El Cambio de brillo de Betelgeuse se debe a gigantescas manchas solares

En octubre de 2019, un poco antes de que un virus desconocido cambiase el mundo, una de las estrellas más visibles y reconocibles se oscureció visiblemente en el firmamento. Betelgeuse, una gigante roja situada a unos 700 años luz de la Tierra, y suspendida en la constelación de Orión, vio su brillo reducido hasta tres veces. Los astrónomos se lanzaron a observarla y a averiguar por qué, mientras que muchas personas descubrían entonces que Betelgeuse está condenada a estallar en la supernova más brillante de la historia, en algún momento entre hoy y los próximos 10.000 años.

Los astrónomos propusieron varias explicaciones para explicar ese oscurecimiento, el mayor registrado en los últimos 150 años, y que no desapareció

 hasta abril de este año. Ahora, un estudio publicado en «Astrophysical Journal» ha concluido que, probablemente, lo que ocurrió es que en la superficie de la estrella aparecieron unas manchas inusualmente gigantescas que redujeron la cantidad de radiación emitida por Betelgeuse. Esto descartaría la hipótesis de que una nube de polvo y gas expulsada por la estrella pudiera haber causado su oscurecimento.

La estrella moribunda

Betelgeuse no se parece al Sol. Es un orbe enorme, que llegaría a la órbita de Júpiter si estuviera en la posición de nuestra estrella, y cuya superficie está en constante cambio, provocando alteraciones de luminosidad que se repiten de forma periódica.

Pero el año pasado ocurrió un oscurecimiento realmente inusual. Según esta investigación, dirigida por la astrónoma Thavisha Dharmawardena, del Instituto Max Planck de Astronomía, en Heidelberg (Alemania), en la superficie de la estrella aparecieron gigantescas manchas solares, regiones más frías que la periferia, que llegaron a cubrir entre el 50 o el 70 % de la superficie estelar.

«Al final de sus vidas, (algunas) estrellas se convierten en gigantes rojas», ha explicado Dharmawardena. Cuando su combustible se agota, se hinchan y se hacen inestabes, con lo que su tamaño sufre fluctuaciones y cambios de brillo en periodos de cientos o miles de días.

Estas estrellas renqueantes también pueden expulsar importantes capas de gas, que se enfrían y enriquecen el entorno espacial con metales (para los astrofísicos, elementos químicos más pesados que el helio y el hidrógeno que luego son parte de planetas y seres vivos).

Un cambio de temperatura en la estrella

Para comprobar si el oscurecimiento estaba causado por el polvo o las manchas, el equipo de Dharmawardena recurrió a los datos captados por el «Experimento Atacama Pathfinder» (APEX) y el telescopio «James Clerk Maxwell» (JCMT), que tienen la capacidad de detectar la presencia de polvo interestelar.

En seguida observaron que el oscurecimiento de la estrella iba mucho más allá de lo atribuible a la presencia de polvo, y que se producía en rangos de luz que no deberían estar afectados por esta causa. Además, observaron unos cambios en la radiación emitida por la estrella compatibles con un cambio de temperatura en su superficie equivalente a una media de 200ºC.

Aparte de estas nuevas evidencias, en diciembre de 2019 ya se obtuieron imágenes de alta resolución que muestran la presencia de zonas con distinto brillo, lo que encaja fácilmente con la presencia de grandes manchas solares.

«(Tanto las fotografías) como nuestros resultados son una pista clara de la presencia de enormes manchas solares cubriendo entre el 50 y el 70% de la superficie, con una temperatura menor a la de la fotosfera (la superficie de la estrella)», ha dicho Peter Scicluna, coautor del trabajo e investigador del Observatorio Europeo Austral (ESO).

Las manchas solares son frecuentes en las gigantes rojas, pero nunca se había visto formaciones tan gigantescas, capaces de disminuir tanto el brillo de una estrella como para que se pueda percibir a simple vista en el cielo.

Thavisha Dharmawardena ha dicho que en los próximos años se podrá averiguar si la drástica caída en el brillo de Betelgeuse está relacionada con algún tipo de ciclo de manchas solares, como el que tiene el Sol. «En cualquier caso, Betelgeuse seguirá siendo un objeto muy interesnte para futuros estudios», ha aventurado.

Fuente ABC

Dia del Asteroide 2020

Este año se apostó al doble de actividades, una a nivel Provincial y otra tanto Nacional como Internacional. La primera, con fecha 19 de junio, se efectuó, como se venía haciendo desde hace más de 4 años en la Provincia de Mendoza, la concientización, información y conocimiento sobre la importancia en las investigaciones de estos cuerpos celestes denominados asteroides, siendo potencialmente peligrosos para la humanidad y su continuidad en el Planeta.

Todos los 30 de junio se recuerda, a nivel mundial, el Día del Asteroide (en inglés Asteroid Day).

Gracias a El Firmamento y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, vienen llevando a cabo esta actividad de manera ininterrumpida. Siempre con nueva información y de gran interés.

Por motivos de público conocimiento, este año se llevó a cabo, vía red social Facebook, la transmisión en vivo de las actividades. El acceso a ambas fue libre y gratuito.

