pero también pedirán a la NASA que financie una extensión adicional a la misión.
La esperanza es que el curso de la nave espacial pueda modificarse ligeramente para visitar al menos un objeto más del cinturón de Kuiper en algún momento de la próxima década.
New Horizons debería tener suficientes reservas de combustible para poder hacer esto. Críticamente, también debería poseer suficientes reservas eléctricas para seguir operando sus instrumentos hasta la década de 2030.
La longevidad de la batería de plutonio de New Horizon puede incluso permitirle registrar su salida del Sistema Solar.

Las dos misiones Voyager de la década de 1970 ya han abandonado la heliosfera: la burbuja de gas expulsada de nuestro Sol (una definición del dominio del Sistema Solar). La Voyager 2 solo lo hizo recientemente, en noviembre.

Y en caso de que te lo preguntes, New Horizons nunca igualará a los Voyagers en términos de distancia recorrida desde la Tierra. Aunque New Horizons fue la nave espacial más rápida lanzada en 2006, continúa perdiendo terreno frente a las misiones más antiguas. La razón: la Voyagers obtuvieron un aumento de velocidad gravitacional cuando pasaron los planetas exteriores. El Voyager-1 ahora se está moviendo a casi 17 km / s mientras que New Horizons lo hace a 14km / s.

Fuente BBC

La sonda China aterriza en la Cara Oculta de la Luna

Este es el primer aterrizaje exitoso en la cara oculta de la Luna en la historia de la humanidad

Medios estatales de China informaron que el explorador lunar Chang’e 4 aterrizó con éxito a las 2:26 UTC de este 3 de enero en el sector oculto de la Luna, que nunca antes se había explorado.

De esta manera, el país asiático se ha convertido en la primera nación en la historia de la humanidad que logra hacer aterrizar con éxito una sonda en esta zona lunar.

Según la Televisión Central de China, el aterrizaje, que se efectuó relativamente cerca del lugar predeterminado, permitió “abrir un nuevo capítulo” en el estudio del satélite de la Tierra.

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La sonda La Chang’e-4 ya ha enviado la primera imagen de la cara oculta de la Luna tras su aterrizaje.

El pasado 8 de diciembre China lanzó con éxito la sonda en el cohete Long March 3B para explorar el sector oculto del satélite natural de la Tierra. La sonda recibió su nombre de la diosa de la Luna en la mitología china.

Está previsto que llevará a cabo mediciones y recolección de rocas que podrían revelar nuevos detalles sobre la región lunar más alejada de la Tierra.

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La importancia de la misión de la Chang’e-4 radica en que el sector lunar al que está dirigido tiene una composición diferente a los sitios que ya fueron explorados. Yingzhuo Jia, de la Academia de Ciencias de la Universidad de China, y su grupo de trabajo detallaron que, además de estudiar el lado oscuro de la Luna, intentarán realizar un estudio radioastronómico de baja frecuencia de la superficie y análisis topográficos y de la composición mineralógica de la región a la que llegará el ‘rover’.

‘Biosfera lunar’

El proyecto incluye también un experimento biológico que deberá mostrar si es posible mantener la vida en esa parte de la Luna, y con ese fin Chang’e-4 lleva a bordo semillas de papa y de ‘Arabidopsis’, una planta emparentada con el repollo y la mostaza, así como huevos de gusanos de seda.

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Con el experimento Pekín prevé crear una pequeña ‘biosfera lunar’. Para lograr su objetivo, depositará en la cara oculta de la Luna un cilindro de aluminio con las semillas y los huevos. El recipiente, de tres kilogramos, contendrá agua, aire, una pequeña cámara y un sistema de transmisión para que los investigadores puedan observar la evolución del proceso desde la Tierra, a alrededor de 384.400 kilómetros.

En este sentido, el experto en cosmonáutica, Ígor Tirski, señala que la cara oculta de la Luna está protegida de las ondas de radio provenientes de la Tierra, lo que permite investigar mejor el espacio.

El próximo objetivo de China será lanzar la sonda Chang’e-5, que tendrá como misión traer a la Tierra muestras de la Luna.

 Fuente RT

 

Sonda InSight en Marte

Después de una gran fiesta cuesta trabajo volver a la realidad. Que se lo digan al equipo de científicos e ingenieros de la NASA que ayer vivieron una jornada maratoniana e intensa para posar la sonda InSight sobre la superficie de Marte. Después del éxito total alcanzado ayer, y de las merecidas celebraciones, poco a poco han ido volviendo al trabajo Y, con ellos, el propio robot ya ha hecho sus deberes.