El evento Nacional e Internacional se transmitió a traves de las diferentes redes sociales (Youtube, Facebook, Twitter) el 30 de junio. Aquí El Firmamento organizó en conjunto con Cielo Guaraní de Posadas y Observatorio Tharsis de Río Negro la actividad con importantes expositores estando presentes «Campo del Cielo» de la Provincia del Chaco y la Asociación de Aficionados a la Astronomía de la República del Paraguay.

Para quienes no han podido presenciar ambas actividades, les acercamos, al final de la nota, los links correspondientes.

Agradecemos tanto a los que participaron en la organización y exposición como a los presentes, esperando volver a reencontrarlos en nuestras próximas actividades. Manténganse informados a través de nuestra web oficial ( www.elfirmamento.com.ar ).

El Firmamento

Si se perdió ambas actividades o desea volver a verla, aquí estan los links:

Estrella «monstruosa» desaparece a la vista de los Telescopios

Vista y no vista. Un equipo de investigadores ha descubierto la desaparición de una estrella monstruosa, 2,5 millones de veces más brillante que el Sol, situada en la galaxia enana Kinman, a 75 millones de años luz. La ausencia, detectada con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo del Sur (ESO) en el desierto de Atacama (Chile), podría revelar una nueva e insólita forma de morir para las estrellas, colapsando en un agujero negro sin antes haber producido una supernova.

Imagen de la galaxia enana Kinman, también conocida como PHL 293B, tomada po el telescopio espacial Hubble de la NASA / ESA en 2011
Imagen de la galaxia enana Kinman, también conocida como PHL 293B, tomada po el telescopio espacial Hubble de la NASA / ESA en 2011 – NASA, ESA / Hubble, J. Andrews (U. Arizona)

Ubicada en la constelación de Acuario, la galaxia enana Kinman está demasiado lejos para que los astrónomos puedan ver sus estrellas individuales, pero pueden detectar las firmas de algunas de ellas. De 2001 a 2011, la luz de la galaxia mostró constantemente evidencias de que albergaba una estrella «variable luminosa azul». Las estrellas de este tipo, las más luminosas que se conocen y entre las que se encuentran algunas de las más masivas del Universo, son inestables y muestran cambios drásticos ocasionales en sus espectros y brillo. Pero incluso con esos cambios, dejan huellas específicas que los científicos pueden identificar.

Las observaciones también indicaron que la estrella estaba en una etapa tardía de su evolución, lo que resultaba muy interesante para aprender más sobre cómo mueren las estrellas. Pero cuando en 2019 los investigadores apuntaron el VLT a la galaxia distante, ya no pudieron encontrar las firmas reveladoras de la estrella. «En cambio, nos sorprendió descubrir que había desaparecido», reconoce Andrew Allan, del Trinity College de Dublín, Irlanda, y responsable del estudio que aparece en «Monthly Notices of the Royal Astronomical Society».

¿Qué le sucedió? ¿Por qué ya no estaba allí? «Es posible que hayamos detectado que una de las estrellas más masivas del Universo local está entrando suavemente en la noche eterna», apunta el miembro del equipo Jose Groh, también del Trinity College.

El equipo recurrió a datos más antiguos, entre 2002 y 2009, recopilados en el VLT de ESO y telescopios en otros lugares. La comparación con las nuevas observaciones fue reveladora. Los datos antiguos indicaban que la estrella en Kinman podría haber estado experimentando un fuerte período de explosión que probablemente terminó en algún momento después de 2011. Las variables luminosas azules como esta son propensas a experimentar explosiones gigantes en el transcurso de su vida, causando que su tasa de pérdida de masa se dispare y su luminosidad aumente drásticamente.

Convertida en un agujero negro

Con base a sus observaciones y modelos, los astrónomos han sugerido dos explicaciones para la desaparición de la estrella y la falta de una supernova. El estallido puede haber dado como resultado que nuestra protagonista se transformara en una estrella menos luminosa, que también podría estar parcialmente oculta por el polvo. Alternativamente, el equipo dice que la estrella puede haberse derrumbado en un agujero negro, sin producir una explosión de supernova. Este sería un evento raro: nuestra comprensión actual de cómo mueren las estrellas masivas apunta a que la mayoría de ellas terminan sus vidas en una supernova. «Si es cierto -dice Allan-, esta sería la primera detección directa de una estrella monstruosa que acaba con su vida de esta manera».

Los autores reconocen que hacen falta más estudios para confirmar cuál fue el destino de esta estrella. El poderoso Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de ESO, proyectado para 2025, quizás sea capaz de resolver este misterio cósmico.

Fuente ABC

Científicos calculan un número de 6000 millones de Planetas similares a la Tierra en Nuestra Vía Láctea

Cuando se trata del Universo, las cifras pueden llegar a marear. Vivimos en una galaxia que contiene alrededor de 400.000 millones de estrellas, la mayoría de ellas con uno o más planetas, y «ahí fuera», más allá de las fronteras de nuestra Vía Láctea, las galaxias se cuentan por billones.