A las 05.30 de esta madrugada, el vetusto satélite marciano 2001 Mars Odissey recogió las tranquilizadoras señales emitidas por las antenas de la InSight y que indican que los paneles solares, que tenían que desplegarse 16 minutos después del aterrizaje, se han abierto y están recargando las baterías de la máquina. Además, el satélite ya ha fotografiado la zona de aterrizaje y está enviando los datos.

«El equipo de InSight puede descansar más fácilmente ahora que sabemos que los paneles solares están desplegados y recargando las baterías», dijo esta noche Tom Hoffman, director del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena (California). «Ha sido un largo día para el equipo. Pero mañana –es decir, esta la tarde de este martes– comienza un excitante nuevo capítulo para InSight: las operaciones de superficie y el comienzo de la fase de despliegue de los instrumentos».

Los ingenieros pueden respirar tranquilos ahora que el par de paneles solares de la sonda, cada uno de los cuales mide 2,2 metros de largo, están captando la lánguida luz solar que llega hasta Marte y que cargará las baterías hasta llegar a una potencia equiparable a la que necesita una batidora. Modesta pero suficiente para operar los instrumentos, incluso después de tormentas de polvo.

Próximos pasos

En los próximos días, despertará el brazo robótico de InSight. Este lleva acoplada una cámara con la que comenzará a examinar con gran detalle la porción de terreno marciano que queda bajo la sonda. A lo largo de semanas, los científicos tratarán de escoger el lugar más adecuado para colocar los instrumentos, lejos de la presencia de incordiosas piedras. Las primeras fotografías indican que no hay muchas rocas por los alrededores.

Una vez tomada la decisión, el brazo robótico cogerá el sismógrafo, un instrumento que se llama SEIS, y lo colocará en Tierra. Horas después, colocarán una protección frente al viento y la radiación sobre este. Más adelante, comenzarían las perforaciones con un taladro equipado con sensores de temperatura, y llamado HP3. Eso sí, todo este trabajo no finalizará hasta dentro de dos o tres meses.

Fotografía captada por InSight minutos después de posarse en Marte
Fotografía captada por InSight minutos después de posarse en Marte – JPL/NASA

Mientras tanto, trabajará el instrumento español TWINS, una estación meteorológica que medirá presiones y vientos, y un magnetómetro. Ambos permitirán trazar con detalle una radiografía de Elisium Planitia, que será el hogar de Insight durante los dos años que durará la misión.

La importancia de TWINS, el instrumento español

Además, tal como explicó a ABC Alberto González-Fairén, científico del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC) implicado en TWINS, este instrumento será crucial en las posteriores mediciones: «Los vientos en Marte pueden ser muy violentos, y aunque la atmósfera es muy fina y en ningún caso podrían llegar a desestabilizar un lander, sí que podrían provocar vibraciones significativas por ejemplo en los paneles solares. Estas vibraciones podrían ser interpretadas por el sismógrafo como indicios de martemotos. El cruce de los datos del sismógrafo con los que obtengamos con TWINS es por lo tanto esencial para la interpretación correcta de la información de InSight».

Durante los dos años de misión, InSight investigará el interior de Marte. Con el sismómetro detectará unos temblores conocidos como «martemotos», y que son el equivalente, mucho más débil, de los terremotos de nuestro planeta. La sonda medirá su frecuencia y sus peculiaridades y, con esa información, tratará de averiguar cómo es el interior de Marte, qué grosor tiene la corteza, cuál es el tamaño del manto y cómo es el núcleo.

Además, la sonda perforará entre tres y cinco metros del subsuelo marciano para medir las temperaturas. Con esa información, se deducirá cuánto se está enfriando y cómo es su estructura. Todo lo aprendido servirá para comprender la historia de planetas rocosos, como la Tierra. Dado que Marte carece de tectónica de placas, su estructura es un fósil con miles de millones de años de edad.

Aparte de la NASA, el proyecto InSight ha sido posible gracias al Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES), el Instituto de Física del Globo de París (IPGP), el Centro Aerospacial de Alemania (DLR), el Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar en Alemania (MPS), el Instituto Tecnológico de Suiza (ETH), el Imperial College y la Universidad de Oxford (Reino Unido), el Centro de Investigación Espacial (CBK) de la Academia de Ciencias de y el Astronika de Polonia y el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC), en España.

Todo este trabajo permitirá avanzar en el conocimiento del Sistema Solar y los exoplanetas, en el estudio de la geología de la Tierra y en la tecnología de satélites, naves espaciales, comunicaciones y materiales, entre otras cosas. También es un paso clave antes de enviar una misión tripulada a Marte.

Fuente ABC