Ahora, un equipo de astrónomos liderados por Michelle Kunimoto, de la Universidad de British Columbia, acaba de llevar a cabo una estimación del número de planetas de nuestra galaxia similares a la Tierra. Y el resultado son 6.000 millones, una cifra gigantesca pero que supone apenas un pequeño porcentaje del total de mundos que contiene la Vía Láctea. El estudio se acaba de publicar en The Astronomical Journal.

Para ser considerado similar a la Tierra, un planeta debe ser rocoso, aproximadamente del mismo tamaño que el nuestro y estar, además, en órbita alrededor de una estrella de tipo G, similar al Sol. También tiene que orbitar en la «zona de habitabilidad» de esa estrella, la distancia adecuada para que la temperatura superficial del planeta permita la existencia de agua líquida, uno de los ingredientes fundamentales para la vida.

De los cerca de 400.000 millones de estrellas de la Vía Láctea, cerca del 7% son del tipo G. Y eso significa que en nuestra galaxia existen alrededor de seis mil millones de estrellas con capacidad de tener planetas similares a la Tierra.

«Mis cálculos -explica Kunimoto- establecen un límite superior de 0,18 planetas similares a la Tierra por cada estrella tipo G. Estimar lo comunes que son los diferentes tipos de planetas alrededor de diferentes clases de estrellas puede aportar importante información sobre la formación de planetas y su evolución, y ayudar así a mejorar las futuras misiones dedicadas a descubrirlos».

Debido a su pequeño tamaño, los planetas como la Tierra tienden a ser pasados por alto por los instrumentos como la sonda Kepler, dedicados a la búsqueda sistemática de nuevos mundos. Y eso significa que su número resulta muy pequeño en comparación de otros tipos más grandes de planetas descubiertos por los astrónomos. Para superar esta dificultad, Kunimoto utilizó una técnica conocida como «modelado hacia delante«.

«Empecé simulando la población completa de exoplanetas alrededor de las estrellas estudiadas por la misión Kepler -explica la investigadora-. Después marqué cada planeta como ‘detectado‘ o ‘perdido‘, dependiendo de la probabilidad de que mi algoritmo de búsqueda los hubiera encontrado. Luego, comparé los planetas detectados con mi catálogo real de planetas. Si la simulación producía una coincidencia cercana, entonces la población inicial probablemente representaba de forma correcta la población real de planetas que orbitan alrededor de esas estrellas».

El trabajo de Kunimoto y sus colegas también arrojó más luz sobre una de las cuestiones más controvertidas sobre los exoplanetas: la llamada «brecha de radio«. La brecha de radio demuestra que es poco común que planetas con periodos orbitales de menos de 100 días tengan un tamaño entre 1,5 y dos veces el de la Tierra. Kunimoto encontró que, en realidad, la brecha de radio existe en un rango mucho más estrecho de periodos orbitales de lo que se creía. Sus resultados de observación, de hecho, proporcionan importantes restricciones en los modelos de evolución planetaria que explican las características de la brecha de radio.

Fuente ABC

¿Descubren Sistema Tierra-Sol gemelo?

A 3.000 años de distancia de nosotros, los astrónomos podrían haber encontrado lo que llevaban tanto tiempo buscando: un planeta «gemelo» de la Tierra. Y es que, entre los más de 4.000 exoplanetas descubiertos hasta ahora, KOI-456.04 destaca de entre todos los demás. ¿El motivo? Orbita alrededor de una estrella que es igual a nuestro Sol. Y lo hace, además, a una distancia que permitiría que en la superficie de ese mundo lejano las temperaturas fueran compatibles con la vida. El hallazgo, que aún debe ser confirmado por medio de nuevas observaciones, se acaba de publicar en Astronomy & Astrophysics.

El esperanzador candidato a planeta fue descubierto por un equipo de astrónomos dirigidos por investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania. Su estrella, llamada Kepler 160, emite luz visible, como la nuestra, y no radiación infrarroja, como sucede con las enanas rojas, más débiles y pequeñas que el Sol, que alumbran a la mayor parte de los demás exoplanetas descubiertos hasta ahora.

Los telescopios espaciales como CoRot, Kepler o TESS han permitido el descubrimiento, durante los últimos 14 años, de más de 4.000 planetas extrasolares diferentes. La mayoría de ellos, sin embargo, son mundos gaseosos y gigantes, de tamaño comparable al de Neptuno, y además en órbitas relativamente cercanas alrededor de sus estrellas anfitrionas.

Pero los centíficos también han descubierto algunos planetas, aunque no demasiados, rocosos y con tamaños similares al de la Tierra. Y un puñado de ellos también se encuentran a la distancia correcta de su estrella para que sus temperaturas superficiales permitan la existencia de agua en estado líquido, un ingrediente, por lo que sabemos, esencial para la vida. «Sin embargo -explica René Heller, primer firmante del artículo- , la imagen completa de la habitabilidad implica también una mirada a las cualidades de la estrella». Y hasta ahora, casi todos los exoplanetas de menos del doble del tamaño que el nuestro y que tienen un potencial de temperaturas de superficie compatibles con la vida están en órbita de enanas rojas.

El enigma de las enanas rojas

Las enanas rojas tienen una vida extremadamente larga, y por eso tienen a favor el hecho de que los planetas que las orbitan han tenido el doble de tiempo que la Tierra para formar y evolucionar vida. Pero la mayor parte de la radiación que emiten esas pequeñas estrellas es infrarroja, y no luz visible como la que conocemos. Muchas de ellas, además, emiten violentas llamaradas de energía que, como se ha comprobado ya en varias ocasiones, pueden «freir» literalmente a sus planetas y destruir, por lo tanto, la vida que pudiera haber en ellos.

Por último, para que el calor recibido sea suficiente para la vida, esos mundos tienen que estar tan cerca de sus estrellas (mucho más débiles que el Sol), que la gravedad estelar llega incluso a deformarlos, abombándolos, y se piensa que las fuerzas de marea podrían ser lo suficientemente fuertes como para provocar en ellos violentos episodios de volcanismo global, lo que también sería fatal para la vida.

En otras palabras, estas condiciones desfavorables hacen que la habitabilidad de los planetas alrededor de enanas rojas sea una cuestión muy debatida entre la comunidad científica.

Una estrella igual que el Sol

Pero en KOI-456.04 todo podría ser diferente. En su artículo, el equipo de científicos del Max Planck, junto a investigadores del Observatorio de Sonnenberg, la Universidad de Gotinga, la Universidad de California en Santa Cruz y la NASA, informan sobre el potencial hallazgo de un planeta cuyo tamaño es menos del doble que el de la Tierra, y que recibe una «iluminación moderada» de una estrella muy similar al Sol.

A cerca de 3.000 años luz de distancia, la estrella Kepler 160 ya fue ampliamente estuduada por la sonda Kepler, que la siguió entre 2009 y 2013. Su radio es apenas algo mayor que el del Sol, su temperatura superficial es de 5.200 grados (300 grados menos que el Sol) y su luminosidad es, también, prácticamente la misma, lo que la convierte en una auténtico «doble» de la estrella que ilumina la Tierra.

Desde hace ya seis años, además, se sabe que Kepler 160 es anfitriona de dos planetas, llamados Kepler 160b y Kepler 160c. Ambos son sustancialmente mayores que la Tierra y siguen órbitas muy cercanas a la estrella, por lo que las temperaturas convierten sus superficies en auténticos hornos, incompatibles con la vida. Pero una serie de pequeñas variaciones en el periodo orbital del planeta Kepler 160c proporcionó a los científicos la «firma» de un tercer planeta que, sin embargo, aún no había sido confirmado.

Ahora, Heller y sus colegas han vuelto a revisar esos viejos datos en busca de otro planeta adicional «oculto» en ellos. El equipo de investigadores ya había tenido éxito antes en tareas similares, al encontrar hasta 18 exoplanetas «perdidos» en los antiguos datos de Kepler.

Una técnica novedosa

Cuando se buscan exoplanetas, generalmente los astrónomos se fijan en pequeñas variaciones en el brillo de las estrellas que se repiten periódicamente. Esas ligeras atenuaciones, a menudo inferiores al 1% del total del brillo estelar, pueden ser causadas por planetas que «pasan por delante» de sus estrellas (es decir, las transitan) cuando se observan desde la Tierra. Heller y sus colaboradores han perfeccionado la técnica de análisis de esos sutiles cambios de brillo hasta el punto de permitirles encontrar en los datos planetas que habían pasado inadvertidos al escrutinio convencional de los astrónomos. «Nuestra mejora -explica Heller- es particularmente importante en la búsqueda de planetas pequeños, del tamaño de la Tierra. La señal planetaria (en esos casos) es tan débil que está casi completamente oculta en el ruido de los datos. Nuestra nueva máscara de búsqueda es algo mejor a la hora de separar una verdadera señal exoplanetaria del ruido en los casos más críticos».

El nuevo algoritmo de búsqueda resultó crucial para el descubrimiento de KOI-456.04. «Nuestro análisis -prosigue Heller- sugiere que Kepler 160 no está orbitado por dos, sino por cuatro planetas«. Uno de los dos nuevos mundos es Kepler 160d, el responsable de la órbita distorsionada de Kepler 160c. Y el otro sería KOI-456.04, que se ha convertido formalmente en candidato a planeta, paso obligado para que todos los mundos descubiertos puedan pasar a la categoría de «confirmados» tras nuevas observaciones.

Según los investigadores, KOI-456.04 tiene un radio de 1,9 radios terrestres y un periodo orbital de 378 días, apenas 13 más que la Tierra. Dada la similitud de su estrella anfitriona con el Sol y el periodo orbital del planeta, casi idéntico al nuestro, los astrónomos creen que tanto la luz como el calor que KOI-456.04 recibe de Kepler 160 son prácticamente los mismos que la Tierra recibe del Sol. La luz que emite Kepler 160, en efecto, es luz visible muy parecida a la luz solar, y KOI-456.04 se encuentra en la zona habitable de su estrella, el rango de distancia alrededor de una estrella que permite la existencia de agua superficial líquida. En todos esos sentidos, pues, KOI-456.04 puede considerarse como un «gemelo» de la Tierra.

«KOI-456.01 es relativamente grande en comparación con muchos otros planetas que se consideran potencialmente habitables -explica Heller-. Pero es la combinación de ese tamaño de menos del doble de la Tierra y su estrella anfitriona similar al Sol lo que lo hace tan especial y familiar».

Un efecto invernadero similar al nuestro

Como consecuencia de lo anterior, las condiciones de la superficie en KOI-456.04 podrían ser, si se confirma por fin su existencia, muy similares a las de la Tierra. La cantidad de luz que recibe de su estrella anfitriona es aproximadamente el 93 por ciento de la luz solar recibida en la Tierra. Si KOI-456.04 tuviera, además, una atmósfera mayormente inerte con un leve efecto invernadero similar al de nuestro propio planeta, entonces su temperatura superficial sería de 5 grados Celsius en promedio, unos diez grados más baja que la temperatura global promedio de la Tierra.

Sin embargo, actualmente no se puede descartar por completo que KOI-456.04 sea, en realidad, una simple casualidad estadística o un error de medición en lugar de un planeta genuino. Hasta que se lleve a cabo la comprobación definitiva, el equipo estima que las posibilidades de que se trate efectivamente de un planeta son de alrededor del 85%. Pero obtener el estatus formal de planeta requiere del 99%.

Algo que deberá hacerse con nuevas observaciones específicas tanto desde futuros telescopios terrestres como espaciales. Entre ellos, la misión espacial PLATO, de la Agencia Espacial Europea, cuyo lanzamiento está programado para 2026 y cuyo objetivo es, precisamente, el de descubrir planetas del tamaño de la Tierra alrededor de estrellas similares al Sol, cuenta con una instrumentación lo suficientemente sensible como para conseguirlo. Por desgracia, la precisión requerida para esa comprobación está en el límite de la capacidad de los instrumentos actualemnte en servicio.

Fuente ABC

Dia del Asteroide 2020

El viernes 19 de junio a través de las redes sociales, por cuarto año consecutivo, El Firmamento y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza organizan el Día Internacional del Asteroide (Asteroid Day), invitando tanto a grandes y chicos (sin importar la edad), a participar de la actividad.

Las personas presentes podrán realizar las preguntas e inquietudes al Divulgador Científico Walter García, quien las responderá en VIVO.

Se explicará a los presentes que es un Asteroides, clasificación. Conoceremos con más profundidad estos cuerpos celestes como ser sus dimensiones, composición y donde encontrarlos, además de su concientización y las consecuencias de impactos sobre nuestro planeta.

Duración aprox. 1 hora.
Horario: 20:30hs.
Lugar: Facebook

Acceso libre y gratuito a través de la Red Social Facebook.

El link de acceso estará disponible minutos antes de la actividad

El Día del Asteroide es una campaña mundial de concientización donde personas de todo el mundo se reúnen para conocer los peligros que plantean los asteroides y lo que podemos hacer para proteger a nuestras familias, comunidades y generaciones futuras. Las Naciones Unidas declararon el 30 de junio como el Día del Asteroide. La fecha del día del asteroide conmemora el aniversario del impacto del asteroide de Tunguska sobre Siberia, Rusia, el 30 de junio de 1908. En todo el mundo, los acontecimientos organizados regionalmente se llevan a cabo el día del asteroide. Estos eventos van desde conciertos en vivo y eventos comunitarios, hasta conferencias y otros programas educativos, para sensibilizar al público sobre la necesidad de una mayor detección y mapeo de asteroides.

Los esperamos,

El Firmamento

El Sistema Solar pudo formarse por el impacto de dos Galaxias

La formación del Sol, del Sistema Solar y la posterior aparición de vida en la Tierra pudo haber sido una de las consecuencias del impacto de nuestra galaxia, la Vía Láctea, con otra más pequeña, Sagitario, descubierta en 1990 y que en la actualidad forma parte del grupo de galaxias enanas que orbitan alrededor de la nuestra.

Los astrónomos ya sabían que Sagitario había impactado en varias ocasiones contra el disco de estrellas de la Vía Láctea, y en estudios anteriores ya se sugirió que eso había tenido un profundo efecto en el modo en que las estrellas se mueven dentro de nuestra galaxia. Algunos incluso llegaron a afirmar que la forma espiral de la Vía Láctea, 10.000 veces más masiva que Sagitario, se debe en buena parte a los tres impactos que se sabe que sucedieron durante los últimos 6.000 millones de años.

Ahora, un nuevo estudio basado en los datos de la misión europea Gaia, cuyo objetivo es hacer un mapa tridimensional de la Vía Láctea con los movimientos y posiciones detalladas de mil millones de estrellas, ha revelado por primera vez que la influencia de Sagitario podría haber sido de vital importancia, también, para nuestra propia existencia.

«Sabemos por los modelos existentes que Sagitario chocó con la Vía Láctea tres veces -explica Tomás Ruiz-Lara, del Instituto de Astrofísica de Canarias y primer firmante del estudio-. La primera hace unos 6.000 millones de años, la siguiente hace unos 2.000 millones de años y la última hace unos 1.000 millones de años. Y cuando nos fijamos en los datos de Gaia sobre la Vía Láctea encontramos que los tres periodos de mayor formación estelar alcanzaron su punto máximo hace 5.700 millones de años, 1.900 millones de años y 1.000 millones de años atrás, lo que coincide con los momentos en que se cree que Sagitario pasó a través del disco de la Vía Láctea».

Una galaxia tranquila, hasta que llega Sagitario

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores se fijaron en las estrellas contenidas en una esfera de espacio de 6.500 años luz de radio alrededor del Sol, y compararon después la luminosidad, las distancias y los colores de esas estrellas con los datos de los modelos de evolución estelar existentes. Según Ruiz-Lara «tiene todo el sentido» pensar que los repetidos encuentros con Sagitario tuvieran el efecto de impulsar la formación de oleadas de nuevas estrellas en nuestra Vía Láctea.

«Al principio -explica el investigador- tenemos una galaxia, la Vía Láctea, que está relativamente tranquila. Tras una época violenta inicial de formación estelar, en parte desencadenada por una fusión anterior que describimos en un otro estudio, la Vía Láctea había alcanzado un estado de equilibrio en el que las estrellas se formaban de manera constante. De repente, tienes a Sagitario cayendo y perturbando ese equilibrio, haciendo que todo el gas y el polvo previamente inmóviles dentro de la galaxia más grande se agiten como las ondas en el agua».

En algunas áreas de la Vía Láctea, esas ondas llevaron a una mayor concentración de polvo y gas, mientras que otras se quedaban relativamente vacías. Entonces, la alta densidad de materiales en esas áreas impulsó el nacimiento de nuevas estrellas.

¿El origen de muchas de las estrellas que vemos?

«Parece que Sagitario no solo modeló la forma de la Vía Láctea e influyó en el modo en que las estrellas se mueven en su interior -afirma por su parte Carme Gallart, que también firma la investigación- sino que también ayudó a la construcción de nuestra galaxia. Parece que una parte importante de la masa estelar de la Vía Láctea se formó debido a las interacciones con Sagitario. De otra forma esas estrellas no existirían».

En efecto, parece muy posible que incluso el Sol y sus planetas no habrían llegado a exisitir si Sagitario, atrapada por la gravedad de nuestra galaxia, no hubiera chocado con ella, atravesando su disco.

«El Sol -prosigue Gallart- nació al mismo tiempo que otras estrellas también se formaban en la galaxia a causa del primer encontronazo con Sagitario. No sabemos si la particular nube de polvo y gas que acabó conviertiéndose en el Sol colapsó o no a causa de los efectos provocados por Sagitario. Pero es un escenario posible porque la edad del Sol es consistente con la de una estrella formada como resultado del efecto de Sagitario».

Cada nueva colisión despojó a Sagitario de algunos de sus gases y polvo, dejando la galaxia más pequeña después de cada paso. Y lo que es más, los datos existentes sugieren que Sagitario podría haber pasado de nuevo a través del disco de la Vía Láctea en los últimos cientos de millones de años, ya que actualmente está muy cerca de él. El nuevo estudio encontró indicios de un reciente estallido de formación estelar, lo que sugiere una posible nueva ola de nacimiento de estrellas en curso.

Según Timo Prusti, investigador principal del proyecto Gaia, de la Agencia Espacial Europea, tales detalles sobre la historia de la Vía Láctea no serían posibles sin Gaia, lanzado a finales de 2013, cuyas dos tandas de datos, publicadas en 2016 y 2018, han revolucionado el estudio de nuestra galaxia.

«Antes se habían determinado algunos aspectos de la historia de la formación estelar en la Vía Láctea -explica Prusti- basándose en datos de la misión Hipparcos a principios de la década de 1990. Pero esas observaciones se centraron en la vecindad inmediata del Sol. No fue algo realmente representativo y, por lo tanto, no pudo descubrir esas explosiones de formación estelar que vemos ahora. Esta es realmente la primera vez que podemos ver una historia detallada de formación estelar de la Vía Láctea. Es un testimonio del poder científico de Gaia, que hemos visto manifestarse una y otra vez en innumerables estudios innovadores en un período de solo un par de años».

Fuente ABC

3er. Simposio de Astronomia y Astroturismo

Los días 19 y 20 de junio desde las 17.30 hs. se realizará en VIVO, a través de las redes sociales (facebook, youtube, linkedin, entre otros) el tercer ciclo del Simposio de Astronomía y Astroturismo Argentino. Abierto a todo público. Los presentes podrán formular sus preguntas e inquietudes para ser contestadas por los disertantes.

El mismo comprende una temática específica a la observación, estudio, investigación de cuerpos celestes y cómo los astrónomos aficionados pueden contribuir a la ciencia, contando con la presencia de importantes expositores líderes en la materia, abocados a las diferentes ramas de la astronomía.

Duración

El Simposio tendrá una duración de dos días iniciando a las 17.30 hs hasta las 20hs. dependiendo del expositor y sus actividades. Cada uno de los expositores tendrá un máximo de 45 minutos, seguido de preguntas y respuestas formuladas por los presentes.

Temario

Primera Jornada: Estrellas Variables AAVSO – Observación Lunar ALPO.

  • 17:30 Inicio de transmisión, bienvenida, apertura y presentación del Evento. 
  • 17:45 Analizando y Catalogando Estrellas Variables en el Siglo XXI – Desafíos y proyectos – Sebastián Otero, AAVSO.
  • 18:45 Observación Lunar ALPO, a cargo de Walter Elías.

Segunda Jornada:  Cometa C/2020 F8 SWAN – Astrometría MPC.

  • 17:30 Apertura de la Jornada, resumen día 1 y presentación de disertantes.
  • 18:00 Cometa C/2020 F8 SWAN – Victor Buso.
  • 19:00 Astrometría – a cargo de Andres Chapman.
  • Cierre de la 2da Edicion del Simposio

Organiza El Firmamento – Cielo Guaraní (Misiones) – Fundación Astrónomos Aficionados (Río Negro).

Descargue aquí el PDF con más información sobre los expositores.

A la brevedad, estaremos habilitando los Links de Accesos a la Transmisión (Redes Sociales)

¿Existe un Universo Paralelo?

En un informe del Daily Star , un experimento de detección de rayos cósmicos realizado por varios científicos de la NASA encontró partículas que podrían provenir de fuera de nuestro propio universo.

El grupo de expertos estaba trabajando con la Antena Transitoria Impulsiva Antártica de la NASA (ANITA). Utilizaron un globo gigante para transportar el dispositivo por encima de la Antártida a una altitud de 37 kilómetros, donde hay aire frío y seco, lo que proporciona la excelente condición para usarlo, ya que hay poco o ningún ruido de radio que pueda distorsionar sus hallazgos y así detectar rayos cósmicos.

ANITA  es un instrumento que detecta neutrinos de rayos cósmicos de energía ultraalta.

La 'llave helada' a los misterios del universo: por qué los ...
imagen del instrumento ANITA en la Antártida.

Estos rayos cósmicos contienen neutrinos, partículas infinitamente pequeñas que viajan casi a la velocidad de la luz. Cuando un neutrino de alta energía se choca en el hielo antártico, genera ondas de radio. ANITA detecta estas señales que emanan de la superficie y rastrea su origen en el universo.

Estas partículas de alta energía son un millón de veces más poderosas que cualquier cosa que podamos crear aquí en la Tierra, y estos neutrinos se han convertido en un gran interés para los astrofísicos, ya que son los únicos que pueden llegar a la Tierra sin atenuarse.

Un globo de helio eleva el instrumento a 37.000 metros de altura. Foto: NASA.
Se observa el globo en el aire y ANITA sobre una grúa. Foto: NASA.

En 2016, examinaron los datos tomados cuando el globo estaba en el aire. Había una señal que parecía ser la huella de un neutrino de alta energía. Pero no era lo que estaban buscando. De hecho, parecía algo imposible. Esta partícula, en lugar de venir del espacio (desde arriba), salía del suelo, como si hubiera atravesado la Tierra desde el otro lado.

Los neutrinos normales de baja energía pueden hacer tal ‘maniobra’ debido a que atraviesan la materia con facilidad. Pero los neutrinos de alta energía no pueden atravesar algo tan sólido como el interior de nuestro planeta, señala la revista especializada New Scientist.

Desde ese momento, los científicos se avocaron a la búsqueda de una explicación. Cuando se les acababan las ideas, en 2018, el instrumento de la NASA detectó otra partícula que salía disparada de la superficie.

Representación de un neutrino. Imagen: Difusión.
Representación de un neutrino. Imagen: Difusión.

En un intento por explicar el extraño suceso, Peter Gorham, físico experimental de partículas en la Universidad de Hawai e investigador principal de ANITA, sugiere que la partícula cambió a un tipo diferente antes de pasar a través de la Tierra y luego de regreso, que es la única forma en que podría suceder, pero «no todos estaban cómodos con la hipótesis».

Es extremadamente raro  que solo ocurra una vez, pero el equipo ha sido testigo de este fenómeno varias veces.

Partículas desconocidas

Ante el desconcierto de los investigadores y su falta de respuestas, el físico Luis Anchordoqui, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (Estados Unidos), y sus colegas encontraron que las señales coincidían con unas partículas consideradas hasta ese momento solo teóricas: los neutrinos diestros.

Llamados así por el sentido en que giran (los neutrinos conocidos giran a la izquierda), los neutrinos diestros se pueden descomponer para atravesar la materia.

La existencia de estas partículas solo es posible si, desde los primeros momentos del universo, ha regido la simetría CTP, aquel principio que dice que las leyes físicas siguen siendo las mismas bajo ciertas transformaciones.

La materia y la antimateria no pueden coexistir, se destruyen. Imagen: Difusión.
La materia y la antimateria no pueden coexistir, se destruyen. Imagen: Difusión.

Una consecuencia de esta simetría es que nuestro cosmos habría contenido cantidades iguales de materia y antimateria, las cuales tendrían que haberse aniquilado entre sí rápidamente. Por tanto, nada de lo que conocemos —tampoco nosotros— existiría.

Entonces, ¿cómo sobrevivió el universo?

El universo paralelo

Neil Turok, científico del Instituto Perimetral de Física Teórica en Waterloo (Canadá), descubrió que, para conservar la simetría CTP, el Big Bang (la gran explosión que originó todo) habría tenido que crear dos universos paralelos. De este modo, la mayor parte de la materia habría sido canalizada en uno, el nuestro, y la mayor parte de la antimateria habría terminado en el otro.

En el otro universo, todo estaría a la inversa, y cualquiera de sus planetas o estrellas estarían hechos de antimateria en lugar de materia. Aún más sorprendente, este antiuniverso se estaría contrayendo en el tiempo, dirigiéndose al origen, en lugar de expandirse como nuestro universo.

Aunque esta sería nuestra impresión. De acuerdo al principio de simetría CTP, para los habitantes del antiuniverso, nosotros estamos a la inversa, regresando hacia el Big Bang y llenos de antimateria. No podemos saber en qué universo estamos realmente, solo que el otro está ‘al revés’.

Turok sabe que gran parte de la comunidad científica se rehusará a aceptar esto, pero es consciente de que ha encontrado una solución, respaldada por los resultados, al misterio de la partícula detectada en la Antártida. Por eso, confía en que su equipo logrará comprobar por completo su teoría.

“Si podemos, ya no habrá competencia: nuestra teoría será infinitamente mejor que cualquier otra cosa”, aseguró a New Scientist.

Sin embargo, todavía existe la posibilidad de que los resultados provengan de un extraño error que cometió ANITA, pero si no es así, finalmente puede probar la existencia de universos paralelos.

«Nos quedan las posibilidades más emocionantes o aburridas», dijo Ibrahim Safa, quien también trabaja en el experimento.

¿La NASA confirma existencia del universo paralelo?

Hasta el momento, la NASA no se ha pronunciado oficialmente sobre esta posibilidad, ya que no se han publicado estudios concluyentes al respecto. Sin embargo, los científicos del proyecto ANITA continúan revisando los nuevos datos obtenidos para despejar sus dudas sobre estas partículas.

Detectan que la Luna emite carbono

La Luna no deja de darnos sorpresas. Y la última nos ha llegado de la mano de una misión japonesa, la Selenological and Emgineering Explorer, de la agencia aeroespacial nipona JAXA. En contra de todo lo esperado, nuestro satélite está emitiendo iones de carbono. Y lo hace prácticamente desde toda su superficie. Lo cual pone en entredicho la idea de que la Luna carece de elementos volátiles y hace peligrar, por lo tanto, la hoy bien aceptada teoría de que se formó como consecuencia de un impacto de escala planetaria.

En un estudio recién publicado en Science Advances, los investigadores sostienen, además, que el carbono lleva ahí desde el principio, hace unos 4.500 millones de años. Se cree que la Luna se formó después de que un cuerpo del tamaño de Marte chocara con la Tierra. Los escombros de esa brutal colisión habrían sido lanzados de nuevo al espacio, donde la gravedad hizo el resto. Sin embargo, las altísimas temperaturas generadas por el impacto habrían volatilizado en un instante todos los elementos ligeros, como el carbono. De modo que, a la luz de este descubrimiento la teoría, o por lo menos algunos de sus aspectos, tendrá que ser revisada.

Ni en el programa Apolo

Para llegar a esta conclusión, la nave japonesa, más conocida como Kaguya, estuvo recopilando datos alrededor de la Luna durante más de un año y medio. Uno de sus instrumentos era un espectrómetro de masas de iones capaz de detectar todos los iones lunares, incluido el carbono, un elemento que no había aparecido ni siquiera en los datos del programa Apolo, lo que llevó a creer que la Luna carecía de ellos.

Pero los análisis no dejan lugar a dudas. Y al llevarlos a cabo, los investigadores hallaron trazas de carbono y de agua en una serie de cristales volcánicos. Ahora bien, ¿de donde viene todo ese carbono?

«Las emisiones se distribuyen prácticamente por toda la superficie de la Luna, pero sus cantidades difieren de una región a otra», escriben los autores en su estudio. «Nuestras estimaciones demuestran que el carbono autóctono existe por todas partes, lo que respalda la hipótesis de una Luna con carbono, donde ese elemento se incrustó durante su formación y / o fue transportado allí hace miles de millones de años».

En la misma Luna

La concentración de carbono hallada por los científicos no puede explicarse con las dos principales aportaciones externas conocidas: el viento solar y los micro meteoritos. Juntas, ambas fuentes de carbono exterior proporcionan una cantidad muy inferior a la detectada. Además, las concentraciones varían, de forma que las llanuras volcánicas basálticas y de reciente formación emiten más iones de carbono que las colinas, más antiguas. Y eso sugiere que ese carbono no vino de fuera, sino que estaba en la propia Luna desde el principio.

Lo cual nos lleva de nuevo al impacto. De haberse producido, el calor, entre 3.500 y 5.500 grados, habría eliminado todo el carbono, junto con los demás volátiles, de un solo golpe. Pero está claro que eso no pasó.

¿Qué sucedió entonces? Como mínimo, la temperatura generada por el impacto debió ser muy inferior a la que se creía. O quizá toda la idea del impacto tendrá que ser replanteada.

Fuente ABC